Imagen de archivo de la Virgen de la Soledad en procesión.
Imagen de archivo de la Virgen de la Soledad en procesión. / Josué Correa

El Viernes Santo es, para muchos cofrades, el día más triste del año. Las calles parecen pesar más de lo habitual, al sol le cuesta salir, perezoso, y la ciudad avanza con una calma distinta, como si supiera que la Semana Santa se aproxima a su final. La madrugada rompe en el instante en que el Nazareno alcanza la cale La Paz y poco a poco avanza hasta su templo hasta poner fin a la Madrugá. Pero por la tarde, en el mismo lugar donde horas antes se vivió ese momento, la iglesia de la Concepción vuelve a abrir sus puertas para dar paso a una escena completamente distinta: la salida de la Virgen de la Soledad.

No necesita más misterios ni más tallas. Tampoco música. Solo ella, una cruz y la misión de cerrar la Semana Santa de Huelva. Así ha sido durante casi nueve décadas y así seguirá siendo mientras la hermandad mantenga intacto su espíritu fundacional.

El Hermano Mayor, Carlos Arroyo.
El Hermano Mayor, Carlos Arroyo. / Josué Correa

El actual hermano mayor, Carlos Arroyo, explica que la corporación vive actualmente un momento de cambio. “La Hermandad está en un proceso de renovación muy importante. Ha habido unos años en los que consideramos que no se ha prestado atención a lo verdaderamente importante y ahora lo que intentamos es recuperar la visibilidad institucional y el esplendor que tuvo”, afirma.

La Soledad es una Hermandad con una historia singular. Su primera salida se produjo en plena Guerra Civil, cuando una vecina del barrio donó la imagen a la parroquia. Desde entonces, la cofradía recuperó una antigua procesión del silencio que organizaba la Vera Cruz en la ciudad, de ahí también el color verde y negro del hábito que visten sus nazarenos.

A diferencia de otras corporaciones, su esencia se mantiene ligada a la sobriedad. No hay música ni estridencias. Solo el silencio como hilo conductor de una estación de penitencia que invita al recogimiento. “Cuando uno sale en una hermandad de silencio lo vive de otra manera. Te invita mucho más a encontrarte contigo mismo y a rezar”, señala Arroyo.

La Virgen de la Soledad, en la parroquia de la Concepción.
La Virgen de la Soledad, en la parroquia de la Concepción. / Josué Correa

Ese carácter introspectivo se acentúa aún más en el momento del regreso. La parroquia queda completamente a oscuras, iluminada únicamente por la luz de las velas que acompañan a la Virgen. “Apagamos todas las luces y la Hermandad llega en silencio. Solo queda la luz que alumbra a la Virgen. Eso ayuda mucho a la oración”, explica.

A pesar de su peso histórico dentro de la Semana Santa onubense, Arroyo reconoce que el Viernes Santo sigue siendo un día algo desconocido para muchos. “Es un día en el que salen imágenes de una calidad extraordinaria y pasos con un patrimonio magnífico. Se vive con mucha solemnidad y merece la pena descubrirlo”, asegura.

La hermandad afronta además un año con importantes estrenos patrimoniales. Entre ellos destaca el nuevo guion corporativo, una pieza bordada por José Antonio Grande de León sobre damasco burdeos, un color elegido por su simbolismo litúrgico como representación del luto. También se estrenará el sudario del paso y parte de la orfebrería del conjunto.

Más allá de lo visible en la calle, la cofradía ha reforzado también su actividad social. Actualmente colabora con Red Madre, una asociación que ayuda a mujeres embarazadas y madres en situación de vulnerabilidad. “Ya hemos realizado varias entregas de productos de primera necesidad para bebés. Ellas atienden a centenares de mujeres y la labor que realizan es impresionante”, subraya el hermano mayor.

El futuro inmediato mira también hacia el aniversario que se celebrará el próximo año, cuando la hermandad cumpla 90 años de su primera salida procesional. Un hito que la junta de gobierno quiere aprovechar para seguir impulsando su presencia dentro de la vida cofrade y parroquial de la ciudad.

Porque, más allá de la nostalgia que siempre acompaña al Viernes Santo, la Soledad continúa siendo la encargada de poner el broche final a la Semana Santa de Huelva. Y lo hace de la forma más sencilla y, al mismo tiempo, más profunda: en silencio.

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