Seguridad

Una oleada de robos desata las alarmas en el Polígono San Sebastián

  • La churrería Picasso ha sido objeto de dos asaltos: uno sin violencia y otro en el que el caco atacó al dueño con un martillo

  • Un supermercado o la asociación de vecinos también han sido víctimas de las sustracciones

Terraza de la churrería Picasso, en el Polígono San Sebastián. Terraza de la churrería Picasso, en el Polígono San Sebastián.

Terraza de la churrería Picasso, en el Polígono San Sebastián. / H. Información (Huelva)

La barriada del Polígono San Sebastián de Huelva vive desde hace unos días con el corazón encogido a causa de los robos que viene padeciendo. Los testigos hablan de un caco que actúa solo, un hombre alto y atlético de más de “1,82 de estatura”, que a veces usa pasamontañas y que no ha dudado en usar la violencia para asaltar varios locales.

Uno de ellos, la churrería Picasso de la glorieta de los Orfebres, ha sido objeto de dos ataques en solo dos días. Su propietario, Eduardo Serrano, narra a Huelva Información que el primero de ellos se produjo el pasado martes. Eran las 6:40 cuando su pareja y él se encontraban montando las mesas y las sillas de la terraza. Había visualizado a un “hombre alto que estaba como hablando por teléfono” en las inmediaciones. Lo siguiente que percibió fue un ruido. Lo vio ya a cierta distancia de la churrería. “Vestía pantalón vaquero y sudadera oscura”.

Las puertas de su negocio estaban abiertas y “entró dentro y se llevó todos los billetes de diez euros de la caja, 150 euros en total”. Fue rápido y no forzó nada. Ni siquiera se llevó los billetes de cinco euros ni las monedas para el cambio.

El jueves 22 su pareja y él aparcaron junto a establecimiento a las 6:05. “Quité la alarma, abrí la puerta, encendí las luces y nos fuimos al almacén a cambiarnos de ropa”, cuenta Serrano a este periódico. Entonces alguien llamó a la puerta y exclamó: “¡Te dejo el pan fuera!”. Pensaron que era el panadero. Pero el caco volvió a repetir el mensaje “en español, es español”. A Eduardo no le había dado tiempo ni de atarse los cordones de los zapatos.

“Abrí la puerta y no vi a nadie, pero no llegué a asomarme del todo”. Quizá este gesto le salvó de un tremendo golpe de consecuencias nefastas. “Gritó y se me abalanzó encima con un martillo, me tiró al suelo de espaldas, pero logré aguantarle la mano del martillo”.

Su pareja, petrificada, no paraba de gritar mientras se producía el ataque. “Conseguí darle una patada en el pecho y echarlo fuera del local”.

Su impulso fue salir a correr detrás del encapuchado. La adrenalina llevó al empresario a seguirlo por varias calles. “Se metía por los soportales, se ve que conoce bien la zona, y llevaba pasamontañas y una bandolera en la que le vi meter lo que supongo que era el martillo”, explica Eduardo. Finalmente desistió de la persecución y llamó a la Policía.

“Luego nos fuimos al médico: tengo lesiones en el labio, en el cuello del forcejeo y el brazo izquierdo arañado”. Lógicamente perdió esa jornada de trabajo y el susto "nos tiene paralizados". De hecho, "hemos empezado a abrir una hora más tarde, a las 8:00, para que haya más gente en la calle, y hemos cambiado las rutinas”.

Serrano precisa que el pasado martes también se registró un robo en la asociación de vecinos del Polígono San Sebastián, que forzaron una reja y se llevaron hasta un plasma. Y en el supermercado Dia de la avenida de Galaroza “el ladrón esperó en el baño a que cerraran e hicieran caja y llegó a empujar a la cajera”. Ahora, con “el susto en el cuerpo”, solo esperan que la Policía atrape al asaltante lo antes posible.

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