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La Naveta

Señores para el Señor

  • Lo importante en las hermandades es saber estar y el compromiso que lleva

Ahora que el Señor está en su altar presidiendo las miradas de todos, me llegan dos momentos con sendos cofrades en los que me hablaban de lo importante que es el valor humano en nuestras cofradías. Ese que se forja en el calor del sentimiento y el saber estar.

En una reciente tertulia de esta Cuaresma, un cofrade viejo, cristiano viejo como diría Sancho a don Quijote, recordaba con afecto y reconocimiento cuando hace ya varias décadas se sentaba en la presidencia de la mesa de gobierno en los cultos de su hermandad, miraba a su alrededor y se sentía confortado en la compañía y si miraba en los bancos más cercanos veía a personas que estaban en la hermandad de las que había que sentirse orgulloso. Gente cabal, como dirían algunos. Cofrades que están en la nómina de señores para el Señor.

Hay quienes en las juntas de gobierno solo buscan una proyección personal

Del saber ser cofrade, de lo que eso significa... Es lo que me contaba también un cofrade maduro ya en la fe de su hermandad y que ve cómo esto se escapa. Que puede llegar a ser cualquier cosa, pero no una hermandad y eso es lo fundamental. Ese sentido es lo que hace un par de décadas, un ilustre servidor de la viña del Señor me decía en una charla en su despacho del Obispado.

Esto no es una cuestión de tener clase en el sentido discriminatorio social de la palabra; es saber estar, que es mucho más difícil. No nos llamen clasista, porque en las hermandades caben todos y sabemos de muchos que lo hacen muy bien porque la mejor universidad que han tenido es la de la vida cofrade. Hay otros -a los que sí me refiero- que no son nada y buscan una vara para regindarse en ella. Se placearán, pero ellos saben que en el fondo es solo su propia ilusión; lo malo es que para seguir agarrado a su vara hagan daño a los demás y, en especial, a su hermandad. No son nada en la sociedad y medran para buscar relieve en una hermandad.

En la actualidad hay honrosas excepciones de quienes gobiernan las cofradías. También podría citar a quienes estando ahí no deberían estar. Hoy, como en tantos domingos, es la reflexión y el análisis. Seguro que se mostrarán inquietos aquellos que se sientan aludidos. Espero que de ser así opten algún día por cambiar de actitudes.

Una junta de hermandad no es para cubrirse ni de vanidades ni para pretender que a menganito le den un cargito. Hay quienes son cortos en todo y hasta de miras.

Por eso mi interlocutor se sentía defraudado en su hermandad y lo lamentable es que no solo es que lleva razón, sino que es un mal que se está extendiendo.

Lo mismo que invitan a los ejercicios espirituales, retiros de Cuaresma, cursillo para obtener el pláceme para presentarse a candidato a junta, no sería mala idea un taller -lo que tan de moda está ahora- de educación y de ética cofrade.

Ocurre que este mal se está haciendo endémico y quienes lo practican lo hacen desde el individualismo y les sobran todo en su hermandad. La junta de gobierno acaba siendo una trinchera para bombardear cualquier otra idea que no sea la de don fulanito.

No. Aquí lo que se buscan son señores para el Señor, en el amplio sentido de la palabra. De personas comprometidas, cercanas, amables, que saben poner la otra mejilla... de aquellos que hacen que se pueda ir a la casa de la hermandad no solo para sacar la papeleta de sitio y apuntarse a un protocolo de la salida.

De personas que en la calle por su saber estar, por ser quienes son y su forma de vivir cofrade, cualquiera pueda identificar en ellos a su hermandad y hacedla grande, porque son señores del Señor.

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