Debate electoral a cinco en TV

Un formato perdido, un desastre de programa

  • El espacio producido por la Academia de Televisión tuvo demasiadas deficiencias y una ambientación fea con elementos cutres 

Las inoportunas flechas que aparecían en los recuadros de la pantalla partida Las inoportunas flechas que aparecían en los recuadros de la pantalla partida

Las inoportunas flechas que aparecían en los recuadros de la pantalla partida / Atresmedia

España se halla escéptica y hastiada. Pues de esas sensaciones parecía contagiarse anoche el plató montado por la Academia de TV. Un monumento gris, con suelo negro y atriles como de mampara de ducha. Demasiado neutro. Sin esperanza.

Hasta Ana Blanco, sí, de blanco, estaba griposa (lo que justifica que a veces pareciera perdida) y Vicente Vallés, con brillos en la frente. Ambos parecían cansados. Y para tedio, el que sufrían los que estaban en el sofá, daba igual el canal que tuvieran, aguardando a la fiesta de los contertulios ante un formato asesinado por los asesores. Un desastre inútil.

Pese a sus insistencias de cronómetros, lo que siempre enfría el ritmo, Ana y Vicente fueron los únicos que lo hicieron aceptablemente bien en el desangelado ambiente, prestando énfasis y actualidad a un debate que a veces se embrolló con, por supuesto, más ganas de discutir que de convencer.

Abascal, quinto jinete, se quedó en el centro y fue el que por disposición se quedó más cómodo para acercarse a la cámara, al espectador y verlas venir. Agazapado y moderado, fue el pescador que sacó más de este río revuelto de desencanto. Casado (con corbata que hacía efecto moiré en las cadenas en señal de definición standard) y Rivera se enfrascaban en disputa. Sánchez escenificaba quejas y lamentos e Iglesias, con su lapsus de “en tantas mamadas”, se afanaba en aparentar sobriedad pero más bien caía en la astenia.

La nueva política paga sus tiempos de impertinencias que nos han llevado a la nada de volver a las urnas. Y es el novísimo, pecho a lo novio de la muerte, el que se asienta ante los vientos de la crisis y la preocupación de Cataluña. Pero en este programa sin ilusiones políticas hubo detalles aún peores, como la sobreimpresiones de flechitas mal animadas de vídeo VHS en el recuadro de las pantallas partidas y que por fortuna desaparecieron en el último bloque.

Al principio daban la impresión de ser un efecto de error en la realización. Tele ochentera. Estética envejecida por parte de los académicos incluso cuando quieren parecer actuales. Hubo ciertas deficiencias de sonido, la cabeza caliente daba tirones (el realizador no se fiaba ) y sólo estaban bien iluminados los extremos, en este caso era Casado y Rivera.

El de Ciudadanos abusó de su bolsa del gato Doraemon, lo que está muy visto, sacando la roseta partida (29,50 euros la baldosa en Amazon), recortes de prensas y cifras didácticas de los tiempos de La casa del reloj (millennials, a youtube).

En este lunes sólo una niña de 14 años labró de verdad por la reconciliación y el futuro,

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