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Tiempo de respuestas

Las palabras bonitas ya han de dar paso a lo concreto y a la toma de decisiones que impliquen actuaciones

En la barra de un bar -y no digamos si es de los de copas-, posiblemente, se habría llegado a tener una solución fácil y expedita para el problema del independentismo catalán, pero como no se eligió ese lugar para encontrarla pasa lo que está pasando. Bien, confieso que esta inicial boutade no persigue otra cosa que resaltar la dificultad de encontrar una buena salida a corto plazo a los acontecimientos. La situación de violencia desatada por los radicales por su desacuerdo con el fallo del Tribunal Supremo es verdaderamente detestable y, de momento, no se aprecia un final de los disturbios; entre otras razones, por el aliento que les da Joaquim Torra, como presidente de la Generalidad, quien ha anunciado otro referéndum de autodeterminación y una Constitución republicana para Cataluña en 2020. Obviamente, no es una coyuntura cómoda para el Gobierno central y, especialmente, para Pedro Sánchez porque se ven presionados para dar una respuesta explícita y operativa, más allá de los marcos generales en los que las acciones se tienen que enmarcar políticamente. Las palabras bonitas ya han que dar paso a lo concreto, a la toma de decisiones que impliquen actuaciones precisas que no ofrezcan dudas sobre lo que se vaya a hacer y con los objetivos de restaurar la paz ciudadana y de restablecer el orden constitucional. Sin embargo, en esa tarea, más allá de los factores externos a los que está sometido el presidente en funciones y que condicionan las medidas a adoptar, existen otros que son exclusivamente debidos a su persona y a su partido, que vienen determinados por los comicios del 10 de noviembre. Es fácil deducir a lo que me refiero. Sánchez es el candidato del PSOE a la Presidencia y es más que probable que en lo que vayan a hacer influya mucho no precisamente lo que más convenga o sea más necesario para España sino lo que les sea más rentable de cara a esas elecciones. Se podrá decir que el resto de los candidatos y partidos también buscarán lo mismo, pero hay una diferencia a tener en cuenta y es la trayectoria Sánchez, caracterizada por un continuo zigzagueo, por un ahora digo sí y luego no, y por un ir fundamentalmente a lo suyo; mientras que la de los otros está más por ver, si bien le sigue a la zaga Albert Rivera. Esperemos que, por el bien de todos, la clase política supere los intereses partidistas. Termino con una pregunta convencido de que responderán afirmativamente: ¿A que están hartos del independentismo catalán? ¿A que sí? Pues yo también.

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