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Jergas y marcos mentales de la pandemia

  • El lenguaje especial que generan las crisis esconde por lo general situaciones duras, difíciles y, por tanto, tiene la misión de dulcificar la realidad

Jergas y marcos mentales de la pandemia Jergas y marcos mentales de la pandemia

Jergas y marcos mentales de la pandemia

Cada crisis tiene su propio argot, una colección de palabras no empleadas anteriormente o no en ese contexto, y que incorporamos a nuestro lenguaje con total naturalidad. La jerga que generan las crisis esconde por lo general situaciones duras, difíciles y, por tanto, tiene la misión de dulcificar la realidad.

Las palabras tienen la capacidad de moldear nuestra manera de pensar. Quien primero pone el nombre, establece el marco mental con el que los demás percibimos el conflicto o la crisis, de ahí que no llamar a las cosas por su nombre se haya convertido en lo más parecido a una carrera de cien metros lisos.

Nueva normalidad (la crisis económica que se avecina), la España que madruga (la clase trabajadora), revuelta de las mascarillas y la España indignada (caceroladas contra el Gobierno), curva (muertos y enfermos), confinamiento (reclusión), distancia social (alejarse de los demás), disciplina social (cumplir las normas), desescalada (suavizar las restricciones), pico (de la curva), movilizar (los miles de millones contra el coronavirus que serán prestados, gastados, avalados, invertidos o subvencionados), test (pruebas) e hibernación (parar la economía) son sólo algunas de las palabras generadas en esta crisis y que se han incorporado a nuestro vocabulario del día a día.

Este tipo de jergas no son más que eufemismos que tienen como objetivo blanquear la realidad, despojándola de dramatismo para que se nos haga más soportable. También permite disimular o justificar algunas difíciles decisiones que los gobiernos tienen que asumir y que, en circunstancias normales, provocarían el rechazo frontal de la población.

En la última crisis que vivimos antes de la pandemia, la económica, también creó su propio lenguaje. Todo comenzó cuando el gobierno decidió no emplear la palabra “crisis” y la sustituyó por “desaceleración económica”. A partir de ahí se “enriqueció” nuestro vocabulario con términos que hasta el momento nunca se habían aplicado en ese ámbito: brotes verdes, suave desaceleración, champions ligue de la economía, prima de riesgo, marea, acampada, escrache, hombres de negro, crecimiento negativo, austericidio, reformas, ajustes, planes de saneamiento y viabilidad, devaluación competitiva de los salarios…

El lenguaje no es neutro. Permite a quienes ostentan el poder construir diferentes realidades, de ahí que cada crisis venga acompañada de su correspondiente vocabulario. Según el analista Ignacio Varela, la creación y el uso de estas jergas tienen su propio circuito: es un lenguaje que se genera en el mundo de los expertos, luego lo toman los estrategas de la comunicación, los políticos lo hacen suyo, lo reproducen los periodistas y termina repitiéndolo todo el mundo.

Interpretar el mundo

Los discursos políticos no son informativos, sino que tratan de convencer con palabras, de ahí su valor estratégico. Y para ello, debe dominar no sólo los aspectos cognitivos, sino también la parte emocional, creando un marco discursivo global. Estos marcos que se activan con el lenguaje, según la definición del lingüista George Lakoff en su célebre libro No pienses en un elefante, son un complejo de ideas que estructuran nuestra forma de ver el mundo y nos ayudan a interpretar lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto.

La apelación al miedo para lograr un mayor grado de obediencia y disciplina es un recurso empleado en las crisis, de ahí que muchos gobiernos hayan creado durante la pandemia marcos mentales acerca de un peligroso enemigo al que tenemos que destruir unidos.

Para desarrollar ese marco, los líderes están haciendo uso de las metáforas como recurso para explicar una realidad compleja y dolorosa, y para ofrecer una visión intencionada de la realidad. El coronavirus ha transformado la pandemia en una guerra, y propiciado una enorme cantidad de metáforas bélicas empleadas desde Macrón a Trump, pasando por Sánchez, Conte, Bukele y otros tantos.

No es la primera vez que se utiliza una metáfora bélica para comunicar enfermedades. En 1880, el médico militar francés Charles Laveran descubrió la malaria y la definió como una invasión en el cuerpo que había que combatir. Buena parte de la comunidad científica no ve apropiado emplear metáforas violentas en medicina, y alerta sobre los errores y los peligros de la narrativa bélica.

Una de las líderes mundiales más alabadas por su gestión de la pandemia, Angela Merkel, en uno de los discursos ofrecidos a la nación en el mes de marzo afirmó que “desde la Segunda Guerra Mundial, no ha habido ningún desafío para nuestra nación que haya exigido tal grado de acción conjunta y comunitaria”. Para algunos expertos, sin embargo, la alusión al conflicto bélico y más concretamente a la Segunda Guerra Mundial es desproporcionado, peligro, puede generar miedo excesivo y contribuir a la normalización del Holocausto.

Los expertos Santiago Castelo y Martín Szulman claman por un uso “responsable y consciente de las palabras” evitando la tentación de “marcos contagiosos que, aunque puedan resultar eficaces en el corto plazo, desvirtúan la realidad y no nos permiten entender qué está pasando”. A juicio de ambos, “construir marcos mentales basados en la ética y la responsabilidad política y social es concienciar a la ciudadanía y cimentar verdaderos liderazgos que estén a la altura de la historia”.

El lenguaje tiene la capacidad de distorsionar la realidad, de ahí que Ignacio Varela sea muy crítico con estas jergas específicas fabricadas durante las crisis: “cada vez que reproducimos el vocabulario codificado de los políticos estamos comprando su marco ideológico y ayudando a establecerlo en la sociedad. Los comunicadores debemos ser los traductores y no máquinas de reproducir expresiones que no hemos utilizado en la vida”.

La Agencia Efe ha recopilado los 25 vocablos, siglas y acrónimos que configuran el argot de la pandemia: antiviral, balcón, confinamiento, coronavirus, Covid-19, cuarentena, desescalada, EPI, FFP2-FFP3, hidroxicloroquina, IgG-IgM, inmunidad de rebaño, colectiva o de grupo, letalidad, mascarillas, pandemia, PCR, Remdesivir, resistiré, respirador, SARS-coV-2, TikTok, teletrabajo, ICI, webinar y Zoom.

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