Crítica de Cine

El fulgor y la herida

El diseñador Alexander McQueen (Lewisham, 1969-Mayfair, 2010). El diseñador Alexander McQueen (Lewisham, 1969-Mayfair, 2010).

El diseñador Alexander McQueen (Lewisham, 1969-Mayfair, 2010). / d. s.

La intensa y corta vida de Lee Alexander McQueen (1969-2010) reunía todos los requisitos para un biopic documental. El último wonderboy de la moda británica irrumpía en las pasarelas a comienzos de los noventa con su aspecto de hooligan y dispuesto a dejar su impronta romántica, lírica, iconoclasta y salvaje en el mundo de la alta costura sin renunciar a su pose macarra y a sus orígenes de clase obrera.

Su fulgurante carrera lo llevaría pronto a París, de Givenchy a Gucci, aunque serían sus proyectos para su propia marca, cada vez más próximos al arte contemporáneo que a los rígidos protocolos y estándares de la moda, los que harían de él una de las figuras más destacadas y controvertidas de su disciplina.

Los responsables del estupendo documental sobre Brando Listen to me, Marlon abordan ahora la figura de McQueen, de sus orígenes humildes y su formación en Savile Row y la prestigiosa Escuela St. Martins a su suicidio apenas unos días después de la muerte de su madre, desde una perspectiva múltiple y no necesariamente hagiográfica ni complaciente a través de reveladores materiales de archivo casero, imágenes de televisión y entrevistas recientes con algunos de sus más fieles colaboradores y amigos, que lo recuerdan desde aquellos primeros días en los que gastaba el subsidio de desempleo en comprar las telas para sus primeros desfiles hasta sus últimos años de enfermedad, reclusión y trastorno que desembocarían en una tragedia anunciada.

McQueense construye así como un rico y poliédrico relato de ascenso, esplendor y caída, dejando ver entre sus pliegues y su efectivo dinamismo la sombra del trauma infantil nunca superado, los peajes personales del éxito y la atracción por la muerte que siempre acompañaron a un modisto que entendió cada nuevo proyecto y cada nueva colección como una suerte de expiación de sus propios fantasmas.

El mejor repertorio musical de Michael Nyman, colaborador suyo en varias ocasiones, propulsa, atempera e insufla emoción a un relato siempre fascinante, a una historia universal en la que resuenan el eco de tantas otras trayectorias de genialidad truncadas por un espíritu dolorido y frágil bajo la superficie del ego y la creación compulsiva.

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