Me lo confesó un amigo la misma noche del domingo: "El tiempo de prolongación no pude verlo; me fui a la calle porque no aguantaba". Y eso en un partido de enero, no de mayo o junio, que es cuando se cuecen los cuartos; y eso que era sólo el primer envite de la segunda vuelta, pero era evidente que no suponía un partido más porque en esta maldita temporada no hay ningún duelo que se pueda tildar de ordinario. De hecho, desde aquella llamada a la desesperada de marzo de 2016 se puede afirmar que cada enfrentamiento del Decano es una batalla por la vida y por cierta salud de los que tanto pusieron de su parte para que siguiera vivo. Casi siempre supuso contiendas tratando de evitar descensos que no trajeran más impedimentos a la normalización del club, que ahí sigue. Únicamente una de esas veces fue para soñar en grande y poder menguar un tanto los graves problemas; este curso, de nuevo, el precipicio de no seguir en la tercera categoría asoma. Aún se está a tiempo de lograrlo y el gol de Seth tiene mucho que ver para que así sea.

Hace poco decíamos que ojalá diera el paso definitivo el héroe que cada gesta que se precie necesita, ése que corta el cable rojo justo cuando el temporizador marca el último segundo y que coge la bandera de su ejército liderando a los suyos para no volver a soltarla hasta clavarla en nuestro monte Suribachi. Si es Seth el elegido, perfecto; si es Nauzet con otras tantas paradas milagrosas, nos vale; si es Morcillo evitando goles sobre la línea, también; y si cada día se erige en ídolo uno diferente, mejor. Como si Claudio nos calla la boca a todos los que pensábamos que poco podía hacer ya para enderezar la situación. Ojalá nos dé un guantazo sin manos bestial y tengamos que ir de rodillas al Colombino en peregrinación. A mí nada me alegraría más. Justo tras aquel inolvidable y ya mítico gol de Rubén Mesa al Granada B, el Recre visitó Algeciras. Jesús Vázquez y Dani Molina fabricaron allí un tanto que supuso otro escalón decisivo en aquella milagrosa permanencia, así que firmamos que se repita la historia. Milagroso fue, asimismo, que aquellos dos tiros del San Fernando en el añadido no entraran al año siguiente, por no hablar de lo de aquel 30 de junio. Siempre al límite. Siempre resurgiendo cuando menos se espera. El Recre siendo siempre el Recre.

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