Cultura

El extraño viaje de Somerset Maugham

  • El autor de 'El filo de la navaja' fue un enamorado de Andalucía, una región que conoció en 1897 y visitó con regularidad en los años 40 y 50

William Somerset Maugham, escritor inglés nacido en París en 1874, hijo de un diplomático, se convertiría en los años 30 del siglo XX en uno de los escritores más populares y mejor pagados del mundo, gracias a su extensa obra -ambientada con frecuencia en lugares exóticos- y a la adaptación de sus novelas y cuentos para el cine y el teatro.

La carrera literaria de Somerset Maugham, prototipo del gentleman británico, parece que comenzó en Andalucía, un episodio muy desconocido y apenas destacado por sus biógrafos y admiradores. Tras finalizar Medicina en Londres en 1897, Maugham emprende un viaje a Andalucía que le llevaría a recorrer Ronda, Córdoba, Sevilla, Écija, Granada, Jerez y Cádiz. Durante su estancia en esta tierra escribiría La meticulosidad de Don Sebastián, el primero de sus relatos publicados, embrión de una larga y exitosa carrera literaria.

Aunque sin duda fue Sevilla el gran amor meridional de Somerset Maugham, una ciudad a la que volvería con cierta regularidad, sobre todo en la década de 1940, en ese primer viaje aprovecha para recorrer media Andalucía. Los recuerdos de su primera gran experiencia vital no los pasaría a papel hasta 1930, año en que la editorial neoyorquina Alfred Knopf publica Andalusia. Sketches and impressions. Llama la atención que Miles Davis también utilizara la misma palabra que Maugham para su maravilloso disco Sketches from Spain.

En su libro Maugham dedica tres capítulos a Ronda, seis a Córdoba, 21 a Sevilla, Écija y Marchena, cinco a Granada, uno a Jerez y dos a Cádiz. Decide evitar Málaga para tener un motivo por el que volver. En Córdoba recorre Medina Azahara, la Mezquita, el puente de la Calahorra y la Puerta Nueva. Sus calles encaladas le sorprenden y llega a decir que la ciudad es como un laberinto en el que es fácil perderse.

"En lo que se adivina, más bien que en lo que se ve, reside buena parte del encanto de Andalucía, en la sugestión de toda suerte de delicadas antigüedades, en el vívido recuerdo de una pasada grandeza". Escribe esto en las ruinas de Medina Azahara, deslumbrado por la prueba de amor del califa para con su amante preferida. En el siglo XIX el sur de España había sido recorrido por viajeros románticos que habían hecho de la región el prototipo del rastro de la civilización oriental que tanto había penetrado en Europa varios siglos antes. En lo que escribe Somerset Maugham se adivina que ha leído a Irving y a otros escritores y académicos antes de su viaje.

La Mezquita le provocó un entusiasmo superior al que había experimentado en Venecia. Y es que mientras que ya había visto diversas reproducciones de los monumentos italianos, nada le había preparado para enfrentarse a la Mezquita, o a la Alhambra o la Giralda. Todo lo que encontró en Andalucía fue inesperado y desconocido.

Recorre la ciudad y afirma que "Córdoba ofrece de inmediato la plena sensación de Andalucía. Es una ciudad árabe, blanca y taciturna". En la Mezquita y el Patio de los Naranjos se siente "transportado a otro mundo". Y Córdoba además "posee ese dulce y estimulante perfume de Andalucía que da, con mayor intensidad que ninguna otra cosa, la completa sensación del país".

"Jamás corre la gente con prisa alguna en un lugar tal como Córdoba. La vida es lo suficientemente larga como para hacer todo lo que es en realidad necesario; para aquel que aguarda todas las cosas llegan a su debido tiempo". Cuando termina su libro y aprovecha para resumir el carácter de los andaluces, señala como sus principales vicios la pereza y la vanidad, que al ser excesiva se convierte en pueril. Por el contrario, destaca como virtudes de los andaluces su amabilidad natural, su tolerancia con las costumbres ajenas y su amor y dedicación a los niños. Y resalta que los matrimonios lo son por amor, y no por conveniencia.

Llama la atención que los estudiosos del gran autor inglés apenas destacaran su querencia a Andalucía. En cuanto a él, su carrera literaria sería prolífica y exitosa, haría incursiones en el terreno del espionaje -en 1917 se le confió una misión en la convulsa Rusia de aquel momento- y en los años 30 del siglo XX se le consideraba el escritor mejor pagado del mundo, gracias sobre todo al cine y al teatro. Que justo en su momento de apogeo profesional encontrara un hueco para escribir las memorias de su primer viaje a Andalucía dice mucho del cariño que debía sentir. Desde el barco se interroga: "¿Quién, cuando deja un lugar que ha amado mucho, puede evitar preguntarse cuándo lo verá nuevamente?". Se fue a mediados de julio de 1898. España se enfrentaba a sus fantasmas.

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