Leo Bassi regresa al Centro TNT "Sólo el feminismo y la ecología luchan hoy contra el sistema"

  • Leo Bassi se mete este fin de semana en la piel del "creador del fascismo" en la obra 'Yo, Mussolini', un nuevo monólogo en el que el bufón aplica su mordaz e irreverente mirada sobre "Podemos, Vox o la inmigración"

Leo Bassi (Nueva York, 1952), este jueves durante la presentación de la obra en el Centro TNT. Leo Bassi (Nueva York, 1952), este jueves durante la presentación de la obra en el Centro TNT.

Leo Bassi (Nueva York, 1952), este jueves durante la presentación de la obra en el Centro TNT. / José Ángel García

Es la sexta vez que Leo Bassi visita el escenario del Centro TNT. "Un auténtico regalazo, porque viene a taquilla y haciendo un gran esfuerzo personal", dice el director de este centro de investigación teatral y de la compañía Atalaya, Ricardo Iniesta, cuya amistad con Leo Bassi se remonta a 1979. Cuarenta años en los que han cambiado muchas cosas, excepto la coherencia y el compromiso de este artista, que pertenece a la sexta generación de una gran familia de humoristas circenses –su padre trabajó con Groucho Marx en Estados Unidos– y que esta noche estrena en Sevilla su último trabajo teatral, Yo, Mussolini.

Pero no es una casualidad que la pieza llegue en este momento, cuando la extrema derecha se hace visible en la política y en la vida andaluzas. "La gente de circo siempre vivimos a pie de calle y hace tiempo que en las calles de muchos países se viene observando un preocupante crecimiento del pensamiento fascista. Naturalmente, yo no quiero quedarme al margen; con mi instinto de bufón, quiero entrar en el juego y dar mis opiniones. Y respecto a Mussolini, mi elección se ha debido a dos causas: la primera es que fue él quien creó el fascismo, el modelo de fascismo que luego se propagó a otros países, y la segunda es que llevo media vida escuchando de boca de mis amigos que me parezco muchísimo a él", decía ayer Leo Bassi en la presentación de su nueva obra.

Parece ser que, al indagar en el personaje, al oír o leer de nuevo sus discursos, Leo Bassi se quedó maravillado por la personalidad de este hombre al que admiraron, entre otros, los futuristas, los sionistas (él apoyó directamente la creación del Estado de Israel) y los banqueros, con Rockefeller a la cabeza. Un hombre bastante payaso pero increíblemente carismático que en 1936 fue elegido Hombre del Año por la revista estadounidense Time.

Leo Bassi imitando al dictador italiano durante la presentación de su monólogo. Leo Bassi imitando al dictador italiano durante la presentación de su monólogo.

Leo Bassi imitando al dictador italiano durante la presentación de su monólogo. / José Ángel García

"He descubierto muchísimas cosas sorprendentes y aunque detrás de todo, como demuestra su muerte, colgado por los pies, como un cerdo, sólo hay una gran mediocridad, no he querido ridiculizarlo. No he pretendido hacer lo que hizo Chaplin en la película El gran dictador. Incluso diría que si alguien de ultraderecha viene a verme no creo que se sienta ofendido. He intentado hacer un Mussolini teatral que haga vibrar al público contándonos lo que piensa de los temas de actualidad: Podemos, Vox, la inmigración... Quiero despertar las conciencias de los humanistas que quedan y dar miedo al público, para que vean que el discurso del miedo de la extrema derecha no es más que mediocridad. Y sobre todo, quiero plantear cuestiones: por qué la izquierda ha sido absolutamente incapaz de renovarse y de afrontar las verdaderas cuestiones en temas como el de la emigración –Lagos, por ejemplo, es una ciudad invivible de 32 millones de habitantes, y si todos deciden venirse a Europa...– o por qué una secta persa que se dice marxista musulmana financió el arranque de Vox con 400.000 euros", explica con vehemencia el artista.

