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Mi perro no puede caminar

Puede que alguna vez nos ocurra que nuestra mascota, pese a estar completamente normal hasta ese momento, empiece a caminar con dificultad y luego no pueda levantarse ni mover sus extremidades posteriores. Es una tema muy delicado por su gravedad y es necesario que hablemos aquí de ello.

¡¡IMPORTANTE!! Si os encontráis con esta situación, siempre será una urgencia y no podéis esperar “a ver si se le pasa” porque no se va a solucionar si no es con la ayuda de un veterinario.

Debemos fijarnos bien en casa para poder aportar luego en consulta la mayor información posible. Observemos si el proceso de dejar de caminar ha sucedido progresivamente (que le costara levantarse o subir a la cama o escaleras, movimiento excesivo de caderas, reticencia a jugar o pasear) o si ha sido algo repentino (mi perro estaba paseando y al subir a casa dejó de caminar y ya no podía levantarse).

Normalmente, cuando sucede esto, estamos ante un problema de hernia en la columna vertebral.

Los perros de raza teckel, bulldog, pequinés… sufren la gran mayoría de hernias de disco, y el inicio de los signos clínicos aparecen entre los tres y seis años de edad. Las hernias pueden localizarse a lo largo de toda la columna: cervical, torácica o lumbar. Según dónde esté localizada, la lesión afectará a las extremidades delanteras, traseras o a ambas.

Las hernias de aparición más frecuentes son las toracolumbares (65% de los casos) y es con las que veremos que nuestra mascota no puede mover las extremidades traseras.

La rapidez de actuación va a ser clave para que nuestra mascota se pueda recuperar

Siempre debemos intentar mantener la calma en todo momento, ya que nuestro compañero tenderá a ponerse nervioso al ver que no es capaz de ponerse en pie e intentará moverse. Debemos tranquilizarlo e intentar que no realice movimientos bruscos. Lo más importante en estos casos es una actuación rápida.

En el veterinario se realizará una exploración completa para valorar el grado de afección del problema. Se valorará la capacidad motora, es decir, ver si el animal es capaz de dar unos pasos, aunque sea con dificultad y ayuda, o si no es capaz de dar ni un pequeño paso. Los casos más graves son aquellos en los que hay pérdida completa de la función motora.

Debemos valorar también si nuestro animal presenta incontinencia urinaria y fecal, es decir si es capaz de orinar y defecar voluntariamente o lo hace por rebosamiento. En el caso de que exista incontinencia, también indicará mayor gravedad en el proceso.

Es importante valorar si existe sensación de dolor, tanto superficial como profunda. En los casos en los que hay pérdida de sensibilidad superficial y profunda, el pronóstico es muy negativo.

A continuación es necesario realizar pruebas diagnósticas: es necesario realizar analíticas sanguíneas completas y un buen estudio radiológico.

En muchas ocasiones es posible observar las lesiones en las radiografías, como presencia de material calcificado en el canal vertebral o estrechamiento del espacio intervertebral, o no ver imágenes claras que indiquen signos de hernia discal, pero esto no descarta el diagnóstico.

En el caso de que no se observe nada a nivel radiológico, pero la sintomatología nos indique que existe probablemente una hernia a nivel vertebral, siempre será recomendable realizar TAC o resonancia magnética.

De hecho, siempre que estemos ante un problema de este tipo será necesaria la realización de este tipo de pruebas para tener una localización clara de la lesión y se nos indicará también si la resolución debe ser quirúrgica o no.

Urgente paso por el quirófano

Un vez obtenidos todos los resultados de las pruebas, si nuestra mascota necesita cirugía, ésta debe realizarse lo más rápido posible, ya que en ocasiones solo disponemos de un margen muy corto de tiempo para poder actuar. Las hernias discales se comportan como bombas de relojería, ya que pueden hacer que en cualquier momento el animal pierda la sensación dolorosa y las posibilidades de recuperación disminuirán muchísimo.

Si se actúa rápidamente, en las primeras 24-48 horas desde el inicio del problema, la cirugía ofrece hasta un 98% de recuperación. En el caso de perros que hayan perdido la sensibilidad profunda, la posibilidad de recuperación se reduce a un 50% y esto si la cirugía se realiza en las primeras 24 horas desde la pérdida de la sensibilidad. Por ello insistimos en la necesidad de realizar todo esto de manera rápida y eficaz, ya que será la diferencia entre que nuestro compañero peludo vuelva a caminar o no.

En ocasiones puede suceder que, normalmente por motivos económicos, no se puede hacer frente a este tipo de pruebas. En estos casos, puede intentarse un tratamiento conservador, con reposo estricto en jaula durante 4-6 semanas y la administración de medicamentos analgésicos para disminuir el dolor. Si no se observa mejoría y la posibilidad de la cirugía se ha descartado, se recomendará el uso de un carrito de ruedas para incrementar la movilidad del animal.

Si la opción de la cirugía ha sido viable, será necesario después un periodo de reposo y rehabilitación que el veterinario indicará según el tipo de cirugía que se haya realizado.

A veces es necesario realizar algunos cambios en el estilo de vida de nuestro peludito, siendo muy importante mantener un peso adecuado y evitar los saltos bruscos desde la cama o sofá.

Si todo evoluciona favorablemente, en poco tiempo nuestra mascota podrá caminar y pasear sin dificultad.

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