El Descendimiento: 75 años y un Via Crucis histórico, para alcanzar el culmen el Viernes Santo

El Cristo del Descendimiento protagonizará la cita del 2 de marzo desde San Pedro, en una Cuaresma marcada por el 75 aniversario fundacional de la Hermandad

Cristo del Descimiento en el altar de San Pedro
Cristo del Descimiento en el altar de San Pedro / Josué Correa

En el porche de la Parroquia Mayor de San Pedro se respira una alegría serena, distinta, que contrasta con el recogimiento propio del Viernes Santo. La Hermandad del Descendimiento ha sido la elegida para presidir el Vía Crucis el próximo lunes 2 de marzo, un encargo que llega en un momento especialmente significativo para la cofradía ya que cumple 75 años de su fundación en este 2026. Aunque ha sido elegido tres veces, tan solo ha podido realizar el traslado dos veces, ya que la otra tuvo que ser suspendida por la lluvia.

Su Hermano Mayor, Ramón Meneiro, vive estas semanas inmerso entre quinarios y triduos, con la agenda marcada por los cultos cuaresmales. El Cristo preside el altar mayor de San Pedro. Dos mujeres rezan en silencio en los primeros bancos. Al fondo del templo, con la luz tenue de la parroquia, Meneiro se sienta y habla con voz calmada, consciente del momento tan importante que atraviesa la cofradía.

“Yo creo que más que nada es por la efeméride tan importante que celebramos”, explica. Y es que 75 años de historia no se cumplen todos los días, y el aniversario fundacional ha pesado de forma decisiva. Pero también hay memoria. En 2013, el Descendimiento fue escogido para realizar el Vía Crucis, pero no pudo celebrarse por la lluvia. “Se nos quedó una espinita clavada”, reconoce, una herida que ahora encuentra su cierre natural.

"La hermandad ha dado un vuelco grandísimo desde los años noventa hasta aquí”, señala Meneiro, aunque matiza que el cambio no es exclusivo del Descendimiento. Habla de un relevo generacional que ha transformado la Semana Santa de Huelva en su conjunto, con un crecimiento evidente tanto del patrimonio artístico como del patrimonio humano.

El Descendimiento sigue definiéndose como una Hermandad familiar, pero el número de hermanos casi se ha duplicado en los últimos años. La corporación camina de la mano de la parroquia y de la diócesis, integrada plenamente en la vida de San Pedro. “Somos un miembro más de la parroquia”, subraya, destacando la relación “exquisita” con el director espiritual y el párroco, así como la buena sintonía entre las distintas hermandades del templo.

El horizonte que marca esta junta de gobierno no se limita a la estación de penitencia. El Vía Crucis del 2 de marzo se concibe como un acto de catequesis en la calle, una forma de evangelizar entre baldosas y adoquines. “Nuestro misterio para eso es primordial”, afirma Meneiro, convencido de que el trabajo de todo el año encuentra su culminación en la salida procesional.

La cita llegará además con un escenario novedoso. El Vía Crucis se desarrollará en la Plaza de la Merced, recientemente remodelada. Será la primera vez que se celebre allí, un espacio amplio que despierta ilusión y también respeto. “A mí me tiene sin sueño”, confiesa el Hermano Mayor, que reconoce que la amplitud del lugar obliga a medir cada detalle.

En cuanto a los estrenos, la cofradía ha optado por la prudencia. Este año se ha restaurado la media luna de la Virgen, que se encontraba en mal estado, y también los candelabros del paso de palio. La mirada está puesta en la salida extraordinaria, para la que se espera poder estrenar parte del techo de palio bordado. Otros detalles llegarán como regalos de costaleros y hermanos, gestos que refuerzan el carácter íntimo de la corporación.

La obra social sigue siendo un pilar fundamental. El Descendimiento colabora de forma constante con la parroquia y mantiene asignaciones estables con entidades como el comedor Virgen de la Cinta, Res Madre, Manos Unidas, Cáritas y UNICEF. Además, cada actividad organizada por la Hermandad, como la zambomba navideña, incorpora una vertiente solidaria. “Siempre ayudamos en todo lo que podemos”, resume Meneiro.

Sobre el cartel anunciador de la Semana Santa, no duda: “Es un cartelón”. Destaca su carga simbólica y la presencia del propio Descendimiento entre los detalles de la obra, un reconocimiento que vive con especial emoción en este año tan señalado.

El Viernes Santo sigue siendo su día, elegido por los fundadores hace 75 años y asumido como parte de su identidad. Pero antes, el 2 de marzo, el Descendimiento volverá a hablarle a Huelva desde el silencio, con la cruz alzada y la historia a cuestas, en uno de esos momentos que explican por qué la Cuaresma empieza a latir con más fuerza en San Pedro.

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