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Evitar la sobreinformación para gestionar mejor el miedo y el enfado

  • Nadie duda ya que la crisis que vivimos no es sólo sanitaria, y que es un problema global, pero también que es un reto individual para gestionar, sobre todo, la información y las emociones

Evitar la sobreinformación para gestionar mejor el miedo y el enfado Evitar la sobreinformación para gestionar mejor el miedo y el enfado

Evitar la sobreinformación para gestionar mejor el miedo y el enfado

Estos días, tengo tres incómodos compañeros que pelean entre sí por ver quién de los tres me quita antes las ganas de seguir adelante: el miedo, el enfado y la sobreinformación. Los tres al mismo nivel. Y eso es lo que me preocupa, porque los dos primeros son emociones básicas que, aunque las puedo gestionar, no las puedo evitar. Así que he decidido dejar de preocuparme por la sobreinformación, y empezar a ocuparme de ella evitándola. En pocos días, se han reducido los momentos de miedo y enfado. Algo es algo.

La sobreinformación es la cara opuesta de la desinformación, y tiene consecuencias, al menos emocionalmente, bastante más lesivas. Por supuesto que la desinformación es un problema, estamos de acuerdo, pero la intoxicación por sobreinformación es peor, ya sea como consecuencia de estrategias malintencionadas, o ya sea por exposición incontrolada. Como todo en la vida, en el término medio suele estar la virtud.

Opinión pública y estabilidad

No es nuevo. Hace ya mucho tiempo que la opinión pública es uno de los elementos que más influye en la estabilidad o inestabilidad del sistema en el que vivimos. Esa opinión pública se construye día a día, mensaje a mensaje, a través de la comunicación continua y multicanal a la que estamos sometidas absolutamente todas las personas.

Es un sistema, además, en el que el tradicional esquema de la comunicación de emisor y receptor se multiplica hasta el infinito a velocidad de vértigo, gracias a canales masivos que descontextualizan muy fácilmente cualquier mensaje. Hay que sumarle a eso que todas y todos somos emisores y receptores constantemente, convirtiéndonos en fuentes de información muchísimas veces en el día y de forma no demasiado consciente ni responsable.

Está claro que somos una sociedad mediatizada por la información, así que para gozar de una “buena” sociedad, necesitamos gente bien informada, que de eso depende la estabilidad del sistema. Y por bien informada entiendan: equilibrada y contrastadamente informada, todo lo contrario de lo que está ocurriendo estos días. Así nos va…

Tenemos razones que justifican la sobreexposición a la que nos vemos sometidas y sometidos: el confinamiento en casa, la necesidad de contacto social más allá de la ventana, la incertidumbre económica y social, el miedo al contagio… Y a todo eso, añádanle las campañas de intoxicación malintencionada, que las hay, pero sobre todo la infinidad de faltas de responsabilidad social de ciudadanos y ciudadanas que consumen, reenvían y vuelven a consumir información sin filtro. Hemos generado el caos. No hay más que mirar los grupos de WhatsApp o los hilos de Twitter, por ejemplo.

Claves para evitar la sobreinformación: cantidad y calidad

“El exceso es el veneno de la razón”. Esta frase de Francisco de Quevedo nos da una primera pauta útil: evitar la sobreinformación es evitar el exceso de exposición, y por tanto necesitamos marcar límites a los canales que usamos para informarnos. Pueden ser límites horarios, temporales, o por número de canales. Decidan en qué momentos del día van a informarse, de qué a qué hora, en qué canales lo van a hacer y en cuáles no, o cuánto tiempo van a dedicar a hacerlo en total. Reflexionen, y tomen decisiones.

No es sano ni seguro estar todo el día informándose de lo mismo, aunque tampoco es fácil evitarlo ahora, porque el bombardeo es monotemático en casi todos los canales. Yo, por ejemplo, me he marcado el momento de la mañana, mientras desayuno, para ver informativos de televisión; a última hora de la mañana paseo por las redes sociales y los titulares web; y después le dejo al azar y a la radio el resto del día.

Una vez marcados esos límites a la cantidad, lo siguiente para evitar la intoxicación por sobreinformación es conseguir que sea información de calidad, veraz y contrastada, y también que haya equilibrio entre noticias negativas y noticias positivas. Y no se dejen llevar por lo evidente que parece que lo que acaban de leer, que aquí están los verdaderos retos para la responsabilidad social de todos nosotros.

Para cuidar la calidad de la información, debemos tener un sentido muy crítico con todo lo que vemos y leemos, y preguntarnos a menudo: ¿qué otra explicación puede tener esto?, ¿es realmente de estos días?, ¿a quién le interesa que se vea esto?, ¿cómo me ha llegado? Y si antes nos debíamos pensar dos veces lo de reenviar una información, un vídeo o un meme, ahora debemos pensárnoslo dos veces más.

También es muy importante contrastar la información más sensible. No se queden tranquilos o tranquilas con leer o ver una noticia sólo en un canal. Busquen en otros canales esa misma información y provéanse de otros enfoques. Con tantísimas herramientas como tenemos ahora en nuestros dispositivos, es realmente fácil encontrar otras fuentes casi inmediatamente. Eso les dará mucha libertad de pensamiento, algo muy valioso.

Por cierto, que en esto de limitar la exposición y garantizar la calidad de las fuentes, a mí me ha ayudado mucho bloquear la descarga automática de fotos y vídeos en el WhatsApp, y no abrirlos todos. Y ya puesta, abrir sólo los positivos, que por las noches son los que busco para equilibrar el día e irme a la cama con cierto sosiego.

Cuidar la información para cuidar nuestras emociones

Soy autónoma con personal asalariado. Esta hibernación económica me ha atrapado en tierra de nadie. Ni ha caído tanto la facturación como para tener acceso a alguna ayuda, ni tan poco como para poder mantener el barco a flote. Me siento abandonada y me surge mucho enfado.

Por otro lado, mi padre y mi madre son ya bastante mayores y vivimos juntos. Mis hijos, en plena juventud, se enfrentan a una incertidumbre y a una falta de recursos en su formación sin precedentes. Aquí me surge mucho miedo.

Pero eso sí, tenemos salud, techo, comida, y estamos juntos. Como muchísimos de ustedes, espero, doy profundamente las gracias al universo. También porque de momento, confinada, no puedo hacer mucho más que gestionar el miedo con prevención y paciencia, y el enfado esperando el momento de hacerlo productivo. Que llegará. Mientras tanto, para cuidarme y estar bien cuando llegue ese momento, evito la intoxicación informativa. Considérenlo un consejo.

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