Huelva

Deterioro del patrimonio privado

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Poco o casi nada queda a estas alturas de las construcciones que aparecen en el inventario de Edificios de interés de la ciudad de Huelva de Jaime Montaner, Alfonso Jiménez y Félix Escrig, que publicó la Diputación en 1977.

Una lista en la que se ven caer uno a uno en un reguero casi interminable hasta hoy día. Edificios verdaderamente interesantes que formaban parte de una Huelva que nada tiene que ver con la nostalgia, pues hoy se elogia a muchos de esos arquitectos que los levantaron y se le pusieron sus nombres a calles en la etapa democrática. Destacan por los distintos estilos, corrientes y épocas de la ciudad. El trazado de algunas calles para transformarlas en avenida se llevó consigo edificios interesantes, se puede señalar la de Méndez Núñez y Plus Ultra, donde se perdieron casas como el edificio del hotel Granada. En este tiempo hay que decir que no importó nunca el color político, pues el deterioro se produjo paulatinamente con todos los ayuntamientos democráticos, aunque ahora cuando ya quedan muy pocos las normativas son más exigentes y hay más edificios catalogados, muchos sin el interés de los ya desaparecidos.

No hay que olvidar actuaciones que no se entenderán nunca, como es el caso del edificio del Colegio de Arquitectos del que ahora cumplen cien años. Su intervención le dejó una armadura metálica que es sencillamente horrorosa. En la carpeta Huelva de José Alvarez Checa y Tomás Curbelo, editada por el citado colegio, en 1981, se hace una invitación a levantar la cabeza de la línea de negocios en las calles Palacio y Concepción para disfrutar de la arquitectura e invitan a decir que "Lo de Quinta avenida es una horterada", es el comercio donde hace unos meses cerró una tienda de perfumes; lo mismo se podía decir ahora de esa fachada.

A pesar de lo mucho perdido, todavía hay singularidades que pueden marcar una época. Existen voces que así lo reclaman y muchas de ellas son de nuevas generaciones de onubenses que, nacidas en esta ciudad actual, no conocieron la lista completa de edificios de aquel inventario a pesar de que también otros los defendieron.

Son muchos los que están en manos de la propiedad privada y es a la que hoy señalamos en este recorrido por su lamentable estado, en deterioro continuo. Si nadie lo impide, a esta ciudad no le quedará nada de nada, algunos de ellos incluso están catalogados, como es el caso de La Casona o antigua imprenta Muñoz, en la Alameda Sundheim, donde se imprimía el diario La Provincia; de interesante estilo modernista con un grave deterioro de no hace más de dos años.

El antiguo colegio Ferroviario, de Alonso Martínez, de 1932, es una eterna reclamación donde la ciudad se siente impotente y ve cómo después de cerca de dos décadas cerrado no se avanza en una solución. Es el clásico caso para sentirse frustrado, pues no hay avances ni de la propiedad ni del Ayuntamiento para conseguir una solución que merezca la pena, ni del anterior gobierno municipal ni del actual.

En El Conquero la reivindicación es la casita de Villa Rosa. La perla perdida en las laderas que no se consigue restaurar. Desde el Ayuntamiento se volverá a insistir y todo hace pensar a que se iniciará expediente de ruina. Está llamada a convertirse en un centro de interpretación de El Conquero.

Otro edificio que se encuentra en estos momentos en la lista para ser candidato a un expediente de ruina es el de la calle Palacio, 4, de Monís.

En la Plaza de San Pedro la intervención se centra ahora en las viviendas números 6 y 7, y se somete conservando la fachada, aunque no se valora una excavación arqueológica en profundidad que diera continuidad a lo encontrado en el solar de la esquina, donde se mantiene parte de la muralla de la ciudad romana. Sin embargo sí se le permite ampliar el volumen, donde casi se duplica en la parte trasera, y que en el edifico de la esquina sirvió para compensar lo que se perdería en el sótano para hacer visible la excavación que ahora no se lleva a cabo.

En el edificio de la farmacia de la calle Concepción se puede ver en el trabajo de forja el año de construcción, 1857. Es sencillo, donde preocupa que sus balcones estén permanentemente abiertos, al encontrarse desocupado y es lo más indicado para el deterioro. En la parte comercial sólo se puede ver uno de los artísticos azulejos de la primitiva farmacia, los otros tres permanecen ocultos y uno tapado por un anuncio.

La mirada en los edificios antiguos está llevando en la actualidad a construcciones especialmente simples como la esquina de la calle Pérez Carasa, nada que ver con el edificio que se levantaba en la de Berdigón, con un diseño muy singular, de gusto francés, el del bar el Tupi que se lo llevó la despiadada piqueta.

Lo cierto es que con una buena manita de pintura y dosis de cariño se puede hacer mucho por edificios cuyas fachadas están hoy de pena. Es el caso de dos inmuebles de Pérez Crasa. En la avenida de Italia, 101 y 103, el Ayuntamiento obligó a una actuación por deterioro, y hoy se puede admirar el buen trabajo que recupera la belleza del mismo. No ocurre igual con otro edifico de Pérez Carasa de la calle Berdigón, 42, de 1936, del que se palpa el deterioro en su fachada.

El seguimiento en los edificios privados es fundamental para mantener el patrimonio histórico de la ciudad.

El conjunto de viviendas del Barrio Obrero merece de por sí un tratamiento aparte ante tanta actuaciones que desdibuja el diseño original por la pasividad de la Administración, municipal y autonómica al estar declarado BIC.

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