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Algo tiene que tener cuando la única concejalía nueva que se ha puesto en marcha en este nuevo mandato de Gabriel Cruz es la del comercio. Un simple paseo por las calles de cualquier ciudad lo explica. El saludo a las puertas de la panadería, antes de entrar en la ferretería, o ese "ya que estamos aquí, ¿vamos a tomar algo?", que repetimos de forma casi inconscientemente cuando hacemos nuestros recados , dice mucho de lo que es el comercio en la metrópoli.

Nadie duda de su valor como elemento dinamizador o generador de empleo; de hecho, en nuestra provincia son 80.000 familias las que dependen de su actividad. Pero es que además es un sustento para conservar la vida social en la calle, donde alrededor de sus negocios se puede gestar la zona de influencia de la ciudad, con sus gentes, sus vecinos, sus visitantes, los encuentros entre amigos y las charlas matutinas.

Los cambios de formato, las dificultades de consumo, los nuevos hábitos de vida y la apertura de grandes superficies se han dejado sentir en sus negocios y de ahí que desde la administración se busquen medidas que ayuden a su desarrollo y cambien la imagen de hileras de locales con los cierres echados. Pero han de ser concretas, reales y claras porque si no, podemos caer en el error de poner un parche sobre el mismo agujero. El Ayuntamiento ha decidido elaborar un plan estratégico y es ese documento el que debe permitir conocer en qué aspectos hay que dirigir los esfuerzos para revitalizar el comercio, potenciar sus fortalezas, crear sinergias con otros sectores (turismo, ocio, deporte, etc.) e incluso conocer cuáles son las debilidades y cómo actuar ante ellas.

Ciudadanos anunciaba hace unas semanas un plan para "resucitar" el centro de la ciudad y que vuelva a ser un motor de desarrollo. Y el PP también ha puesto el foco en el sector y hacía lo propio al solicitar un registro de locales vacíos e incluso favorecer un trato especial y diferenciado a los locales comerciales que implanten medidas que beneficien la actividad económica.

Todo suma, pero también es cierto que el comercio tradicional, a pesar de ese nombre, debe ir adaptándose a los nuevos tiempos, potenciar sus diferencias respecto a otros formatos comerciales, como la cercanía, el trato personalizado, confianza, asesoramiento, pero es imprescindible que se ajusten a las necesidades de los clientes del siglo XXI, con nuevas tecnologías, horarios y mejoras en los procesos de gestión, sin dejar atrás los idiomas.

Les dejo, que con su permiso voy a hacer un recado; por cierto, ¿abren hoy?

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