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Los franquistas del teniente Robles

Rubén Cortada, con el uniforme de Serrano Suñer. Rubén Cortada, con el uniforme de Serrano Suñer.

Rubén Cortada, con el uniforme de Serrano Suñer. / M. G.

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El Madrid de la posguerra inmediata se nos aparece más limpio y restaurado de lo que era, con unas calles del barrio de Salamanca ‘demasiado salvadas’. No se atisba la pobreza extrema, el carburo, el pan negro, las mondas de patatas y la miseria de lametones ni siquiera en los personajes desfavorecidos. Y todos los protagonistas son contemporáneos maquillados, sin el aspecto de cuervos y grullas de aquella aristocracia, revanchista y clasista. Las adaptaciones históricas recientes se pintan a brochazos más o menos idílicos, más o menos fáciles de reconocer. Acacias 38, El secreto de Puente Viejo o Velvet nos dibujan a nuestros bisabuelos con una mentalidad e inquietudes que sólo les falta conectarse a internet. En Lo que escondían los ojos, casi lo mismo, son así incluso las pulsiones sexuales, todo porno soft. El cuñadísimo Serrano Suñer sale muy muy favorecido con la estampa de Rubén Cortada, del teniente Robles, y su pelazo, además de que el cubano es más aspecto que buen actor. Cuestión de facha. Como le sucede a Blanca Suárez, alejada de esa musa presuntuosa de Balenciaga. Lo que escondían sus ojos es más ropa que Historia, disfraz y novelería, una secuela de El tiempo entre costuras, con la mayoría de sus actores, y premeditada precuela de Velvet. Telecinco pidió un prêt-à-porter de la competencia. 

La pinta de Pepa Rus, que interpreta a una sirvienta, sí se aproxima más a las españolas de las fotos de los años 40 y Javier Gutiérrez roza a Franco, pero le falta ese algo de fuerza para transmitirnos la mezcla de cinismo, fariseismo y ambición provinciana que tenía el recortado general. Salvador Calvo, el de La duquesa y que también dirige la revisión de Los últimos de Filipinas convierte la posguerra en un Al salir de clase con alta costura. Falta más psicología, negrura, la que falta en la propia narración de Nieves Herrero. En próximos capítulos la historia aún tiene que llegar a su trama principal en los hijos de los amantes, el adobo que le falta a este melodrama de cangrejos en los hombros y fascismo con glamour.

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