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Vivimos en una sociedad hipócrita. Sí, se nos llena la boca al hablar de igualdad, de la necesidad de cuotas (siempre defenderé que la mujer debe acceder a los puestos de responsabilidad por su valía y no por cuotas, que entiendo que son además de hipócritas, injustas tanto para mujeres como para hombres. ). Las leyes avanzan hacia la igualdad (menos mal), cada vez se lanzan más campañas sobre ello, pero sin embargo, muchos hombres y mujeres se rigen todavía por los estereotipos tradicionales de género. De forma alarmante, los jóvenes van creciendo con la idea de que mirar el móvil de la pareja es algo normal, que no tiene nada de extraño que no le deje salir a la novia con sus amigas si él no le acompaña…

Eso nos sorprende, incluso se convierte en tema de discusión y debate durante unos días, pero realmente poco se hace por atajarlo… Y eso mismo pasa en otros ámbitos de la vida.

Hace poco se celebraba el día de los cuidadores y pensando en ello, me daba cuenta una vez más de que vivimos en una sociedad cada vez más machista, donde a la población femenina se le inculca más la responsabilidad de cuidar de nuestros seres queridos.

La igualdad está de moda. Todos la defienden, la abanderan porque lo contrario está mal visto, pero (desgraciadamente en muchos casos), ya está.

Actualmente más del 80% de los cuidadores no remunerados de personas dependientes son mujeres. Ellas son las que optan frecuentemente por abandonar su puesto de trabajo para volcarse en el cuidado de un familiar enfermo. Muchas veces no hay remedio, pero no lo hay porque seguimos siendo hipócritas, y no me cansaré de decirlo.

Verán, los dependientes, además de la atención básica (alimentación, higiene, medicación, etc.), necesitan afecto y apoyo emocional, que es la parte que debe dar la familia. El resto debe ser asumido por profesionales, ya sea en el entorno familiar o en instituciones especializadas. Las administraciones no pueden esconder la cabeza, deben hacer frente a esta situación para que no se vean privados de esos cuidados todos cuantos los necesitan.

La mujer ha demostrado que puede y, lo más importante, quiere poder acceder a todas las profesiones, que desea desarrollar todas sus capacidades, y no sólo asumir los papeles que la sociedad patriarcal les ha asignado a lo largo de la historia.

Cada vez creo más que el rol de cuidadora es como un antifaz que oculta el déficit institucional para atender a las personas dependientes. Porque mientras sigan recayendo sobre las mujeres esas tareas, las administraciones obvian su obligación de prestar servicio a quien lo necesita.

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