Violencia machista en Bollullos Par del Condado Bollullos se debate entre la consternación y la incredulidad

  • Los bollulleros intentan volver a la normalidad porque “ese pan no se lo esperaba nadie”

Tejado desde donde se suicidó el agresor, cayendo al solar tras la tapia. Tejado desde donde se suicidó el agresor, cayendo al solar tras la tapia.

Tejado desde donde se suicidó el agresor, cayendo al solar tras la tapia. / Jordi Landero (Bollullos)

Ayer se cumplió justamente una semana desde que las calles de cientos de ciudades de España se tiñeran de morado para reclamar igualdad real entre hombres y mujeres con motivo de la celebración del 8-M.A pesar de ello, el trágico conteo de mujeres asesinadas por el terrorismo de género no se detiene y ya ascienden a catorce en lo que llevamos de año, a las que casi se suma ayer María J.Q., la mujer de 43 años que el miércoles fue víctima en Bollullos del Condado de un brutal apuñalamiento en el cuello por parte de su marido, quien acabó quitándose la vida tirándose de la azotea de la casa familiar.

Mientras tanto, la localidad del Condado amaneció ayer consternada. Pese a que sus vecinos intentaban retomar poco a poco la normalidad después del mazazo del día anterior, caminaban cabizbajos. O cuchicheaban en voz baja entre ellos mientras pasaban por delante del número 9 de la céntrica calle Delgado Hernández.

En su interior fue donde pocas horas antes un niño con apenas ocho años presenció una escena que lo marcará para toda la vida: la de su propio padre acuchillando repetidas veces a su madre, dejándola gravemente herida, y el posterior suicidio del primero tirándose desde el tejado hasta un solar tres casas más arriba.

Sin levantar del todo la cabeza, los vecinos que pasaban ante el domicilio, que permaneció toda la mañana custodiado por dos guardias civiles y otros tantos policías locales mientras en su interior trabajaba un equipo del Servicio de Criminalística de la Comandancia de Huelva.

No podían aguantar la curiosidad y sus miradas, por un instante, se desviaban hacia la puerta, como queriendo atisbar qué pasaba dentro de la casa en esos momentos.

También hacían todo lo posible la mayoría de los bollulleros por evitar a los numerosos periodistas que, apostados en los alrededores de la casa, intentaban obtener alguna información sobre el macabro suceso. O al menos eso parecía porque, una vez abordados, prácticamente todos se deshacían en elogios hacia el matrimonio, así como mostraban una y otra vez su rabia, consternación, impotencia e incredulidad ante lo sucedido.

Dos vecinas de Bollullos conversan ante el centro de belleza de la mujer agredida. Dos vecinas de Bollullos conversan ante el centro de belleza de la mujer agredida.

Dos vecinas de Bollullos conversan ante el centro de belleza de la mujer agredida. / Jordi Landero (Huelva)

Unos operarios municipales que, apenas a cincuenta metros de la casa donde sucedieron los hechos, reparaban el pavimento en la confluencia de las calles Delgado Hernández, San Ginés y Maestra Carmen González, justo al lado del solar donde José María Soto Espinosa se quitó la vida tras agredir a su mujer, aseguraron a Huelva Información que ese día terminaron de trabajar sobre las dos de la tarde, por lo que no vieron nada ya que los hechos tuvieron lugar pasadas las tres. Uno de ellos señaló que “ese pan no se lo esperaba nadie”, además de detallar que hace unos 10 años la madre de Soto también se suicidó tirándose a la calle desde la azotea de su casa. La misma casa. Y que, como su hijo, sufría fuertes depresiones.

Un hecho que lleva a una vecina de la misma calle, ya mayor, a concluir que lo sucedido “no ha sido violencia de género, porque él no estaba bien”.

La madre del agresor se suicidó tirándose a la calle desde la azotea de la misma casa

En la avenida de la Constitución, una de las arterias comerciales de Bollullos del Condado, y apenas a 200 metros del domicilio conyugal, permanecía ayer cerrado a cal y canto el centro de salud y belleza que regenta María Jiménez. “No queremos hablar más del tema. Estamos ya cansadas”, señalaron a preguntas de esta redacción dos vecinas que, justo en la puerta, hablaban entre ellas en voz baja mientras miraban de reojo hacia el interior del establecimiento.

Unos metros más abajo, Ana María Caro, propietaria de Ana Hidalgo Modas, no paraba de repetir que era una familia “muy conocida” y que ambos eran “muy buena gente”, por lo que “nadie aquí se imaginó que pudiera llegar a pasar algo así”. Ellos “pasaban por aquí todos los días y, aparentemente, no se llevaban mal”.

"pasaban por aquí todos los días y, aparentemente, no se llevaban mal”

Esta misma empresaria, de cuya tienda de ropa era clienta María Jiménez, con la que además compartía gimnasio, manifestó que “apenas llevaban unos meses viviendo en esa casa, que él heredó de su familia y que habían reformado recientemente, ya que antes residían en un apartamento”. “Nos hemos quedado helados”, insistía, al tiempo que relataba que “ella es muy callada, muy educada. De esas personas que no hablan por no molestar”.

Todas sus palabras las corroboró Juan José Carrellán, empleado de la misma tienda de ropa, quien añadió que “era un matrimonio bueno, al menos aparentemente”.

En una panadería cercana, la conversación entre las numerosas clientas era la misma. “Esto ha sido para todos como una bomba de relojería. Nadie lo esperaba”, señaló Mercedes Camacho, a la que interrumpió Angélica Pérez indicando que “todo el pueblo está impresionado, y lo peor es lo del pequeño, que lo vio todo”. “No me lo creía cuando me lo dijeron”, sentenció otra de las clientas mientras esperaba para comprar el pan, “pero las cosas pasan porque pasan y eso estaba para ellos”.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios