Juan Lajusticia Bagüés, mi gran amigo maño

Gente de Aquí y Allá

Un gran amigo en los inicios topográficos que perdió la vida en un accidente de carretera

Expedito Vázquez Tejero, escritor e investigador sobre el estraperlo

Juan Lajusticia Bagüés, a la izquierda.
Juan Lajusticia Bagüés, a la izquierda.
Fernando Barranco Molina

17 de junio 2024 - 07:00

Ahora que llevo escritas varios centenares de semblanzas de amigos, me dicen muchas veces que quien tiene un amigo tiene un tesoro. Y es verdad, los amigos son verdaderas joyas y hace mucho tiempo que perdí a uno muy importante, Juan, en un terrible accidente de tráfico. Maldita carretera. Pero a pesar del tiempo transcurrido, me sigo acordando mucho de él, porque tuvimos muchas vivencias juntos cuando éramos jóvenes. Os lo voy a contar, queridos lectores, y así le hago este pequeño homenaje a quien fue mi buen amigo y compañero de trabajo.

Lo conocí estudiando la carrera de Ingeniería Topográfica en Madrid. Él venía de Zaragoza y yo de Huelva y pronto hicimos una bonita pandilla los más afines: Pedro Gallego, sevillano; Toño García Uyarra, madrileño; María Jesús Simón Manrique, de Ponferrada; Jordi Costas, de Barcelona; Manolo Guillén de Zafra; José María Cafrune, por su parecido con el argentino; y yo. Nos reuníamos para estudiar juntos y, al salir de los exámenes, curiosamente un día un fotógrafo que había cerca de la escuela nos hizo una foto. Luego, otro día, en el tablón de anuncios, vimos que solicitaban a dos alumnos aventajados para trabajar de topógrafos los fines de semana en Ávila y Juan, que era muy lanzado, me preguntó si nos atrevíamos y le dije que sí. Nos escogieron y así estuvimos durante muchos meses viajando a Ávila para realizar toda la topografía para la Escuela General de Policía, que se estaba empezando a construir.

Otro día, un nuevo anuncio en el tablón de la escuela, buscando otros dos estudiantes del último curso para ir a Almería. Y allá que nos fuimos, otra vez, Juan y yo. Nos dieron un dinero y un coche y nos pusieron un jefe que era un capitán del ejército, Miguel Ángel Bonel Esperanza, con el que aprendimos mucho. Al cabo de los años, este militar ya comandante, fue el ayudante de campo del general Armada, implicado en el intento de golpe de Estado del año 1981. Con esta empresa aprendimos mucho, haciendo el plano fotogramétrico de todo el cauce del río Almanzora, que se iba a canalizar. Después nos trasladaron a Barcelona para confeccionar el Plano del Tibidabo. Además de trabajar, no vivíamos mal, hacíamos turismo, ganábamos dinero, aprendimos y nos fuimos haciendo un nombre en nuestra profesión. Tanto es así que nos tuvimos que separar, porque él fue llamado para formar parte de los servicios técnicos del ayuntamiento de Zaragoza y yo del de Punta Umbría.

A partir de ese momento nuestras vidas cambiaron. Él se casó allí en su tierra y yo en la mía, pero no por eso dejamos de vernos, ya que ellos venían a visitarnos y nosotros también viajábamos a verlos a ellos. Pero ambos tuvimos hijos y ya desde entonces simplemente nos llamábamos por teléfono. Yo había ido a Zaragoza varías veces y conocía a sus padres. Juan era hijo único y los amigos de su “Juanico” éramos muy queridos. Recuerdo que el padre era un trabajador y estaba muy orgulloso de que su hijo estuviera adquiriendo un puesto importante en la sociedad. Cuando Juan me llamaba, tanto su padre como su madre Agustina, se ponían siempre al teléfono para saludarme. Era un cariño muy especial, el mismo que yo le tenía a ellos.

Un día recibí una llamada desgarradora, comunicándome que Juan acababa de morir en un accidente de tráfico y se me vino el mundo abajo. Pedro Gallego, que a todo esto estaba también en el Ayuntamiento de Sevilla, y yo, nos fuimos inmediatamente a Zaragoza al entierro a acompañar a sus pobres padres, que estaban rotos, y a su esposa, con un hijo pequeñito de solo 3 años.

Estuve mucho tiempo destrozado por la muerte del que fue mi gran amigo y compañero en mis comienzos topográficos. Llamaba mucho a su viuda y a su hijo, al que siempre le enviaba regalos cuando era su cumpleaños y su santo, se llamaba igual que su padre.

Decía al principio que quería, con estas letras, tener un recordatorio porque le debía unas palabras de cariño a Juan, a su esposa, a su hijo y a esos padres que al cabo de los años murieron en su pena, de la que nunca salieron.

He escrito una breve semblanza de nuestros amigos Pedro Gallego, que también desgraciadamente murió antes de tiempo; Manolo Guillen, de Zafra, con el que me veo a menudo y que no sabemos por qué no estaba en la foto ese día, tal vez estaba jugando al billar o paseando con Rosita por El Retiro; José Miguel Bel, más conocido como “Belillo”, al que le gusta venir a Punta Umbría; y Bonifacio Casas, el célebre “Boni”, que siempre tratamos de vernos mucho. Y aunque a Juan Lajusticia Bagüés no lo puedo ver, lo tengo siempre presente. Y es por eso por lo que hoy escribo estas palabras sobre nuestra amistad, porque para mí sigue vivo.

Ahora, al cabo de 45 años de su muerte, me ha dado por investigar para localizar a su hijo y lo he conseguido, porque Google lo sabe todo y con solo introducir su nombre y apellidos enseguida supe que Juan Lajusticia Bernardo era el director de un conocido hotel de Logroño. Así que llamé y la amable señorita que me atendió me confirmó que sí, que era el director y que le pasaba la llamada, sabiendo mis intenciones.

Vaya alegría que nos llevamos los dos al hablar. Me contó que vivió unos años con sus abuelitos, lo que le dio mucha vida y cariño hacia ellos, sabiendo que así no estaban solos; que su madre está muy bien y que, a pesar de vivir en Zaragoza, se compró un piso en la capital de La Rioja, donde vive él con su esposa y su hija Martina, que ya tiene 16 años. Hablamos mucho tiempo y le conté cosas de su padre, de su simpatía y del gran corazón que tenía y él me contó que le gustaban mucho los idiomas y estudió la carrera de Turismo y que por eso está donde está.

Hemos quedado en que este verano vendrán a conocer el sur, ya que nunca han venido y, por tanto, nos harán una visita a Punta Umbría, donde serán recibidos con los brazos abiertos, igual que cuando venían sus padres.

He titulado este artículo, “mi gran amigo maño” porque leyendo el Diccionario Etimológico Aragonés, define la palabra “maño” como expresión cariñosa que significa amigo, compañero, hermano. Y es eso es lo que siempre sentí y siento por Juan Lajusticia Bagües, que, como dije antes, quien mucho se recuerda, no muere nunca.

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