Madrid en primavera

27 de enero 2026 - 03:07

Madrid tendrá su propia feria de abril. ¿No es maravilloso? Así ha circulado el anuncio por internet estos días y, seré sincera, no he querido pararme a comprobarlo por miedo a que no fuera verdad porque es una idea maravillosa. Aplaudo la ocurrencia con todo mi entusiasmo —qué si no puede hacer un onubense de bien cuando nosotros hemos hecho lo mismo pero en otoño—, la aplaudo por sublime.

Madrid es grandiosa, vital, enérgica… y castiza. Me pregunto cómo se las ingeniarán para combinar el flamenco con el espíritu de la ciudad, porque entre todos los adjetivos que se me ocurren para la capital del reino no aparece ninguno que implique que tenga age o tronío.

Poderosa sin poderío, lo andaluz corre riesgo de convertirse en un disfraz para una borrachera de fin de semana; la identidad cultural de un pueblo reducida a un parque de atracciones. Los anglosajones, mucho más modernos que nosotros, llaman a esto “apropiación cultural”. Explicado para legos, hablamos de apropiación cultural cuando cogemos los rasgos identitarios de un pueblo. Y los utilizamos para nuestro entretenimiento.

Deberíamos estar ofendidos, mucho, los andaluces. Deberíamos lanzar comunicados exigiendo la retirada de ese aberrante proyecto que mercantiliza y degrada nuestra cultura, una vez más. Sin embargo, estamos con el cachondeo. Es más, estamos deseando que lo hagan y nosotros verlo. No hace falta ser un gurú del turismo para saber que sin un verdadero respaldo popular nacido de la tradición, esta iniciativa tiene visos de ser un esperpento digno de nuestras mejores comedias. La secuela de Amanece que no es poco se escribe sola en esta España de hoy.

Los sevillanos, por su parte, en redes sociales se muestran encantados: teniendo la suya propia, no tendrán que sufrir las hordas de madrileños invadiendo su feria, cada año más amenazada por la turistificación. Desde luego, no hay mal que por bien no venga. Porque podrán decir a gritos que es la capital de Europa, pero al llegar la primavera no hay albero en la Cibeles: un suelo de césped artificial lo sustituirá.

No me queda claro si el proyecto nace de una ausencia total de imaginación o de un exceso de delulu, pero lo puedo comprender. No es la feria lo que quieren, es otra cosa. Porque quién no querría para su ciudad una mijita de la identidad andaluza. Madrid tiene el chotis, tiene los chulapos y chulapas, y su pradera de san Isidro, pero apenas le quedan ya gatos que luzcan su cuerpo en la verbena. Lo que quiere importar no es una fiesta, es una esencia. Aún no ha comprendido que la identidad no se impone, se cultiva desde la cuna, barrio a barrio, escuela a escuela, caseta a caseta y trabajadera a trabajadera.

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