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Las circunstancias marcan la derrota (1-0)

  • Dos lesionados en la primera mitad y una defensa inédita e improvisada condicionaron el encuentro. El Recre mereció algo más ante un rival que se aprovechó de un desajuste defensivo y no aportó nada más.

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Un minuto y medio escaso estuvo el Recre con diez. Nada. Un suspiro, una jugada o dos. Fue suficiente para un triste Valladolid que aprovechó la lesión y el desconcierto recreativista para marcar. Con Juanan fuera del campo y el cambio por realizar hizo el cuadro local el tanto de la victoria. A este Decano todo se le vuelve en contra. 

Presionar, robar, incomodar y salir a la contra. El Recre se propuso evitar que su rival moviese la pelota por dentro, entre líneas y aprovechando las virtudes de sus hombres de arriba. Rápidos, dinámicos y con calidad. Así los definió Oltra. Para limitarlos, nada mejor que cerrar espacios, apretar y ayudar permanentemente al compañero. Con el balón, las ideas claras y los desmarques de Joselu. Fue la propuesta recreativista.

Con Dimas en el campo la responsabilidad de Jesús Vázquez estuvo compartida. El catalán oxigenó en la contención y dio de nuevo el orden perdido en las semanas anteriores. Nada como irse para lo echen de menos y lo valoren.

El clima en Pucela no ayuda a su equipo. A los 12 minutos salió el Recre de la cueva por primera vez. Aplicando su doctrina de robo y contragolpe, Montoro sirvió a Joselu, quien trató de ajustar sin precisión al segundo palo. La primera acción de peligro calentó el frío partido. Se oyeron los primeros pitos del José Zorrilla.  El Valladolid tardó 25 minutos hacerse con la situación. A los pucelanos les costó hacer su juego. La disposición recreativista obligó a los de Rubí a buscar ataques más directos, lo que revirtió en beneficio del sistema defensiva albiazul. Más le costó al Decano cuando el balón circuló por dentro.

El duelo no presentaba demasiados problemas para el Recre, que lo tenía controlado. Los problemas vinieron de esos imponderables que nadie controla. A la media hora Córcoles pidió el cambio. El capitán se marchó lesionado. Oltra tuvo que rehacer su sistema defensivo, sobre el que había basado la estrategia del encuentro, con Diego Jiménez como lateral de circunstancias.

No pasó apenas apuros el Decano en el primer acto. Su rival sólo lo sometió a un peligro real en los instantes finales sin concretar sus aproximaciones. Tuvo la pelota sin saber muy bien qué hacer con ella. Se encontró con un gol con el tiempo cumplido. Los problemas se acrecentaron para Oltra. Juanan también se lesionó. El balear dejó con diez al Decano, momento en el que el Valladolid sacó provecho del desajuste provocado en defensa para lograr lo que su fútbol ni merecía ni le había permitido.

De las opciones que tenía Oltra para reorganizar a su equipo optó por la más valiente. Retrasó a Núñez al lateral diestro, reubicó a Diego Jiménez como central y dio entrada a Braulio.

Al técnico nadie podrá reprocharle que no hizo todo lo que pudo e incluso lo que ya no tenía para sacar algo positivo del José Zorrilla. Con dos defensas fuera de sitio y un centro del campo condicionado mantuvo la intención clara de puntuar. Cuando lo lógico y hasta recomendable era cerrarse, no conceder espacios y tratar de encontrar al contragolpe un premio casi quimérico, el Decano se fue a por su rival contra natura.

El Valladolid lo pasó mal. Ni siquiera contra la versión de circunstancias del Recre se sintió cómodo. Con el nuevo planteamiento albiazul hubo más espascios en el centro. Dimas no estaba para 90 minutos, pero la circunstancias impusieron su continuidad en el campo más allá de donde sus esfuerzas lo recomendaban. Oltra lo retiró cuando ya no pudo más.

Los pucelanos fueron la sombra de un equipo de ascenso. Ni de lejos mostraron el potencial que se les presupone. Consciente de las dudas de su rival y sin nada que perder, el Recre se fue arriba. Fue una apuesta arriesgada.

El Valladolid demostró en esa fase que sus problemas no eran casualidad. Ni siquiera cuando más abierto se mostró el Recre fue capaz de inquietarle con apuros de envergadura. Llegaron las aproximaciones lógicas de los locales, sin que con ello pusieran en serios aprietos a Sotres.

Buscó al menos la acción a balón parado que le diese una última bala. Murió buscándola. Las fuerzas fueron muy escasas en los minutos finales, cuando los atacantes ya no pudieron ser refrescados y el centro del campo ya estaba agotado. Cayó, de pie y dando la cara, pero cayó al fin y al cabo.

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