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La vecina de enfrente habla como cada día con sus familiares cercanos. En el bloque de enfrente saludan desde la ventana. María sube la persiana, mientras el pequeño José se asoma por la rendijas del salón. Son la nueve. Suena la persiana del súper. Aún es temprano para esta nueva rutina que nos ha tocado vivir, aún no se ve pasar a nadie por la calle. La luz de la farmacia parpadea... El tráfico casi no existe y ni las bocinas ni las conversaciones ni los portazos ni los avisos o las llamadas al porterillo de abajo interrumpen la calma estos días. Los decibelios se elevan solamente con los aplausos. Da igual que sea domingo, que sea lunes o festivo. No faltan.

Miles de onubenses, como del resto del país, se asoman cada tarde a sus ventanas para agradecer con este gesto la labor de los sanitarios que luchan contra el coronavirus. Se ha convertido en nuestra nueva rutina. "Que no paren, porque cada día los sentimos. ¡Claro que sí", me decía una enfermera. "Nos hacen sentir aún más cerca", me explicaba hace tan solo unas horas, cuando me relataba cómo está siendo su trabajo y el de todos sus compañeros del hospital.

A veces no somos conscientes de su valor. Hoy, más que nunca con ese aplauso, cada uno siente que hace algo más que quedarse en casa (que no es poco) para cambiar cuanto antes esta situación. Ayudan a sentirse parte de un movimiento, en cierta medida, protagonistas de una acción conjunta. Y en el otro lado, "claro que se escuchan, aunque toquen en mitad de una atención a un paciente o incluso en una jornada de descanso".

"¡Que no paren, que no paren!", porque ayudan a minimizar la presión de trabajar sin medios, con agotamiento físico y (sobre todo) mental. Y con miedo. Porque ellos también son humanos, tienen familia y se sienten vulnerables como cada uno de nosotros. Por eso, además de aplausos necesitan algo tan básico como sentirse protegidos, con mascarillas, batas, material... Son superhéroes y como tales necesitan su traje... Puedo entender que el bicho nos ha pillado desprevenidos, pero lo que no alcanzo a descifrar es que quienes nos dirigen no hayan sabido mirar la que se nos venía encima cuando teníamos enfrente el ejemplo de China o Italia. ¡Nos había dado tiempo hasta a coger apuntes...! Y por si fuera poco, cuando se ha empezado a gestionar la situación, hemos dado la imagen de un país tercermundista más que de uno desarrollado y, por eso, ante las carencias de quienes nos gobiernan sobresale la solidaridad.

Son las ocho y todos van asomándose a los balcones y ventanas. Saludo enfrente, me sonríen desde abajo; un gesto unísono nos avisa de que ya es el momento de iniciar ese aplauso. ¡Va por vosotros! y también por ti, Raquel. Ya queda un día menos.

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