trayectoria artística

La pasión por Ayamonte de José María Franco

  • Las XXI Jornadas de Historia dedican un panel de comunicación al insigne pintor onubense

Alberto Germán Franco, en el centro, durante su intervención en las jornadas. Alberto Germán Franco, en el centro, durante su intervención en las jornadas.

Alberto Germán Franco, en el centro, durante su intervención en las jornadas. / J. landero

Tan solo siete meses después del fallecimiento a los 80 años del pintor onubense José María Andrés Franco Gutiérrez, más conocido como José María Franco, las XXI Jornadas de Historia de Ayamonte, ciudad donde pasó varios años de su vida por motivos laborales y de cuya luz y colores quedó impregnada toda su obra, le dedicó en la noche del pasado viernes uno de sus paneles de comunicaciones.

Fue un acto emotivo teniendo en cuenta que el ponente fue su hijo, el escultor Alberto Germán Franco, quien centró su intervención en una de las grandes pasiones de su padre: Ayamonte. Poco antes de morir, reveló Alberto Germán, "me repitió insistentemente que los mejores años de su vida los pasó aquí", donde llegó como policía destinado en la aduana, pero en la que "realmente descubrió la luz, limpió su paleta y conoció a numerosos pintores de la Escuela Ayamontina, de los que sobre todo se dedicó a aprender".

Alberto Germán Franco arrancó advirtiendo que su intervención no iba a ser "academicista", sino que sobre todo se iba a centrar a hablar de quien fuera su "compañero y confidente", y de la persona con la que "compartí muchas horas de taller" ya que de lo primero "ya habrá tiempo cuando termine de abrir y estudiar las cajas que contienen el impresionante archivo que acumuló a lo largo de sus 80 años de vida", sin duda un "auténtico tesoro".

José María Franco nació el 4 de febrero de 1936 en el número seis de la calle Rábida de Huelva y, desde muy pequeño, comenzó a dar evidentes muestras de sus inquietudes artísticas. De hecho, según señaló su hijo, con pocos años de edad, el peor castigo que le podía imponer su padre cuando no se portaba bien era el de no llevarlo al taller de pintura de la calle San Cristóbal en el que trabajaban los ahora reconocidos artistas Pedro Gómez y Antonio León Ortega, y para los que fue casi como un hijo adoptivo. De la mano de estos dos grandes maestros dio sus primeros pasos en el mundo de la pintura.

Otro hecho que marcó su trayectoria artística fue la concesión en 1958 de una beca Daniel Vázquez Díaz, gracias a la cual se trasladó a Galaroza, donde descubrió la luz y el color de la sierra onubense, los cuales le acompañarían durante el resto de su vida. Tanto le cautivaron que se los llevó consigo en su regreso a Huelva.

Un hecho sorpresivo en su vida, según relató Alberto Germán, fue su decisión de opositar para inspector de policía, lo cual logró y gracias a lo cual descubrió Ayamonte tras ser destinado a las aduanas de la ciudad fronteriza. No obstante ser policía fue una especia de paréntesis en su vida, ya que lo dejó pronto para dedicarse a lo que verdaderamente le gustaba: la pintura.

Su paso por Ayamonte lo marcó profundamente ya que según su hijo supuso un punto de inflexión importantísimo en su conocimiento de la luz y en su intensa búsqueda de la pureza del color. En esta etapa hizo incluso incursiones en el cubismo, inspirado sobre todo por otro de sus maestros, el mismísimo Daniel Vázquez Díaz.

Tras su paso por Ayamonte regresó a Huelva y aprobó las oposiciones para ser profesor de pintura en Enseñanza Media, siendo su primer destino Cáceres, lo cual le valió parta seguir progresando y para descubrir nuevos campos como la ilustración y la imprenta. En 1985 se trasladó a Sevilla, donde cursó estudios de doctorado centrados en el retrato y el grabado, y ciudad desde la que debido a la cercanía, eran continuas sus incursiones a la sierra de Huelva para seguir progresando hacia el cubismo y casi la abstracción, y obsesionado sobre todo por el color.

Aracena fue su último destino y allí se jubiló, disponiendo desde entonces de mucho más tiempo y donde por tanto "se recreó". Allí también conoció al poeta Manuel Moya, con el que llevó a cabo varios proyectos en los que la pintura, la poesía y los paisajes de la sierra onubense se dieron estrechamente la mano.

Finalmente Alberto Germán desgranó las principales pasiones que acompañaron a su padre durante toda su vida, las cuales indudablemente han quedado plasmadas en su extenso legado artístico, señalando en este sentido la Semana Santa, la literatura, el cartel, la tauromaquia, el pergamino en piel, la cultura de Huelva y en general de toda la provincia, y sobre todo Ayamonte, que "estuvo constantemente en su cabeza" concluyó. Para dar cerrar al acto, el escritor ayamontino Aníbal Álvarez, amigo personal del pintor, le dedicó unas emotivas palabras.

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