El ancla de la Madrugá de Huelva casi 450 años después
La Hermandad del Nazareno fija en el horizonte el 2028 como próxima fecha, sin perder de vista la importancia de la obra social ni descuidar las actividades sociales
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Para muchos onubenses es, sencillamente, el Señor de Huelva. El que sale cuando la ciudad duerme —o intenta hacerlo— cada noche del Jueves al Viernes Santo y que para los cofrades es simplemente la Madrugá. Aunque en realidad sea un desvelo eterno que acompaña al Nazareno en la noche en la que sabe que va a morir.
La Hermandad del Nazareno se acerca ya a los 450 años de historia, casi cinco siglos de devoción que han sobrevivido a incendios, traslados y cambios de época. La talla actual, obra de Sebastián Santos, preside hoy el altar mayor de la iglesia de la Purísima Concepción. Tiene algo más de setenta y cinco años, después de que la anterior imagen se perdiera en un incendio en el antiguo convento de la Victoria, posteriormente derribado.
A unos metros del Nazareno, María Santísima de la Amargura custodia el templo, recordando ese vínculo profundo que existe entre ambas devociones. Son el corazón de una hermandad que, más allá de la Madrugá, vive activa los 364 días restantes del año.
“Eso es lo que muchas veces no se ve”, explica su hermana mayor, Mercedes Mantis. “La hermandad no es solo la Madrugá. Es una hermandad que está viva durante todo el año y que desarrolla muchas actividades tanto en lo social como en la vida interna de la corporación”.
Una de las citas más constantes es el rezo de las Cinco Llagas, que se celebra todos los viernes del año en la capilla del Nazareno. Un acto abierto al público que reúne a numerosos fieles semana tras semana. “Cada viernes se lee una de las llagas del Señor y se termina con una oración final que ya muchos se saben de memoria”, señala Mantis.
Pero el compromiso de la hermandad también se materializa en su obra social. Uno de los proyectos más destacados es “Educar para crecer”, impulsado tras la coronación canónica de la Virgen de la Amargura junto a Cáritas. El programa sostiene un centro en el barrio de Las Colonias que atiende a entre 35 y 40 niños de familias vulnerables.
Allí reciben apoyo escolar, meriendas diarias y acompañamiento educativo. “La hermandad colabora para mantener ese centro, desde las meriendas hasta los recursos necesarios para que funcione”, explica la hermana mayor. Costaleros, hermanos y donaciones particulares contribuyen a abastecerlo con alimentos y recursos.
A ello se suma la colaboración con entidades como Resurgir o Proyecto Hombre, además de la relación histórica con las Hermanas de la Cruz, una de las instituciones más vinculadas a la hermandad. Otra de las claves del presente del Nazareno está en su grupo joven, uno de los más numerosos de la ciudad.
“Aquí hay hasta peleas por salir de acólito”, comenta Mantis entre risas. Pero el grupo joven no se limita a la convivencia: recibe formación religiosa y participa activamente en la vida de la Hermandad, desde cultos hasta labores de organización y limpieza de enseres.
Pese a todo ese trabajo interno, la Madrugá sigue siendo el momento en el que todos los focos se dirigen al Nazareno. Una salida singular dentro de la Semana Santa onubense, marcada por la soledad de la madrugada.
La Hermandad abre sus puertas a las cuatro de la mañana, una hora que no conecta con ninguna otra procesión. “Es una hora muy concreta y muy dura”, reconoce la hermana mayor. “Tienes que venir expresamente a esperar al Nazareno”.
La carrera oficial, además, tiene un ambiente muy distinto al del resto de la semana. “No es la alegría de un lunes o un martes santo. Muchas veces está prácticamente vacía", explica.
Sin embargo, el Nazareno nunca camina solo. El acompañamiento de fieles es constante durante todo el recorrido, especialmente en momentos muy simbólicos como la visita a las Hermanas de la Cruz, el paso por la hermandad del Calvario o el regreso por calles como la antigua calle Valencia (ahora Luca de Tena y Jesús del Calvario) o Marina.
La hermandad mira ya hacia un horizonte muy especial: el 450 aniversario de su fundación, que se celebrará en 2028. Un acontecimiento que la corporación afronta como una oportunidad para poner en valor siglos de devoción.
“Independientemente de la imagen concreta, la devoción a Jesús Nazareno se ha mantenido durante generaciones”, señala Mantis. “Es una devoción que Huelva ha transmitido de padres a hijos durante siglos”.
La propia Mercedes Mantis representa también un cambio en la historia de las cofradías. Es una de las pocas mujeres que ocupan el cargo de hermana mayor en Huelva, algo que considera un paso natural en la evolución de las hermandades.
“La mujer siempre ha estado en las cofradías trabajando tanto o más que muchos cofrades”, afirma. “Quizá no en un segundo plano, pero sí relegada a la hora de ocupar cargos de responsabilidad. Ahora creo que se ha abierto definitivamente esa puerta”.
La presencia femenina en las juntas de gobierno es cada vez mayor y, según Mantis, ya no tiene marcha atrás. “Igual que ocurrió cuando se permitió que las mujeres salieran de nazarenas, esto es algo que ya forma parte de la normalidad”.
Porque si algo define a la Hermandad del Nazareno es su capacidad para permanecer. Cambian las imágenes, cambian los templos y cambian las épocas, pero la devoción continúa.
Cada año, cuando Huelva duerme, el Señor vuelve a salir. Y la ciudad, inevitablemente, despierta para acompañarlo.
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