Semana Santa

Las noches de los costaleros

  • Las personas que portan los pasos ensayan durante estos días de Cuaresma para que luzcan las imágenes de la Semana Santa onubense por las calles de la capital

Ensayo del palio de la Virgen del Amor. Ensayo del palio de la Virgen del Amor.

Ensayo del palio de la Virgen del Amor. / Alberto Domínguez

La luna no es la única luz que ilumina los rincones en las noches de Cuaresma. Hay diferentes faros que alumbran estas jornadas de espera y preparación. Son las casas de hermandad. Hasta una de ellas se dirigieron el martes los pies que serán en las próximas semanas los de María Santísima del Amor para recorrer Huelva. Este es el orgullo del costalero. Una sinfonía de sentidos que mezcla en las noches de ensayos el perfume de la arpillera, el sonido del crujir de las trabajaderas y el racheo de unas zapatillas que caminan bajo la orden de un “venga de frente”.

El revuelo en la Hermandad de las Tres Caídas es más amplio si cabe en este curso cofrade. La celebración de su 75 aniversario fundacional supone que muchos focos estén puestos en los alrededores de la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús. La cuadrilla de la Virgen del Amor lo sabe y vive con ilusión el estreno de un manto bordado que se presentará la semana que viene.

Pasadas las 21:30, los costaleros de la cuadrilla baja del paso de palio comenzaron a hacerse la ropa. Un ritual para los hombres del Amor donde la buena colocación de la faja y la ejecución perfecta del costal es imprescindible para el posterior esfuerzo bajo la parihuela. Este grupo de devotos trabaja bajo las órdenes de José Manuel Ramírez y su equipo. Suma nueve años al martillo de la cofradía del Lunes Santo, de la que también ha sido costalero tanto del paso de misterio como del palio, además de conocer lo que es estar en una Junta de Gobierno durante nueve años y más cargos que suma a sus espaldas.

Preparación de los costaleros antes del ensayo. Preparación de los costaleros antes del ensayo.

Preparación de los costaleros antes del ensayo. / Alberto Domínguez

Ramírez señaló a este periódico que la efemérides que rodea a la hermandad este año, y que se juntará con el 75 aniversario de la bendición del Señor en 2020, “la vivimos con mucha ilusión y muchas ganas”. Y más con el estreno de un manto bordado y una nueva marcha propia para la imagen titular bajo el nombre de Madre del Amor Hermoso.

La cuadrilla del palio está más que compactada. “La rotación es prácticamente mínima” –este curso solo ha habido dos huecos libres– y el compromiso es absoluto: la asistencia al ensayo fue del 100%. El capataz remarcó que la labor de estos nueve años ha permitido obtener un concepto “muy claro y definido”, un trabajo de cintura, elegante, que no contemple estridencias pero siempre sin perder la seña de identidad de una hermandad de barrio. “Nuestro problema de todos los años es mejorar el anterior. Siempre hay un indicador para mejorar”.

Tres sones a un martillo que escribe en plata la palabra Amor sirvieron en el ensayo para anunciar el comienzo de una nueva chicotá. Con sones alegres, la cuadrilla baja realizó su segundo ensayo por las calles del barrio. En busca del compás del bombo, la atención a la caída de la calle, y las ganas de un nuevo Lunes Santo, los treinta costaleros que calza este paso con seis trabajaderas completó el recorrido preparatorio para el gran día. Las zapatillas blancas desgastaban su suela a fin que el andar fuese asentado. “Marcando todo el mundo”, ordenó uno de los pateros en una revirá. “Te ayudo en todo lo que me necesites”, señaló otro. Codo con codo y con elegancia. Así es como anda la Virgen del Amor.

Un trabajo con mimo y dedicación y una zancada exactamente medida de tantos años de trabajo. La música no fue más que un añadido para imaginarse a María Santísima del Amor, recién restaurada, entronizada en su paso de palio y vestida con su nuevo manto bordado que ya todos los hermanos del Polvorín desean conocer y disfrutar.

Uno de ellos es Álvaro José García, costalero del palio desde hace veinte años. Una devoción bajo las trabajaderas que le inculcó su padre, con quien compartió relevos durante numerosos años. “Para mí la Virgen del Amor es lo más grande”, explicó y remarcó el orgullo de poder ser los pies de la Virgen cada Lunes Santo. Esta función privilegiada se suma a las amistades y el grupo humano que se conoce en una cuadrilla de costaleros. Todos a una y andando siempre de frente.

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