Respons(h)abilidades

Aprender a gestionar la diversidad o morir en el intento

  • El cambio cada vez más rápido y global en el que estamos inmersos a nivel mundial nos obliga a gestionar sobre todo la diversidad: la diversidad social, la económica y la biodiversidad

Es necesario aprender a gestionar la diversidad. Es necesario aprender a gestionar la diversidad.

Es necesario aprender a gestionar la diversidad. / H.I. (Huelva)

El cambio del mundo es cada vez más veloz, tanto para bien como para mal. La evolución económica, tecnológica, ambiental o social hacen muy evidente cómo las cosas mejoran o se deterioran, en casi todos los casos a velocidad de vértigo. No hay más que estar pendientes de las noticias. Y en muchas ocasiones, por si no era suficiente con la velocidad, entra en juego el concepto de la globalización, así que ahora vivimos los grandes retos como especie a escala planetaria.

Algunos de esos retos planetarios que llenan de noticias los informativos seguro que ya le suenan: la migración de personas, la transición ecológica, la transformación digital, la convivencia social o el relevo generacional en la población activa, entre otros. Y para todos ellos no nos queda otra que aprender a gestionar la diversidad en su sentido más amplio.

Claro que así escrito no parece demasiado claro, ¿verdad? ¿Qué es realmente la diversidad y en qué consiste gestionarla?

Si les pasa lo que me pasaba a mí, escuchar o leer gestión de la diversidad seguramente les ha recordado casos o estrategias para evitar la discriminación por razón de género, raza o capacidades funcionales, por ejemplo. Pero la gestión de la diversidad es mucho más que la inclusión. Creo que es un error plantearla simplemente como una herramienta para evitar la discriminación sea de la naturaleza que sea. La diversidad es la naturaleza plural –cada vez más plural- de todo, es otra constante social, como el cambio y la comunicación, que todos los agentes sociales que actúan en el mundo deben saber gestionar.

Responsabilidad Social Corporativa como herramienta

Aquí es donde entra el destacado papel de las empresas en la urgente tarea de mejorar el devenir del mundo. Y usted dirá: ya está Lola otra vez hablando de quimeras y de sueños rotos. Pero no. Somos muchas personas –afortunadamente cada vez más- las que defendemos la Responsabilidad Social Corporativa, y con ella la implicación activa de las empresas en los retos planetarios, como una de las estrategias más viables para impulsar, junto a las administraciones, el inevitable y veloz cambio hacia algo sostenible en vez de hacia el fin del estilo de vida que conocemos. La RSC sirve para eso, que no es poco, y para aprovechar la comunicación y la diversidad como herramientas de éxito del que nos beneficiamos todos, empresas y sociedad.

Una empresa responsable de esa cuarta revolución económica de la que se habla cada vez más a menudo, es la que se toma muy en serio esos tres conceptos: la gestión adecuada del cambio, la gestión de la comunicación coherente con todos sus públicos de interés y la gestión de la diversidad como palanca de mejora dentro y fuera de sus estructuras. Así, desde la Responsabilidad Social Corporativa: el cambio es lo inevitable que hay que afrontar, la comunicación es el vehículo de la RSC y la gestión de la diversidad es la base conceptual sobre la que construirla.

Beneficios de atender a la diversidad

No es ninguna novedad que la gestión de la diversidad se ha convertido en una necesidad de primer orden de las empresas. Es un elemento estratégico al que se dedica cada vez más atención e inversión.

Por un lado, gestionar la diversidad tiene impactos muy positivos en las preceptivas políticas de inclusión o no discriminación, y también en la gestión del talento o para armonizar la coexistencia generacional que se deriva de los rápidos cambios sociales que hay que atender. Hasta cinco generaciones se están encontrando hoy por hoy en algunas empresas, con habilidades y visiones bien distintas que es necesario integrar.

Y por otro lado, gestionar la diversidad es estratégica por lo que aporta fuera de las empresas, donde crea un valor extraordinario que impacta en lo económico, en lo ambiental y en lo social. Estas son las tres dimensiones de la sostenibilidad, y emana en gran medida de las empresas.

Así que, entender y atender la diversidad de todos los públicos con los que se relaciona una empresa, empezando por los trabajadores, es una fuente de mejoras internas: en el clima laboral, en la creatividad e innovación que emana de los múltiples puntos de vista, en la experiencia de los clientes, en la atracción y retención del talento, en los procesos de trabajo, en la previsión adelantada de los cambios del mercado, en todo.

Pero aún hay más. Entender y atender la diversidad es también una fuente de mejoras externas: en la convivencia social, en el futuro de los colectivos en riesgo, en la sensibilización de los ciudadanos hacia prácticas más sostenibles con el medio ambiente, en el impulso de una economía más consciente y más humana, en la experiencia de las futuras generaciones a las que les estamos cuidando el planeta.

Mente abierta, creatividad y flexibilidad

Las tres competencias que no pueden faltar para gestionar estas tres claves fundamentales de la RSC (el cambio, la comunicación y la diversidad) son más o menos evidentes: una mente abierta, creatividad y flexibilidad: una mente abierta sin prejuicios, con creatividad para pensar diferente y con flexibilidad para cambiar las formas de hacer.

En toda esta reflexión, si está asintiendo en este momento, antes de mirar hacia fuera haga un ejercicio introspectivo: ¿está en disposición activa de cambiar sus formas de hacer en aquello que depende de usted? ¿Respeta la diversidad que le rodea? Porque si es que no, y sin embargo se lo está demandando a su empresa o a las administraciones… Como diría un buen amigo mío: hágaselo mirar. El cambio empieza en cada uno de nosotros y pasa a través de nosotros mismos.

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