Cultura

Cómplices del nazismo

Cineápolis Lepe.- T.O.: "Good".- Producción: Reino Unido y Alemania, 2008.- Duración: 96 minutos.- Dirección: Vicente Amorim.- Guión: John Wrathall inspirado en la obra teatral de Cecil Philip Taylor.- Fotografía: Andrew Dunn.- Música: Simon Lacey.- Montaje: Erzsébet Forgács.- Intérpretes: Viggo Mortensen, Jodie Whittaker, Steven Mackintosh, Mark Strong, Gemma Jones, Anastasia Hille, Ruth Gemmell, Ralph Riach, Steven Elder.

Está visto y comprobado que el buen aficionado al cine de Huelva capital tiene que hacer unos kilómetros y desplazarse a determinadas salas de nuestra provincia si quiere ver algunas de esas películas que parecen vedadas a los onubenses de la metrópoli y que, por lo general, suelen ser títulos de superior calidad a las habituales de carácter abiertamente comercial.

Es el caso de Good que, una vez más, nos plantea un intenso drama sobre como fue posible una hecatombe genocida como la que perpetró el nazismo alemán y como se llegó a tal grado de sadismo, crueldad y exterminio. Como suele ocurrir en los últimos tiempos - y es un buen ejemplo la más reciente El lector (2008) - otros aspectos de la tragedia vienen contemplándose en lo que sería una perspectiva menos condenatoria, sin soslayar su dimensión trágica y culpable.

Buscar un lugar entre el bien y el mal es siempre un difícil empeño. En él se sitúa el protagonista de esta historia, interpretado con la solvencia habitual de ese gran actor que es Viggo Mortensen. Encarna a un profesor de Literatura, autor de una olvidada novela sobre la eutanasia compasiva, que parece avalar el empeño depurador de los esbirros de Hitler para perpetrar sus horrendos crímenes genocidas. El relato reconstruye su dilema cuando trata de adoptar una actitud conforme a los postulados que le dicta su posición, que afecta a su propio entorno familiar y a su amistad con un judío, sin renunciar a su posición social y a sus privilegios.

Vicente Amorim, que es brasileño de origen pero que ha hecho su carrera cinematográfica en Austria, ha emprendido esta revisión de la conciencia en tiempos de complejos comportamientos con una impecable concepción formal, afianzada en una sólida estructura narrativa de intensos contenidos dramáticos y un cierto lirismo musical. Ello sirve para componer un conflicto moral que afecta a un hombre tranquilo, ajeno al poder, que por miedo, cobardía o cierto egoísmo personal, se deja llevar y acaba siendo absorbido por las circunstancias.

Quizás el director, como tantos otros, pretenda reafirmar lo evidente, como si el espectador no acertara a comprobar por si mismo la entidad de los acontecimientos, muchos de ellos sobradamente conocidos. De todas formas el resultado es persuasivo y aceptable, tanto por la labor del realizador como por la consistencia del guión, inspirado en la obra teatral de Cecil Philip Taylor que, recordemos, tuvo un gran éxito en los escenarios londinenses.

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