War room

El virus de la crispación política

  • El virus de la crispación política está causando estragos justo en el momento que más necesitamos consenso y es otra de las tristes consecuencias de esta pandemia

El virus de la crispación política El virus de la crispación política

El virus de la crispación política

Autocensura. Ésta ha sido la recomendación de Patxi López a sus señorías tras la pobre imagen ofrecida por los políticos durante una de las sesiones de la comisión del Congreso para la reconstrucción social y económica tras el coronavirus. El virus de la crispación política está causando estragos justo en el momento que más necesitamos consenso y es otra de las tristes consecuencias de esta pandemia.

Pocas veces se ha visto a un político abroncar en público a sus compañeros diputados. Tan lamentable fue el espectáculo que estaban ofreciendo, que López estalló: “¿Es que no estamos entendiendo nada?”, les preguntó. “La gente no espera que estemos todo el día en la crítica, en la descalificación, en el insulto. Si hay un momento en el que podemos demostrar para qué sirve la política es éste. Y si no, ¿para qué estamos aquí?”.

Malos tiempos para la lírica, cantaba Germán Coppini en los años 80. Y vuelven a ser malos, porque, según conseguíamos doblegar la curva, utilizando el lenguaje de la pandemia, la tensión política ha ido escalando hasta alcanzar niveles insoportables. En una entrevista publicada en este grupo editorial, un 70,4 por ciento de los consultados se muestra preocupados o muy preocupados por la crispación política y sólo a un 8 por ciento no les importa este hecho. Y pese a las evidencias, la política sigue su propio curso, enredada en una espiral de insultos y haciendo oídos sordos al clamor ciudadano.

Esta falta de empatía con el sufrimiento podría obedecer a tácticas electorales o, incluso, a un vacío de ideas y de propuestas para afrontar la crisis social y económica que ya estamos padeciendo. El despliegue de esta maniobra de distracción, recurriendo a la crispación y al insulto, está ofreciendo una imagen muy pobre de la política española y ahonda en la desafección de los ciudadanos.

Hace 20 años, el pensador chileno Carlos Matus ya situaba como principal causa del descrédito el hecho de que “la política está desenfocada de los problemas de la gente. La política genera sus propios problemas y los políticos se dedican a resolver los problemas de la política y no los problemas de la gente”. Y añadía: “domina un sistema de baja responsabilidad; nadie le cobra cuenta por desempeño a nadie, por consiguiente, da lo mismo hacerlo bien que mal”.

La creciente ruptura entre las sociedades y sus dirigentes está poniendo en crisis el sistema político. Numerosos indicadores relacionan la caída de la satisfacción con la respuesta que el sistema político ofrece a los problemas que las sociedades tienen, de ahí la indignación que han expresado movimientos como los chalecos amarillos franceses. El presidente de la asociación Cigob, Luis Babino, asegura que “los antisistemas son el resultado de la crisis de la política” y cree necesario “llamar la atención al sistema político para responder con más calidad y recuperar la afección de la sociedad hacia sus representantes”.

Temperatura política

No ha sido Patxi López la única figura pública que ha alertado de la crisis política que estamos viviendo. El expresidente del Congreso, José Bono, también ha criticado a los líderes políticos que están elevando la temperatura de la discusión política, y considera que el Congreso “no es reflejo de la crispación de la sociedad porque no toda la sociedad vive en un estado de crispación”.

El pasado 27 de mayo, Iñaki Gabilondo pronunció unas duras palabras contra todo el arco político alertando de que “todos los problemas económicos, sociales, incluso sanitarios, están sepultados en la escombrera de esta guerra política”. “El sesgo que ha tomado la disputa política es una indecencia, una deslealtad para con los ciudadanos y una grave imprudencia que está exacerbando el cainismo nacional”, afirmó Gabilondo, quien pidió buscar soluciones “entre todos” a este “gravísimo problema”.

La respuesta a esta plegaria fue una refriega virtual en la red social de la crispación, Twitter. Entre unos y otros, es decir, entre los que critican su equidistancia porque refuerza a los partidos de la confrontación salvaje, y los que lo acusan de atribuir a “la clase política” los errores del gobierno para tapar su incompetencia, convirtieron a Gabilondo en tendencia esa mañana y consiguieron echar aún más gasolina al fuego.

Y es que es en las redes sociales donde la batalla de la crispación se está librando con mayor crudeza una vez que palabras como “terrorista”, “golpista”, “pirómano comunista” o “sepulturero” traspasan las paredes del Congreso. El territorio digital puede ser un aliado muy importante para la política. “Y un tremendo dolor de cabeza”, según Luis Babino. En su opinión, “las nuevas tecnologías solucionan muchas necesidades de la gente, pero existe el peligro de que los algoritmos dominen las decisiones políticas. En esa tensión se va a resolver el siglo XXI”.

Clivajes

Los clivajes son líneas de ruptura, divisiones enraizadas en cada sociedad, que en ciencia política ayudan a explicar el conflicto y la tendencia del voto según la división de votantes en diferentes bloques. Los cuatro clivajes básicos se relacionan con modelos sociales históricos: iglesia-estado, empresarios- trabajadores; centro-periferia y campo-ciudad. Un quinto clivaje ha sido elaborado para explicar las nuevas demandas sociales que ponen de manifiesto conflictos como la ecología, la igualdad de género, la paz mundial o la calidad de vida de las personas.

El consultor Javier Sánchez Galicia considera que, a raíz de la pandemia del Covid-19, se está configurando un nuevo clivaje denominado salud vs economía, cuya confrontación radica entre quienes protegen la economía de las naciones y quienes están a favor de las vidas humanas, y afecta sobre todo a aquellos países más avanzados donde la supervivencia material representa una inquietud. Sánchez Galicia sitúa la confrontación entre científicos y políticos y modula la respuesta de los países a la pandemia. Mientras que Europa se resistió en un primer momento a detener la actividad económica, países como El Salvador, Guatemala y Argentina antepusieron la salud a la economía.

Para Sánchez Cuenca la pandemia ha reconfigurado el discurso político, canalizando una carga negativa y una narrativa construida a partir de la crisis sanitaria. El “ya está bien” de Patxi López evidencia esta realidad.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios