Cultura

Miguel Hernández: del amor y la adversidad

  • José Luis Ferris publica con la Fundación Lara una nueva versión, completada con nuevos testimonios, de su biografía del poeta

  • En marzo se cumplen los 75 años de la muerte del escritor

Miguel Hernández: del amor y la adversidad Miguel Hernández: del amor y  la adversidad

Miguel Hernández: del amor y la adversidad

"No tiene, pues, sentido, a la hora de hablar de los orígenes del poeta Miguel Hernández, atribuirle una infancia pobre y llena de privaciones", escribe el alicantino José Luis Ferris en Miguel Hernández. Pasiones, cárcel y muerte de un poeta (Fundación José Manuel Lara), un proyecto en el que el especialista ha querido "desescombrar" al autor de Cancionero y romancero de ausencias y despojar su leyenda de ese "pedregal de tópicos" que parecía sepultarlo. "Entre ellos", explica Ferris, "el de poeta cabrero, autodidacta, indocumentado. Su padre comerciaba con ganado y ese negocio fue próspero, hasta que por la muerte de un tío suyo el progenitor saca a Miguel de los estudios. Pero lo hace cuando éste tiene 15 años, después de que el chaval lleve diez formándose, y cuando ya sabe latín y traduce del francés", matiza el investigador sobre una figura "instrumentalizada, tanto por la izquierda como por la derecha".

Ferris ya publicó en 2002 una versión preliminar de esta semblanza de Miguel Hernández, revisada ahora para conmemorar el 75 aniversario de la muerte del poeta, que se cumplirá en marzo. "Fue precisamente Ana Gavín [entonces en el sello Temas de Hoy y ahora al cargo de la Fundación Lara] quien me propuso hacer una biografía". Ferris había publicado una novela, El amor y la nada, inspirada en la historia de Miguel Hernández, aunque en la ficción se le otorgaba otro nombre, y una extensa antología que vio la luz en el sello Austral. Al profesor le "pesaba el personaje", pero acabó embarcándose en una aventura que se prolonga hasta hoy.

La nueva edición, ampliada en unas 150 páginas, se ve enriquecida gracias a la aparición en los últimos años de epistolarios como los del hispanista Dario Puccini y la viuda de Hernández, Josefina Manresa; las misivas de Vicente Aleixandre con Hernández y la mujer o la correspondencia que entre sí mantuvo el matrimonio, así como por los diarios de guerra del diplomático chileno Carlos Morla Lynch. Hoy, la vida y obra de Hernández continúan generando hallazgos, como si su legado fuera un material inagotable. "Hace diez días apareció un poema inédito", revela Ferris. "Él regalaba versos a sus compañeros en el frente, y el miliciano enviaba aquel texto a su casa. Hay mucha gente que tiene obra de Miguel Hernández y no lo sabe".

Entre los episodios en los que ahonda el libro está la relación que el poeta mantuvo con la pintora Maruja Mallo, un viaje entre el éxtasis y el desamparo que Hernández trasladaría a las páginas de El rayo que no cesa. "Curiosamente", observa Ferris, "Mallo inspiró dos de los libros más importantes de la poesía española, dos poemarios sobre una crisis sentimental: Sobre los ángeles, de Alberti, y esta obra". Para Hernández, el trato con Mallo no sólo fue determinante en la esfera privada -fue la mujer con la que conoció los placeres del sexo- sino también en su concepción estética: los planteamientos renovadores de la Escuela de Vallecas, a la que la artista pertenecía, condicionaron la mirada del poeta.

Entre sus compañeros más leales, Hernández tuvo a Vicente Aleixandre, que ayudaría económicamente a la mujer cuando el autor de Orihuela estuvo en la cárcel, y cuyo criterio también fue importante para estructurar El rayo que no cesa. "Aleixandre le recomienda que de los cien poemas que ha escrito seleccione treinta, y también en el orden que tienen los poemas se ve la mano del amigo", apunta Ferris. Pero por lo demás Hernández no consigue despertar simpatías en el grupo del 27. "Hay un momento en el que se da cuenta de que es rechazado, que hay una parte de la Generación que no lo soporta", desvela Ferris. "Es la edad de plata de la poesía española, pero sus integrantes eran unos burgueses. Lorca no aguantaba a nadie a su lado que no vistiera de punta en blanco, y llegó a pedir que no se le invitara a las fiestas donde iba a estar Hernández", comenta el especialista. Peores parados salen Alberti y María Teresa León, que según el relato de Ferris abandonaron a su suerte a Hernández al final de la guerra y escaparon en un coche a Elda, precisamente a unos kilómetros de Orihuela, sin contar con él. "Cuando salió por primera vez mi biografía, ese capítulo despertó polémica, pero los diarios de Morla Lynch confirman lo que yo contaba", asegura el también biógrafo de Maruja Mallo y de Carmen Conde.

Hernández llegó a dirigir La Barraca tras la muerte de García Lorca, y por este motivo fue enviado a Moscú en 1937 como parte de la delegación que representaba a España en el V Festival de Teatro Soviético. "Volvió enamorado del pueblo, asombrado de las fábricas brutales, pero también sospechando que el Gobierno sólo le enseñaba lo que querían que viera. A la vuelta hizo escala en París, donde estuvo con Alejo Carpentier, Octavio Paz y Elena Garro, y hay testimonios que dicen que se le veía desolado".

Para la celebración del 75 aniversario de la muerte de Hernández, Ferris pide "que se haga lo posible para que se le lea". "Si una compañía de teatro quiere hacer una obra sobre él, que no se le exijan unos derechos de autor imposibles. Los herederos tienen derecho a cobrar, pero dentro de una lógica", sostiene el investigador, que recuerda que cuando Joan Manuel Serrat adaptó los poemas de Hernández, su viuda sólo le pidió al cantante "un tocadiscos para poder escuchar las canciones". El profesor resalta la dimensión de "ejemplo ético" de Hernández. "Es una persona que lucha por un sueño cuando lo tiene todo en contra, empezando por su padre, que no entiende su vocación", sostiene. "Es alguien que, frente a la Generación del 27, parece llegar tarde al tren pero logra subirse al vagón. Y con la poesía de guerra se colocó de maquinista. Es muy difícil hacer lo que hizo él, combinar la calidad literaria y el compromiso. Alberti lo intentó y sólo le salieron panfletos".

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