Gente Inteligente

De cómo usar la nostalgia para avanzar

  • Cualquier sentimiento, gestionado de forma inteligente, es un punto de apoyo para el crecimiento y la mejora personal, pero no atenderlo nos puede pasar factura con el tiempo

Es un domingo de agosto cualquiera, nueve de la noche. Se intuye otro atardecer tardío de verano. Mañana vuelve usted al trabajo después de unas pequeñas vacaciones. Hace poco fue su cumpleaños. Está ya a punto de entrar en la década del cinco, y eso le tiene un poco más sensible. Desde donde está, ve un grupo de niños y niñas jugando en una plazoleta. Tiran un balón al aire gritando. Corren todos menos uno, un chiquillo pelirrojo que se parece muchísimo a un amigo suyo del cole. Ese chico coge la pelota y grita: ¡pies quietos!, y de pronto le invade una sensación que no sabe definir bien. ¿Alegría y tristeza a la vez? Le acaba de atrapar la nostalgia.

La nostalgia es uno de los muchísimos sentimientos que construimos a partir de emociones más básicas, como son en este caso la tristeza y la alegría. La primera nos trae un mensaje de pérdida, y por eso duele. La segunda nos endulza el sentimiento con sensaciones placenteras.

E igual que con otros sentimientos, a veces buscamos sentir la nostalgia, y nos regodeamos en recuerdos mirando fotos o simplemente con nuestra memoria, y otras veces llega sin avisar, detonada por un gesto, una sensación, un sonido, un olor...

Con mayor o menor intensidad, la tristeza y la alegría se conjugan para dar lugar a sensaciones de añoranza o morriña -que diría mi gente de Galicia-, y eso puede aportarnos cosas positivas o convertirse en un problema. Es lo que ocurre con todos los sentimientos, que bien enfocados son útiles y mal enfocados nos hacen daño.

Cuestión de tiempo

Para mí fue toda una revelación estudiar cómo modelan nuestras experiencias emocionales el factor tiempo y el hábito. Primero surge la emoción, y en segundos la procesamos fisiológicamente. Se producen efectos orgánicos y expresiones corporales más o menos intensas: cambios hormonales, cambios en el ritmo cardíaco, en la conductancia de la piel, en la temperatura, en las posturas, en los gestos faciales, etc. Cada emoción tiene su patrón característico. El cuerpo se prepara así para dar la mejor respuesta a la situación que le está provocando esa experiencia emocional, por eso todas las emociones son positivas.

La tristeza y la nostalgia entran en el juego de nuestras emociones. La tristeza y la nostalgia entran en el juego de nuestras emociones.

La tristeza y la nostalgia entran en el juego de nuestras emociones.

En minutos, a veces horas, vivenciamos las emociones. Ahora imagine que esa experiencia emocional se mantiene en el tiempo días o semanas. Así se convierte en un estado de ánimo. Cuando son meses, podemos llegar a hablar de trastornos emocionales. En meses o años, esos trastornos se convierten en cargas emocionales, ya más dañinas y complicadas de resolver. Y, con más tiempo, llegamos a desarrollar rasgos de personalidad que definen nuestro carácter.

Veamos una posible evolución de la nostalgia. Acaba de escuchar ¡pies quietos! y sonríe con sutil alegría recordando quizás los recreos de su cole, y a la vez siente un poco de tristeza por el tiempo y las amistades que no volverán. Eso ocurre durante minutos, mientras la tristeza le rebaja su tono muscular, bloquea la producción de serotonina y le induce a un estado más reflexivo, entre otros efectos. Son cambios fisiológicos positivos, porque le preparan para usar la tristeza de forma adaptativa, esto es, para su bien.

Pero si no gestiona de forma adecuada esa nostalgia, en días o semanas habrá generado un estado de ánimo asociado a ese sentimiento nostálgico, evolucionando quizás a otros sentimientos relacionados, pero menos constructivos y con menos presencia de alegría, como es la melancolía. Imagine ahora que durante meses y años está usted en un estado melancólico… ¿Nota el peligro de no gestionar adecuadamente sus emociones?

Gestionar de forma inteligente la nostalgia

No es malo, ni muchísimo menos, sentir nostalgia. No es malo sentir nada de lo que sentimos. De hecho, hay que reconocer y facilitarnos el poder sentirlo para seguir. Lo que es peligroso es evitarlo, o engancharnos a los sentimientos demasiado tiempo en vez de usarlos para avanzar. Por eso, tenga en cuenta que todos los sentimientos sirven para algo.

Uno de los murales de Banksy tal vez quien mejor transmita ese sentimiento de tristeza nostálgica. Uno de los murales de Banksy tal vez quien mejor transmita ese sentimiento de tristeza nostálgica.

Uno de los murales de Banksy tal vez quien mejor transmita ese sentimiento de tristeza nostálgica.

Hay estudios que demuestran que las personas experimentan nostalgia para encontrar un impulso vital en determinados momentos, como si fuera una especie de refuerzo emocional para buscar en el futuro experiencias similares a las pasadas, e ilusionarnos. Por ejemplo, echar de menos nuestra casa para preparar con creatividad la vuelta.

También puede servir para sentir más seguridad en el presente, apoyándonos en el recuerdo de experiencias pasadas. Por ejemplo, recordar lo bien que se nos daba algo para volver a estudiar o entrenarlo.

La nostalgia, igualmente, es un buen “cemento” social, porque fortalece relaciones personales que se retroalimentan hablando de las experiencias compartidas que no se desean olvidar. Esto da sentido a los encuentros anuales de compañeros y compañeras de estudios, por ejemplo.

Y, cómo no, la nostalgia es una buena herramienta para aprender a valorar mejor lo que tenemos en el aquí y el ahora, que es algo mucho más difícil e importante de lo que parece.

Siguiendo la pequeña historia con la que empezó este artículo, conductas útiles podrían ser: buscar en Facebook a su amigo pelirrojo, o enseñar a los niños y niñas de su entorno a jugar a pies-quietos, o encontrar una motivación para hacer algo de deporte, o valorar y cuidar a esas amistades que están a diario en su vida, aunque no compartieran recreo escolar.

Así que la próxima vez que le atrape la nostalgia, ya sabe: no se enganche y haga algo. Sienta la nostalgia y decida conductas concretas para evitar entrar en melancolía.

Por mi parte, estaré rememorando con cariño nuestros domingos de #GenteInteligente para volver con fuerzas renovadas y aún más ilusionada tras el verano. ¡Nos vemos en septiembre! ¡Cuídese!

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