Fernando Berguido. Diplomático, abogado y periodista panameño

"Los corruptos de ahora tienen que rendir cuentas"

"Los corruptos de ahora tienen que rendir cuentas" "Los corruptos de ahora tienen que rendir cuentas"

"Los corruptos de ahora tienen que rendir cuentas"

-Ha escrito un libro, Anatomía de una trampa, sobre el hombre que le espiaba, el ex presidente panameño Ricardo Martinelli.

-Al concluir mi misión diplomática en Italia pensé que estaba obligado a explicar cómo funciona la corrupción por dentro gracias a un caso en el que existían los documentos y las conversaciones, cómo se va fraguando, manipulando la información, desacreditando a quien denuncia... Donde pone Panamá se puede poner Brasil, México, España... La corrupción funciona de forma parecida en todas partes, sea de derechas o de izquierdas. La corrupción siempre está ahí y siempre es corrupción.

-¿Cuál es este caso en concreto?

-Nace de la relación que Martinelli traba en 2009, cuando alcanza el poder, con el político al que más admira, por el que siente fascinación, Silvio Berlusconi.

-Era empresario como él.

-Berlusconi, Martinelli y Trump tienen el mismo patrón. Son millonarios que logran éxito político con un mensaje antisistema muy simple: si han tenido éxito en los negocios también lo tendrán en la gestión. Su trayectoria en el mundo empresarial es la prueba de su eficiencia. Es un populismo de derechas que en Sudamérica, acostumbrado al populismo de izquierda, resulta bastante extraño. Dicen que, como ellos ya son ricos, no van a robar. Y ya vemos.

-¿Cuál fue el negocio con Berlusconi?

-Tras un encuentro en Roma, Panamá recibe por primera vez a un primer ministro italiano. Ahí se forja, a través del mismo intermediario que Berlusconi usaba para sus fiestas de prostitutas o para la compra de parlamentarios, un acuerdo para la adquisición de radares y helicópteros para el control del narcotráfico.

-Bueno, eso no parece muy malo.

-Los panameños no se enteraron de este acuerdo, como sería lógico, por sus responsables de Defensa, por el Gobierno, sino por la página corporativa de la empresa que había hecho la operación. Acabó demostrándose que las comisiones de una operación valorada en 250 millones de dólares eran del 10%. Para colmo, el sistema de radares no servía para las necesidades de seguridad de Panamá. Pagábamos una fortuna por algo que no servía para nada.

Berlusconi, Martinelli y Trump son populistas de derechas cortados por el mismo patrón"

-Todo eso lo contó la prensa. De hecho, usted era el presidente de la corporación La Prensa, uno de los pocos grupos no afines a Martinelli.

-Estuve en los inicios del caso, aunque luego tuve que abandonar ese puesto por cuestiones de salud.

-Pero tuvo presiones. Figuraba entre las personas a las que Martinelli espiaba.

-Las presiones eran de todo tipo. Martinelli hizo caso al consejo de Berlusconi de que se hiciera con todos los medios de comunicación que pudiera: periódicos, televisiones, radios. Con nosotros no pudo. Los pocos periodistas que se atrevieron a contarlo fueron desacreditados por la maquinaria mediática de Martinelli. Todavía si se introduce en un buscador encontrará cosas inverosímiles sobre ellos y también sobre mí.

-Lo que narra usted entonces ¿es un reportaje periodístico o una novela?

-Todo lo que cuento es absolutamente cierto, desde la primera hasta la última palabra. Utilizo un estilo de novela, pero si eso fuera una novela, si no dijera que no hay nada de ficción en lo que cuento, nadie se la creería.

-Pero al final acaba con Martinelli en la cárcel. Un final feliz.

-Pero no por este caso, que está pendiente de ser juzgado. En estos días Estados Unidos ha extraditado a Martinelli desde Miami. Salió huyendo hace cuatro años diciendo que había una conspiración contra él, pero en realidad estaba buscando asilo en Estados Unidos. Tendrá que responder por éste y por muchos otros casos de corrupción.

-No aparecen los papeles de Panamá en su novela.

-Porque los papeles de Panamá no son de Panamá. Una firma panameña radicada en 21 jurisdicciones distintas está en el centro de este escándalo, pero ninguno de estos fondos estaba en Panamá.

-Para la imagen de Panamá fue demoledor.

-E injusto. Un estigma. Abrir hoy una cuenta en Panamá es prácticamente imposible, es más fácil hacerlo en algunos estados de Estados Unidos. Si queríamos ser un centro financiero serio teníamos que dotarnos de una regulación estricta que es la que tenemos hoy. Hace mucho que Panamá no es ese lugar donde se limpiaban los fondos del narcotráfico.

-Está en España y ha asistido a la caída de un Gobierno por la corrupción.

-Todo esto, siendo malo, tiene algo de positivo. Estamos conociendo ahora lo que siempre ha ocurrido. Hay una prensa más agresiva, unos jueces más independientes, un activismo ciudadano y unos mecanismos que hacen cada vez más difícil llevar a cabo este tipo de actos. Fíjese lo ocurrido en Brasil, la valentía de esos fiscales. Hace un tiempo era impensable, pero ahora los corruptos rinden cuentas.

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