Que lleguen ya los extraterrestres

29 de enero 2026 - 03:08

El cosmos, en su expansión constante, alberga una cantidad casi inconcebible de galaxias, alrededor de cien mil millones, cada una repleta de estrellas que, en su mayoría, cuentan al menos con un planeta a su alrededor. Por ello, la pregunta resulta inevitable: ¿por qué aún no hemos tenido noticias de ninguna civilización extraterrestre? Desde hace décadas, la astronomía y la astrobiología exploran estrategias para detectar señales de vida inteligente más allá de nuestro planeta, pero por ahora el universo sigue guardando silencio.

Tras leer con avidez la última novela de Andy Weir, Proyecto Hail Mary, estoy fascinada por la vida extraterrestre. Y, sinceramente, tal y como está el mundo, empiezo a desear que aparezcan de una vez. No para invadirnos, sino para que todo lo demás quede automáticamente en pausa y, por una vez, tengamos una excusa decente para dejar de pelearnos entre nosotros. Tengo la sensación de que el ciudadano de a pie responde cuando la cosa se pone fea: se vuelve solidario, se organiza y, milagrosamente, se le olvidan durante un rato las miserias acumuladas. Es como una especie de jubileo emocional colectivo: cuando el sistema colapsa, se cancelan las deudas, se resetean las culpas y fingimos, al menos por un instante, que empezamos desde cero.

Con algo así se podría conseguir: Oye, paramos las guerras, el señor naranja que se jubile ya y sustituimos El Hormiguero y las mesas de debate de Tele 5 por Noticias del Universo; todo un acierto. Además, qué van a pensar de nosotros cuando nos vean a todos enfadados, tirándonos los trastos a la cabeza y bebiendo zumos detox con sabor a césped cuando existe el caldo de puchero. Más de uno va a pedir que se lo lleven, porque la vida aquí no se sostiene.

Stephen Hawking señalaba que puede que aún no hayamos encontrado señales porque nuestras herramientas son todavía muy básicas o porque las civilizaciones más avanzadas simplemente no responden a nuestra llamada.

Expertos en la paradoja de Fermi, como el astrónomo Eamonn Kerins, explican que incluso si existen civilizaciones tecnológicas, el contacto requiere que ambas partes puedan detectarse mutuamente y que tengan la tecnología adecuada para hacerlo; si no se da esa coincidencia, simplemente no habrá comunicación.

Sea como fuere ya lo único que nos puede sorprender es que marcianito número uno baje y nos salude con sus tres dedos. Yo lo único que pido es que vengan en son de paz y nos ayuden a quitar los nudos de esa madeja llamada mundo que nos robó el gato del vecino mientras hacíamos un chaleco de lana para refugiarnos del frío. ¡Feliz jueves!

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