El Calvario, tras una espectacular restauración del Cristo, un palio que mira al futuro
La hermandad del Lunes Santo anuncia de forma inminente el proyecto para concluir su palio mientras refuerza su compromiso social y su identidad sobria y reconocible
El Monumento a la Semana Santa de Huelva recoge tradiciones en torno a un Cristo abrazado a la Cruz
La Hermandad del Calvario ocupa un lugar muy concreto —y muy reconocible— dentro de la Semana Santa de Huelva. Situada en pleno centro de la ciudad, con un recorrido corto, sobrio y medido, y con la condición de hermandad de Silencio, su presencia cada Lunes Santo no busca el impacto desde lo multitudinario, sino desde el recogimiento y la solemnidad. “Nosotros somos serios, somos recogidos y somos de silencio el Lunes Santo”, subraya su Hermano Mayor, Luis Hernández, consciente de que ese sello forma parte de la identidad por la que la hermandad es reconocida.
Ese silencio, sin embargo, no define todo el año. Desde dentro insisten en una idea clara: el recogimiento se expresa en la calle cuando corresponde, pero la hermandad mantiene una actividad constante puertas adentro. “El resto del año tratamos de ser todo lo abiertos, participativos y activos que nos permite nuestra idiosincrasia”, explica Hernández, quien recuerda que tener templo propio es un privilegio, pero también una obligación que marca el ritmo de la cofradía.
Salvo en los meses de verano, la actividad no se detiene. Misas semanales, cultos de regla y una vida espiritual y de apostolado que se mantiene viva durante todo el año. “La hermandad está prácticamente abierta todo el año”, apunta el Hermano Mayor, insistiendo en esa responsabilidad diaria no solo con los hermanos, sino con la parroquia y con la ciudad en general.
Esa presencia constante ayuda a entender el peso que el Calvario ha ido ganando desde su fundación en la década de los setenta. En un momento en el que la Semana Santa de Huelva atravesaba una etapa de menor pujanza, la hermandad supuso un revulsivo. “Tratamos de mantener, 54 años después, esa idea de ser activos, de ser distintos y de tener una sensibilidad propia y reconocible”, afirma Hernández, con la mirada puesta en no perder nunca la esencia que los fundadores imprimieron a la corporación.
En el plano patrimonial, la hermandad atraviesa ahora una etapa de transición, marcada por la celebración del cincuentenario y por la culminación de varios proyectos importantes. Superada la carga económica que supuso la hipoteca de la iglesia y la casa de hermandad, el horizonte se ha despejado. “La hermandad ha visto un poquito despejado el panorama económico y ha podido afrontar una serie de proyectos patrimoniales”, explica el Hermano Mayor.
Los dos pasos han sido renovados de manera profunda en los últimos años, y el siguiente gran objetivo ya está definido: la conclusión del palio. El Calvario adelantó en exclusiva que el proyecto se presentará de forma inminente. Será una intervención planteada a medio y largo plazo, estructurada en tres fases. “En esta legislatura nos toca acometer la primera fase; las siguientes corresponderán a los próximos mandatos”, detalla Hernández.
Esa primera fase se centrará en el respiradero y el faldón del palio, con especial protagonismo para un baquetón de plata de ley, pieza con la que se dará el primer paso firme hacia la culminación del conjunto. “Después de la importante renovación del Cristo en la legislatura anterior, la idea de esta junta es empezar ya la conclusión del palio”, resume.
De cara a este Lunes Santo, la hermandad ha optado por la contención. No habrá grandes estrenos, más allá de uno cargado de significado: la restauración de Nuestro Padre Jesús del Calvario. Se ha llevado a cabo una intervención de mantenimiento y consolidación de la policromía, necesaria tras el paso del tiempo. “No ha presentado mayores problemas, pero era necesaria una limpieza”, explica Hernández, que subraya que todos los esfuerzos están ahora centrados en el proyecto patrimonial que viene.
Llevar una hermandad como el Calvario no es una tarea sencilla. “Es una responsabilidad importante”, reconoce el Hermano Mayor, que habla de la exigencia diaria, de las visitas constantes a la iglesia y de la autoexigencia interna para que cada paso tenga continuidad y coherencia. “Tratamos de que todo sea armonioso y de no perder la esencia, que no es fácil”, admite. En su caso, el vínculo es todavía más profundo: “Soy hermano de cuna, lo he mamado desde pequeño, y trato de respetar el espíritu con el que se fundó la hermandad”.
A ello se suma el privilegio —y la responsabilidad— de custodiar una imagen de León Ortega. “Llevar una escultura de León Ortega es un privilegio”, afirma, recordando cómo aquellos fundadores jóvenes de los años setenta apostaron por un imaginero que con el tiempo se convertiría en referente absoluto de la Semana Santa onubense. “El Señor del Calvario suscita una devoción y un apego muy importantes en la sociedad”, añade.
La obra social es otro de los pilares irrenunciables. Desde su fundación, el Calvario ha mantenido una intensa labor de caridad que hoy se articula especialmente a través de la Fundación Jesús del Calvario, con sede en el Molino de la Vega. “Atendemos de manera continuada a más de veinte familias”, explica Hernández, muchas de ellas inmigrantes que llegan a Huelva sin recursos. Alimentación, ropa, material escolar, juguetes y una atención integral que se mantiene durante todo el año.
A ello se suman campañas puntuales como la de Navidad. La iniciativa Padrina una cena de Navidad, en colaboración con Cáritas Parroquial y con el apoyo de empresas, permitió repartir el pasado año 150 menús completos en Nochebuena. Además, se entregaron juguetes a los niños. “Les pedimos una carta y tratamos de que recibieran el juguete que habían pedido”, recuerda el Hermano Mayor.
El entorno urbano también forma parte del día a día. Las obras en la Plaza Mayor han traído ruidos y molestias, pero desde la hermandad se asumen con paciencia. “Es un mal menor para un fin que esperamos que beneficie a toda la ciudad”, señala Hernández, confiando en que el nuevo entorno dignifique una zona históricamente ligada al centro y a la propia hermandad.
¿Por qué el Calvario sale el Lunes Santo? La respuesta está en la historia. Fue una petición expresa de los fundadores, en un momento en el que esa jornada estaba poco poblada. Como anécdota, Hernández recuerda que la primera cuadrilla de hermanos costaleros de Huelva no salió un lunes, sino un Miércoles Santo de 1976, tras una suspensión por lluvia que obligó a pedir dispensa.
La meteorología, de hecho, ha colocado en varias ocasiones al Calvario en una posición singular. Algunos años han sido la única hermandad en la calle. “Son decisiones muy difíciles”, reconoce Hernández, especialmente cuando la iglesia se llena de personas y niños esperando una resolución. “Tratamos de tomar siempre la decisión más racional posible”, afirma, consciente de que, con el paso del tiempo, opinar resulta siempre más fácil.
Trabajo callado, constancia y fidelidad a una forma de ser. Así define Luis Hernández el presente de una hermandad que no busca protagonismos innecesarios. “Hay mucha gente detrás trabajando de manera desinteresada por amor a los titulares”, concluye. En el silencio del centro de Huelva, el Calvario sigue avanzando, con paso firme y mirada larga.
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