Semana Santa

El recogimiento se abre paso en el Miércoles Santo

  • La cofradía del Molino de la Vega sale de La Merced entre un gran silencio del público

RECOGIMIENTO, sobriedad y silencio. Mucho silencio. En una jornada marcada por la populosa devoción a las vírgenes de la Victoria y la Esperanza en la ciudad, la cofradía de la Santa Cruz puso el tono comedido en las calles de Huelva. Y lo hizo ganándose la atención de los onubenses, considerados ante la propuesta de la hermandad más joven del Miércoles Santo. Expectación en la carrera oficial y, sobre todo, gran respeto en su salida de la catedral.

El gentío concentrado en la Plaza de La Merced siguió con admiración la salida del Cristo de la Providencia, que coincidió con el paso del Prendimiento por el Paseo de la Independencia. La deferencia llegó también de la cofradía del barrio de El Carmen, que a su paso por la esquina marchó con tambores sordos y cajas chinas en señal de respeto al recogimiento de la Santa Cruz, que ya estaba en la calle con el sonido de la esquila anunciando la muerte de Jesús en la cruz.

Los murmullos en la plaza cesaron con la salida del majestuoso paso, con su canasto aún pendiente de labrar, pero con sus nuevas cartelas inspiradas en la Invención de la Santa Cruz, según los escritos de Jacobo de la Vorágine, realizadas por Antonio Díaz Arnido. Gran atención entre los numerosos vecinos del Molino de la Vega, en cuya parroquia de Santiago Apóstol tiene su sede la cofradía, que avanza firme en la Semana Santa de Huelva ganándose la admiración de cada vez más público con su tercera salida procesional para hacer estación de penitencia.

Los cofrades onubenses ya tienen identificada a la Santa Cruz por su sobriedad y su silencio, apenas roto por el muñidor y el grupo de capilla Madre de Gracia, con tres violines, dos clarinetes, un oboe y dos tenores -entre ellos Emilio Muñoz Jorva, hermano mayor de la Sagrada Cena- interpretando motetes ante la escena de Jesús descendido de la cruz, Nicodemo, María Salomé, María Cleofás y la Virgen confortada por San Juan y la Magdalena.

El otro gran momento para la cofradía del Molino fue su estación de penitencia en la iglesia de la Concepción, donde realizó de nuevo el rito ad crucem per lucem en memoria del padre Carlos Núñez y su tutela de la Tertulia Cultural Cofrade El Penitente. Precisamente el 25º aniversario de este grupo parroquial en 2014 hizo que la cofradía encargara a la artista Ana Beltrán una pintura especial del cirio que simboliza la luz, recogido a cambio de la cruz, que permanecerá un año en el céntrico templo, hasta la próxima Semana de Pasión.

Este guiño a los albores de la cofradía se integra en el simbolismo cuidado de la Santa Cruz onubense, que recoge en sus enseres elementos de la ciudad, como las farolas de la Plaza de la Constitución y los tritones de la fuente de la Casa Colón. Pero también con la idea de unos hermanos que llevan la devoción y la reflexión con máximo cuidado incluso antes de su salida procesional, cuando el director espiritual, Daniel Valera, dirigió unos minutos de meditación ante la expiración del Santísimo.

El cortejo, aún modesto, de 120 personas, siguió llevando la sobriedad al Miércoles Santo hasta su recogida en La Merced. Hasta la Semana Santa de 2015.

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