Javier Ronchel

jaronchel@huelvainformacion.es

No tenga miedo, Esther

Y ha llegado este jueves, primer día de otoño, con intensas lluvias anunciadas, y pueblos enteros se inundan

Hace unos días me contaba mi cuñada cómo su suegra la había llamado asustada, después de no pegar ojo la noche anterior. Fue por un reportaje en estas páginas sobre el riesgo de que un tsunami llegue algún día a la costa de Huelva. Lo leía muy interesada hasta que le dio por imaginar la escena y verse envuelta en tamaña calamidad. Lo dejó y no durmió.

Los caprichos de la Madre Tierra han querido que, en pleno debate en la calle sobre un posible cataclismo de desconocida fecha, nos encontremos con una erupción volcánica a sólo una travesía de ferry de aquí. Una montaña escupiendo fuego que estudiábamos en libros de texto y veíamos lejana en telediarios, fascinantes documentales y películas catastrofistas con el morbo de imaginar el fin del mundo, planetario o cercano.

Muchos de esos vecinos de La Palma se han enfrentado al fin del suyo, el de su hogar. Y se han visto en el dilema de decidir en sólo quince minutos qué salvar de sus vidas y que condenar a la desaparición bajo la lava. Muy pocos llegaron a contemplar previamente un escenario parecido: ver su propia casa desintegrarse en minutos. Y no será porque no se sabía que esa es tierra volcánica activa. Con erupciones más tardías que frecuentes pero activas. Incluso meses atrás se avanzó lo que sucede ahora; sin fecha ni hora pero con seguridad. Con todas las evidencias que nos da la ciencia.

Y llega este jueves, primer día de otoño, con intensas lluvias anunciadas, con aviso amarillo, con los antecedentes de otros años por estas fechas. Y calles enteras se inundan en municipios de la costa de Huelva. Y vemos agua saliendo a borbotones del alcantarillado, asomando por sumideros de cuartos de baño. El agua se acumula y arrastra en las calles todo a su paso. Sí, como una versión reducida de un tsunami.

La Tierra, dolida, se queja hace tiempo de nuestros excesos. ¿Pequeños avisos? Mejor verlos como oportunidades para no volver a cometer errores cíclicos por pura soberbia de la especie humana que da la espalda al conocimiento.

La pandemia nos ha dejado a todos en evidencia. También este volcán y estas inundaciones. Ya habrá tiempo de echar la vista atrás en busca de explicaciones. Miremos ahora adelante y cuidémonos, por ejemplo, del famoso tsunami. Por eso, Esther, no tenga miedo, que hablar de esto debe servir para actuar ya y que no nos veamos nunca, ni nuestros hijos o tataranietos, con quince minutos para salvar, de verdad, nuestras vidas.

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