Cuando septiembre inicia su andadura por toda la ciudad se extiende un aroma que invade los corazones onubenses. Es como si una brisa que viene del Conquero nos aprisionara a todos en el fervor de algo que es devoción hecha realidad.

Se acerca la celebración más choquera de nuestra alma. El día que desde siglos abrimos nuestro espíritu mariano en honor de una Virgen Chiquita que es el más vivo testimonio de amor de nuestra ciudad.

El próximo día 8, fiesta oficial, no laborable, un altar se eleva sobre Huelva para honrar a nuestra Patrona.

Desde que nacimos el santuario del Conquero es el faro de nuestra devoción más noble y arraigada. Allí reside, como en su casa solariega la Virgen de la Cinta. Allí, nos espera cada día para darnos ánimo, amor, esperanza y recibir todas nuestras peticiones más anhelantes.

Siempre recordaré que la primera oración que escuché de niño, cantada por mi madre, fue una balada de cielo con la que me dormía cada noche. Su letra era el testimonio de un sentir que nos acercaba a nuestra Madre en su santuario. Comenzaba diciendo; "Subiendo la cuesta del Humilladero, todos tus hijos a la ermita van". Y embelesado en aquel suave tono maternal, comenzaba mi sueño de ángeles marineros y música tintineante de campanilleros con ecos de voces hechas oraciones para Ella.

Hoy el santuario, bien cuidado con esmero por la Hermandad de la Virgen, es un lugar de cita devocional y real para contemplar la belleza de una mujer, Madre de Dios, que también lo es de todos los que nacimos a la vera del Tinto y del Odiel, entre mantos de cabezos y perfume de lejana huertas, ya desparecidas, que embriagaban nuestros sentidos de Amor a la Patrona.

La Vega Larga, la plaza de la Merced y todo el barrio vivían sus fiestas entrañables. Huelva celebraba su Feria de la Cinta. Unas veladas modestas pero llenas de atractivos. Caseta de baile, atracciones mecánicas que divertían esas tardes y noches veraniegas, puestos típicos de ponche, de higos chumbos, de turrones, de cocos… Horas felices en que el pueblo unido compartía su alegría en honor de la Patrona.

En el templo la espera de la llegada de la Virgen camino del Conquero. La procesión, un enardecido gentío emocionado, junto a la imagen sagrada. Unos tiempos muy distintos a los de ahora pero iguales en el sentimiento.

En el centro de la plaza, bajo el quiosco de hierro, cubierto con su gran lona blanca, la Banda Municipal alegraba con sus sones las noches de las fiestas. Los bares de alrededor acogían al público con toda cordialidad en la Sin Nombre, El Valle, Paco Asunto, El Túnel. El cine Oriente ofrecía sus mejores películas y la tómbola montada por el Asilo de Ancianos animaba ese bello trozo de una Huelva que ya hoy es solo un bello recuerdo para muchos de nosotros.

En el altar del corazón la luz de nuestra mejor devoción alumbraba la imagen chiquita de una Virgen de la Cinta, amor y vida de todos cuantos nacimos en esta bendita Huelva. Y el domingo próximo la reinauguración de los jardines del Santuario. Flores permanente para nuestra Patrona.

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