Víctor Rodríguez

El dato del agua

La otra orilla

02 de junio 2024 - 00:45

El agua que consumimos no se gasta en aquello que creemos que, por lógica, se haría. Agricultura, industria pesada, es razonable pensar que se llevan la mayor parte del reparto, esto, aunque sea así, no resuelve la duda de en qué otros ámbitos se emplean los recursos hídricos, cada vez más escasos. Y es que el avance de la inteligencia artificial y esa tendencia de dejar de tener nuestros archivos digitales en discos duros, sino “en la nube”, lo único que ha hecho es crear la necesidad de grandes centros de gestión de datos, servidores y espacios de almacenaje virtual. La mayoría de estas instalaciones consumen gran cantidad de energía (entre el uno y el dos por ciento de toda la electricidad mundial), lo que nos resulta obvio, lo que no se sabe tanto es que consumen igualmente, cantidades ingentes de agua, de agua limpia, pura casi, para poder refrigerar todos esos superordenadores.

Para hacernos una idea de cuánta agua estamos hablando, el hipercentro de datos que proyecta una de las mayores empresas del sector en Talavera de la Reina (Toledo) prevé un consumo de agua potable de más de seiscientos millones de litros anuales, para poder mantener la instalación a temperatura controlada. Ahora imaginemos lo que ocurre a escala planetaria, en este caso, sobre todo en Estados Unidos, Europa y sudeste asiático, donde se concentran los mayores centros de datos, en algunos casos, como en The Dalles (Oregón), el impacto es tan brutal, que está cambiando el clima local, en un pueblo de quince mil habitantes.

Como en otras muchas cosas, el hecho de que no lo veamos dificulta la toma de conciencia y creemos que todo lo que nos encontramos al entrar en internet es inocuo y no tiene consecuencias. Nos sentimos culpables al tirar dos veces de la cisterna en el baño de nuestra casa y no pensamos que el vídeo que nos salta en el navegador para concienciarnos del ahorro de agua, está gastando más líquido elemento que el mensaje que pretende trasmitir.

En esta especie de síndrome de Diógenes virtual que tenemos, de guardar enormes cantidades de fotos y vídeos sin más interés que el visionado en el acto y que luego no servirá para nada, o ver ingentes cantidades de vídeos en línea, no nos damos cuenta que estamos propiciando otro paso más hacia el desastre ambiental. Como en tantas otras cosas, también en lo digital, consumir menos es un acto de responsabilidad ecológica.

stats