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Semana Santa

Una Semana Santa a golpe de móviles

  • El silencio de la carrera oficial contrasta con las marchas que escuchan de balcón a balcón

  • Los devotos montan altares con flores, estampas y velas en los azulejos

Un devoto se acerca con un ramo de flores a depositarlo en el azulejo de la Victoria. Un devoto se acerca con un ramo de flores a depositarlo en el azulejo de la Victoria.

Un devoto se acerca con un ramo de flores a depositarlo en el azulejo de la Victoria. / Alberto Domínguez

Hubiese sido muy difícil imaginar una Semana Santa como esta, cierto que la Semana de Pasión ya vivida en el interior de las casas fue ayudando para poder asimilar una Semana Mayor como la que se está viviendo. Incluso así es difícil imaginarse una Carrera Oficial, desde La Placeta a la Gran Vía, sin palcos, sin sonido de las cornetas y tambores, de un rachear de costaleros o cerrada la puerta de la parroquia de Inmaculada Concepción.

La ciudad sí ha entendido que es Semana Santa y ha adornado los balcones con sus colgaduras porque aunque no vayan a pasar las cofradías sí se está conmemorando la Pasión del Señor desde el Domingo de Ramos al de Resurrección. Los onubenses se suman así a esta tan popular fiesta religiosa.

Durante estos días al ver el recorrido vacío de la Carrera Oficial, o mejor dicho imaginárselo porque no se puede salir a la calle por el confinamiento, mueve muchas sensaciones. Entender que esa grandiosidad de las cofradías en la calle puede esfumarse sin esperarlo. Sin embargo, todo el fondo que a ella la sostiene florece con esa fuerza que la esta manteniendo viva, más allá de balcón a balcón, sino en lo más interior de casa a casa, de amigo a amigo, de compartir sensaciones y emociones nunca imaginadas. Tener a la cofradía en lo interior.

Se ha perdido la Semana Santa de la calle, la de las procesiones, y se ha pasado así de una Semana Santa a golpe de llamador a la de golpe de móvil.

Flores y velas ante la puerta cerrada de la Esperanza. Flores y velas ante la puerta cerrada de la Esperanza.

Flores y velas ante la puerta cerrada de la Esperanza. / Alberto Domínguez

Las hermandades están haciendo uso de sus redes sociales dentro de las posibilidades que cada una tienen y están consiguiendo conectar, incluso con recreaciones virtuales de los recorridos procesionales o vía crucis, que se completan con las cartas o vídeos de hermanos mayores, diputados mayor de gobierno y hasta la de capataces. Cada uno quiere decir algo, porque son muchas horas en casa; mensajes y cartas que parecen un adelanto del anuario de la cofradía en el que todos quieren salir.

Hay hasta saetas frente a una iglesia cerrada o delante de un azulejo de algún titular cofrade.

Los azulejos a las puertas de las iglesias o de puntos del recorrido se ven repletos de flores, de oraciones sencillas escritas en papel y pegadas en las paredes, de velas encendidas, de miradas fugaces cuando quien tiene la suerte de vivir cerca del templo y echa una mirada y un rezo cuando sale a los recados más urgentes, porque hay que quedarse en casa. Mientras la oportunidad para difundirlo entre todos está en las redes sociales.

Una Semana Santa que también está privando de la celebración en los templos, de actos que aquí desde el Obispado de Huelva se ha invitado a seguirlo a través de las celebraciones de papa Francisco en la Basílica de Roma, que ofreció una celebración de Domingo de Ramos sobrecogedora por el vacío del templo y la profundidad de las palabras del Santo Padre. Se sustituye así a las ceremonias religiosas de la Santa Iglesia Catedral de Huelva, aunque el obispo José Vilaplana celebra todos los días en la capilla del palacio episcopal.

No obstante, algunas parroquias están celebrando misas en el interior de sus templos sin fieles, en ocasiones coincidiendo con el día de la salida de la hermandad de ese templo, para retrasmitirlas vía Facebook.

Aunque pudiera pensarse que iba a ser una Semana Santa que se escapara sin trascendencia alguna, lo cierto es que se está viviendo muy intensamente y está calando mucho. Se redescubre en una forma distinta de sentirla y de compartirla, por los móviles corren miles de vídeos, poesías, textos e imágenes recuperadas en el tiempo, incluso ahondando en la historia.

Como en lo cofrade todo se lleva al extremo, en ese sentimiento insaciable en esta desmesura se llega incluso a la saturación en los móviles, porque en esta Semana Santa virtual hay mucho jartible, como se dice en el argot cofradiero.

Lo importante es que en este tiempo la ciudad y sus cofradías se sienten unidas y sobre el silencio de una plaza o calle vacía hay quien la acompaña con una marcha que suena desde un balcón.

Está resultando una Semana Santa muy vivida y compartida, lo que sostiene la afirmación de la solidez de esta fiesta religiosa en la ciudad, que aunque las procesiones no están en la calle los cofrades la están viviendo y recreándola con los instrumentos que tienen en sus casas, sintiéndola en el interior a pesar de este confinamiento.

Sin duda, una oportunidad no deseada pero que en el fondo está permitiendo en este año conocer una nueva forma de vivir la Semana Santa, sus cofradías y las celebraciones litúrgicas de las iglesias a través de las redes sociales y los medios de comunicación.

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