Hostelería

Un defecto legal de su reciente traspaso cierra el quiosco bar de la Plaza de las Monjas

  • La empresa concesionaria debe subsanar el trámite realizado para ceder la explotación

Imagen del bar situado bajo los ficus de la Plaza de las Monjas cerrado estos días tras la comunicación realizada por el Ayuntamiento. Imagen del bar situado bajo los ficus de la Plaza de las Monjas cerrado estos días tras la comunicación realizada por el Ayuntamiento.

Imagen del bar situado bajo los ficus de la Plaza de las Monjas cerrado estos días tras la comunicación realizada por el Ayuntamiento. / Alberto Domínguez

El quiosco bar de la Plaza de las Monjas situado bajo los majestuosos ficus está cerrado. Lleva días así y no ha pasado inadvertido para los onubenses que pasean a diario por allí, apenas unas semanas después de que empezara a lucir la imagen de la conocida empresa de restauración que ha pasado ahora a encargarse de su explotación. Y he ahí el problema: ese cambio de manos en su gestión ha presentado deficiencias formales que han obligado a su cierre inmediato. Al menos hasta que se corrijan algunos aspectos administrativos.

Porque esta cafetería que preside el fondo de la céntrica plaza desde 2008 cuenta con una concesión municipal por 20 años, que marca cualquier decisión que su concesionario actual pretenda tomar sobre ella. Hace muy poco tiempo, la empresa adjudicataria, Faludain SL, ganadora del concurso celebrado en 2007, llegó a un acuerdo con Cervecerías Bonilla para la cesión de su explotación, pero el procedimiento realizado para ello, a través de un contrato privado, se escapa de los términos del pliego de licitación que en su día el Ayuntamiento de Huelva sacó para la construcción, conservación y explotación del establecimiento en la Plaza de las Monjas.

El acuerdo alcanzado, por tanto, según explican fuentes municipales a este periódico, no cumple los términos de la Ley de Contratos Públicos por la que se rige esta concesión, conforme a la que ese acuerdo entre empresas debía haberse oficializado en escritura pública y haber puesto en conocimiento del Ayuntamiento, que, además, debía participar de la transacción con un porcentaje de la cuantía acordada. Toda renuncia o ausencia de ese cobro por parte de las arcas municipales supondría una grave vulneración de la norma aplicable.

Más que eso, incluso, al estar sujeta a concesión administrativa, y sin que mediara la renuncia a ella de la actual empresa concesionaria, el traspaso de la explotación debe cumplir con una serie de requisitos para ambas partes, como la ausencia de deudas con la Administración, y también, entre otros, que la nueva empresa se ajuste a todas las condiciones exigidas en su día al concesionario en la licitación del servicio. No se ha tenido, por el momento, la oportunidad de comprobar que así es para dar vía libre a la operación.

Mesas y enseres de la terraza apilados en el interior del bar. Mesas y enseres de la terraza apilados en el interior del bar.

Mesas y enseres de la terraza apilados en el interior del bar. / Alberto Domínguez

La comunicación de esta situación legal por parte de los técnicos municipales hizo que días atrás la empresa que ha tomado las riendas del negocio decidiera cerrar el bar hasta aclarar la gestión. De hecho, en los próximos días está previsto que se reúnan sus responsables con el Ayuntamiento para ver la forma en que se pueda dar una salida beneficiosa para todas las partes, sin que suponga un cierre prolongado del establecimiento, por cuanto repercute en el empleo y en la imagen del corazón neurálgico de la ciudad.

Pendientes de la concesionaria

En cualquier caso, la empresa concesionaria del quiosco bar, como responsable aún por siete años más, será la que tenga que mover ficha para regularizar la operación de traspaso de la explotación realizada, sin que ello suponga su renuncia a seguir rentabilizando la fuerte inversión realizada hace 13 años, de unos 175.000 euros, para la construcción y el posterior mantenimiento y explotación del bar, para lo que se fijó entonces un canon de 25.000 euros anuales al Ayuntamiento.

El proyecto licitado en 2007 estuvo acompañado de la polémica desde el momento de ser conocido por numerosas voces que rechazaban la idea de esta construcción de grandes dimensiones en la emblemática plaza. Fue rechazada por arquitectos y comerciantes, a pesar de que entonces fue el primer establecimiento hostelero en la plaza, llena ahora de negocios.

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