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Formación e inteligencia emocional contra la brecha de habilidades digitales en el trabajo

  • La brecha de habilidades digitales de los trabajadores está aumentando muy rápido, por eso instituciones como el Foro Económico Mundial advierten: debemos empezar a prepararnos ya

Formación e inteligencia emocional contra la brecha de habilidades digitales en el trabajo Formación e inteligencia emocional contra la brecha de habilidades digitales en el trabajo

Formación e inteligencia emocional contra la brecha de habilidades digitales en el trabajo

Sí, me he leído y hasta subrayado el informe del Foro Económico Mundial sobre el futuro del empleo en la era de las máquinas, The Future of Jobs. Se publicó a finales del año pasado, así que las fechas sobre las que vaticina el informe están aún más cerca, y no eran precisamente lejanas. 2022 o 2025 son algunos de los años sobre los que incluye predicciones como consecuencia del desarrollo tecnológico. Las conclusiones no son catastrofistas: la cuarta revolución industrial puede crear más empleos de los que seguro va a destruir. Algo es algo. Aunque lo más importante es la advertencia: las empresas deben tomarse muy en serio la velocidad a la que se están transformando los trabajos e invertir sobre todo en la actualización de sus plantillas, tanto en habilidades digitales como en otras competencias muy humanas en las que las máquinas, de momento, no podrán sustituir a las personas. Y eso es formación e inteligencia emocional.

La Cuarta Revolución industrial ya está aquí

No creo que a nadie le haya pasado desapercibido el cambio veloz en el que se ha imbuido el mundo a todos los niveles. El mercado laboral no es ninguna excepción.

Como ya hemos comentado otras veces, los estudiantes de primaria de ahora trabajarán en ocupaciones que hoy ni siquiera existen. Las competencias técnicas que adquiríamos hace treinta años nos han durado hasta hace poco, mientras que las que vamos adquiriendo ahora se quedarán obsoletas en unos cinco años.

Según el informe que da eje hoy a este artículo, las cifras son claras: 75 millones de trabajos que hoy hacen personas los harán máquinas en 2022. Sonaría fatal si no fuera porque esa rápida evolución e implantación de las máquinas podría crear hasta 133 millones de nuevos puestos. El saldo es positivo aunque en 2025 las máquinas hagan más tareas que los humanos.

Sin embargo, la oportunidad no es gratuita. Aprovechar esta realidad imparable para mejorar la calidad y los niveles de empleo, requiere de una apuesta muy seria de todas las administraciones y de todas las empresas para prepararse desde ya facilitando la recapacitación continua de sus trabajadores, y no sólo para obtener ahorros de costes laborales basados en la automatización.

La cuarta revolución industrial ya está aquí provocando efectos socioeconómicos y demográficos más que evidentes. Está cambiando el modelo de los negocios y transformando significativamente cómo, dónde y para qué trabaja la gente en todo el mundo.

¿Personas contra máquinas?

No se trata de una guerra. Enfocarlo así sería el primer error fatal. Lo que estamos viviendo ante el desarrollo exponencial de las nuevas tecnologías es una necesidad de adaptación al cambio de nivel planetario. Y el cambio duele, por eso nos resistimos a él de forma natural, pero es tremendamente enriquecedor y además, sobre todo en este caso, vital.

Un empresario de hoy en día sabe que el crecimiento de su empresa pasa por la digitalización y automatización de sus procesos. Tanto en las grandes como en las pequeñas empresas. Los consumidores, de hecho, lo queremos todo cada vez más rápido y sencillo, que tampoco en esto somos inocentes. Y la empresa puede afrontar esta realidad como un afortunado mecanismo de ahorro en costes laborales, y por tanto en personas, o como una oportunidad para crear valor para la empresa con los trabajadores humanos, liberados gracias a la automatización de las tareas más rutinarias y repetitivas.

Esta es precisamente una de las sugerencias del informe del Foro Económico Mundial a la luz de sus resultados: es necesario un enfoque integral en el que las empresas “busquen utilizar la automatización de algunas tareas laborales para complementar y mejorar las fortalezas comparativas de sus fuerzas de trabajo humanas”. Esto significa complementar las bondades de las nuevas tecnologías con los valores humanos, y diferenciarse así frente a la competencia.

Habilidades tecnológicas y habilidades humanas

Según el mismo informe, las empresas están ya gestionando la brecha digital en sus estructuras, la mayoría de ellas sobre todo contratando nuevos empleados con las habilidades digitales necesarias ya adquiridas, externalizando ciertas tareas e impulsando la recapacitación de sus personas clave. Significa que justo los trabajadores con mayores necesidades digitales, menos probabilidades tendrán de recibir formación por parte de su empresa. Ojo a este dato, porque se vaticina que para dentro de dos años “no menos del 54% de todos los empleados necesitarán una nueva y significativa capacitación”.

Está claro por tanto que la formación continua y la inversión en Capital Humano será un imperativo para las empresas que quieran mantener la capacitación adecuada de sus plantillas, y no sólo en habilidades digitales. Pero los empleados no están exentos de responsabilidad.

En este desplazamiento laboral de las personas en beneficio de las máquinas, las competencias tecnológicas complementarias como el desarrollo de software, la programación, el análisis de datos o la especialización en sistemas o redes sociales no son las únicas competencias demandadas. Hay que añadir otras habilidades muy humanas directamente relacionadas con nuestra inteligencia emocional. De hecho, en 2022 también el liderazgo, la creatividad, la originalidad, la flexibilidad, la resistencia, la atención al detalle o la persuasión entre otras, vivirán un aumento de demanda “descomunal” según el Foro Económico Mundial.

Ahora es el momento de que piense usted en qué momento de su vida laboral anda, en qué habilidades tecnológicas y emocionales destaca, y sobre todo, que decida cuáles quiere desarrollar. Porque está claro que las empresas tienen el deber económico y moral de adaptarse, y establecer sólidas redes de formación continua, pero también las personas tenemos el deber personal de desarrollar nuestra capacidad de aprendizaje permanente. Así que, tanto si es empresario o empresaria como si es asalariado o asalariada, gestione y venza su natural resistencia al cambio. Se va a alegrar dentro de nada.

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