Anotaciones al margen

El presidente guay

Resulta difícil imaginarse un viaje a EE UU de otros dirigentes de la UE equivalente al de Sánchez

Aveces, sería más cómodo ser extranjero y poder soltar un «Mí no comprender» ante ciertas actuaciones políticas, porque siendo foráneo no te producirían ni rubor, ni complejo o algún tipo de enfado. Lo que ocurriría, más bien, sería perplejidad, sorpresa o, incluso, hilaridad. El viaje actual de Pedro Sánchez a los EE. UU. es una de esas ocasiones en las que apetecería encontrarse en ese estatus para poder utilizar esa frase; pero como no puede ser, habrá que aguantarse. Desde instancias gubernamentales han dado como motivo de la visita del presidente a aquel país el conseguir atraer inversores del sector privado. En principio, habría que decir que muy bien, pues siempre es una buena noticia que fluya dinero para estas tierras; aunque habría que tener en cuenta en qué condiciones llegaría y que pasaría con posterioridad. No obstante, más allá de la importancia que pueda tener esta observación, hay otro asunto que reviste preocupación del viaje y es la consideración que están teniendo con alguien que es el máximo mandatario del Ejecutivo español. Más concretamente, me refiero, por un lado, al ninguneo al que está siendo sometido por las autoridades de allí y, por otro, a la poca relevancia que se le está dando a su presencia en medios y empresas; aspectos, que transcienden lo meramente personal de Sánchez porque, se quiera o no, afecta a la imagen de España. El presidente guay -como lo han denominado- no ha sido recibido ni por Biden ni por el alcalde de Nueva York. Además, en la entrevista con la cadena MSNBC, aparte de acorralarlo con algunas preguntas, le han sacado de manera no inocente una foto de su paseíllo de 29 segundos al lado del presidente norteamericano. Si hacemos un ejercicio de imaginación, la verdad es que resulta muy difícil visualizar a otros dirigentes de la UE, como a la canciller alemana Merkel o a los primeros ministros de Francia -Macron- y de los Países Bajos -Rutte, o al jefe de Gobierno de Italia -Draghi-, haciendo un viaje equivalente. Seguro que el trato sería muy diferente y que la visita tendría mucho más alcance y reconocimiento, tanto desde la Casa Blanca como desde ayuntamientos, Estados o empresas. Lo que hay detrás de todo esto es la desconfianza, falta de credibilidad y sensación de inseguridad que despierta Pedro Sánchez, y no solo por los socios sobre los que sustenta su permanencia en el poder, sino por su propio estilo político populista e ineficiente, lo que ha socavado nuestra posición en la UE y el mundo.

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