A pesar de esta inmersión en la vida y en el pensamiento de Mussolini, o tal vez a causa de ella, se pone de manifiesto claramente que el fascismo que está regresando a muchos países (y ahí están Salvini, Bolsonaro o el propio Trump para probarlo) es muy diferente al del siglo pasado. Tal vez porque en la historia –y Bassi cita aquí a Hegel y a Marx– las grandes tragedias sólo pueden regresar como farsas.

Lo que nadie puede ni debe dudar es que en Yo, Mussolini habrá una gran dosis de provocación al estilo Bassi, es decir, que no saldrán indemnes ni los fascistas ni los que se sienten de izquierdas pues, según el humorista: "Hoy no existe la izquierda porque la que había se mete la cabeza bajo el ala, como los avestruces, ante las grandes cuestiones que debía plantearse. El lema otro mundo es posible es completamente falso. En la sociedad actual, el feminismo y la ecología son los únicos que luchan contra el sistema. Por eso hay una reacción tan visceral contra ellos. El auge del feminismo ha hecho que el machismo más bajo se sienta amenazado y la ultraderecha juega siempre con los miedos. Aunque sus discursos sean mediocres y no tengan fundamento, de un modo u otro destapan la caja de Pandora, la de los instintos y los miedos y, una vez abierta, ¿quién es el listo que vuelve a ponerlo todo dentro? No olvidemos que aunque seamos seres racionales, nuestra racionalidad se apoya en un cuerpo animal y al mamífero que somos le gusta la confrontación, la guerra".

Otro momento del acto protagonizado por el bufón italiano. Otro momento del acto protagonizado por el bufón italiano.

Otro momento del acto protagonizado por el bufón italiano. / José Ángel García

Leo Bassi ha luchado siempre por una sociedad más libre y abierta en la que se puedan expresar democráticamente todas las opiniones; por eso no se ha arredrado jamás, a pesar de las amenazas y de la bomba que pusieron en el Teatro Alfil de Madrid, el 6 de marzo de 2006, a un metro escaso de su camerino. O de los grandes problemas que tuvo con la representación de su obra más emblemática, La Revelación. El espectáculo, que criticaba en profundidad el monoteísmo en relación con la condición de la mujer, la sexualidad y la ecología, ofreciendo una defensa de los valores laicos, no gustó demasiado a algunos fundamentalistas cristianos. Algunos de ellos, por ejemplo, sin conocer la obra, lograron presionar, entre otros, a los alcaldes de Utrera y Marchena (en 2007) para que suspendiera las actuaciones programadas de dicha obra, en una gira organizada por la Diputación de Sevilla.

Como revancha, el bufón Leo Bassi llevó a cabo una de sus mejores bufonadas: crear la religión Patólica, cuyo dios es un patito de plástico amarillo, y abrir en un localito madrileño el Paticano. En éste, un pequeño espacio en el que caben apenas 30 personas sentadas y otra veintena de pie, oficia algunos domingos una especie de misa laica en la que el bufón habla de lo que quiere y se expresa como quiere, "sin pedir permiso a ningún partido político y a ninguna multinacional". "Yo no he puesto carteles ni he hecho publicidad jamás –dice el artista–, pero veo con sorpresa que cada día viene más gente con sus maletitas, porque ahora incluso viene recomendado en algunas webs para turistas. Y lo más gracioso es que no aparece entre los teatros o lugares de entretenimiento sino entre los lugares de culto".

También el Paticano fue objeto de un atentado en agosto de 2016, cuando alguien, aún por descubrir como el que puso la bomba en el Alfil, rompió la puerta y lanzó un líquido inflamable a su interior. Pero Leo Bassi, nacido y criado en un circo, sigue sin tener miedo y, sobre todo, sin necesidad de combatir más allá de sus palabras y su arte. Un arte que podrán ver este viernes y mañana (21:00) bajo el título Yo, Mussolini, en el Centro TNT del Distrito Norte. Y quedan ya muy poquitas entradas.

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