Procesión del Patrón de Huelva 2020 La tradición que vela por el Patrón

  • San Sebastián recorre la capital arropado por cientos de onubenses en una jornada marcada por los tintes costumbristas

  • Los palmitos dan el sabor al día con sus puestos en las calles

El Patrón de Huelva a su paso por la Plaza de San Pedro. El Patrón de Huelva a su paso por la Plaza de San Pedro.

El Patrón de Huelva a su paso por la Plaza de San Pedro. / Josué Correa

Al final rompió el sol y lo hizo cuando el Patrón de Huelva asomaba en la Plaza de San Pedro. Ocurrió de repente tras una niebla que había puesto un velo de humedad durante la mañana. Pero Huelva terminó brillando de júbilo como acostumbra a hacerlo en este día. Todo lo que ocurrió ayer, sin duda, se enfrasca una estampa costumbrista. La de la Huelva más castiza, la más choquera. Que el Patrón procesione por las calles de la ciudad es sinónimo de que los onubenses se transporten a una Huelva antigua. A sus anhelos y recuerdos. A la nostalgia que siempre se encuentra ahí y que se convierte casi en una realidad durante algunas horas de reloj.

La jornada de ayer es la de los mayores que vuelven a tararear la letra del antiguo pasodoble de Huelva. Y que se emocionan. Es la de llevar bajo el brazo un palmito para enseñar a los nietos el auténtico sabor de la tierra. La de ayer es la primera mañana del año en la que el incienso perfuma las esquinas, aquellas en las que el Patrón lo fue todo, y que siempre lo será.

Realmente, la intensidad de la jornada arrancó en el interior de la parroquia de San Sebastián. La solemne función principal reunió a cofrades y devotos en un acto que presidió el obispo de Huelva, José Vilaplana, por última vez, tras su renuncia presentada al santo padre el pasado mes de diciembre. Un hecho que hizo más especial si cabe este tradicional día onubense.

Los sones de la Banda de Cornetas y Tambores Jesús Nazareno acompañaron al Patrón de la ciudad durante un recorrido en el que poco a poco tomó más color climatológico, además de público, que fue engrosando las calles por las que transcurrió la comitiva. Numerosas representaciones de las hermandades de penitencia y gloria precedieron al paso procesional junto al Consejo de Hermandades y Cofradías, autoridades y una representación del Ayuntamiento de Huelva con el alcalde de la ciudad, Gabriel Cruz, a la cabeza.

Un niño subido en el monumento de la rotonda de los Litri mira la imagen de San Sebastián. Un niño subido en el monumento de la rotonda de los Litri mira la imagen de San Sebastián.

Un niño subido en el monumento de la rotonda de los Litri mira la imagen de San Sebastián. / Josué Correa

Fue en la rotonda de los Litri donde cambió el compás para que sonara Mi Huelva tiene una Ría a cargo de la Banda de Música Municipal. Una seña de identidad bajo el escudo de Huelva que hicieron de nuevo inconfundible esta jornada festiva. Con la zancada firme y corta asomó este Santo mártir entre los naranjos que vencen al frío en esta época del año para desembocar hasta la ermita de la Soledad, donde le esperó como siempre la Hermandad del Santo Entierro.

Pero no fue hasta la Plaza de San Pedro cuando la claridad estalló, como lo hizo de júbilo Huelva arropando a San Sebastián. El repique de campanas de la parroquia mayor acompañó al Patrón en su caminar entre los balcones engalanados, la ilusión y el fervor. Incluso hubo un momento en el que el tiempo avanzó de una manera sosegada. Fue en la esquina de Madreana, donde a escasos metros esperaba la Hermandad de la Cinta, y donde casi no cabía un alma para disfrutar de estas chicotás que siempre se esperan y nunca defraudan.

Menos aún se cabía en las inmediaciones de la carpa instalada en la Plaza de la Soledad. Allí aguardaba la Asociación de Antiguos Vecinos del Barrio de San Sebastián para rezar al Patrón un año más. Y lo hizo cantando en forma de sevillanas con las voces del coro Esencias del Barrio. Nuevamente, la Banda Municipal de Huelva puso las notas festivas antes de que el paso procesional continuase recorriendo las últimas calles de un itinerario que se asomó al balcón de la emoción, como lo hicieron numerosos onubenses. Ocurrió de nuevo. Huelva brilló. Y lo hizo de la mano de su Patrón, San Sebastián.

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