Cientos de vecinos de Matalascañas se movilizan contra el "abandono" de la línea de playa: "Están esperando a que las casas se caigan"
Propietarios y empresarios alzan la voz y se concentran de forma espontánea en Caño Guerrero ante la gravedad "extrema" en el paseo marítimo y la inminencia de un nuevo temporal este martes
Matalascañas y El Portil reavivan el debate entre la contención inmediata del mar y la búsqueda de soluciones a largo plazo
La paciencia de los vecinos de Matalascañas ha llegado a su fin. Cientos de propietarios y empresarios se concentraron este domingo en la zona de Caño Guerrero en una movilización que nació de la espontaneidad y el hartazgo colectivo de vecinos que llevan años pidiendo una solución "real" para el estado de la línea de playa. No hubo grandes siglas, sino el eco de las redes sociales y el miedo compartido ante una situación de gravedad "extrema": el desmoronamiento del paseo marítimo tras el paso de la borrasca Francis y la amenaza de un nuevo frente que, desde este martes, volverá a poner a prueba la resistencia de un paseo marítimo deshecho y una playa que se queda sin arena.
Bajo pancartas con mensajes como que "Matalascañas se hunde" y "SOS Matalascañas", en la zona cero de los "destrozos" brillaba la incertidumbre. Una de las propietarias allí presentes resumía el sentir general con una pregunta dirigida a las administraciones: "¿Dónde están los políticos ante un problema que nos afecta a todos? Llevamos mucho tiempo observando cómo las casas se van hundiendo gradualmente. Es indignante que, aunque la solución sea complicada, unos y otros eludan sus responsabilidades culpándose mutuamente. Al final, la casa queda sin barrer y nosotros estamos en esta situación límite".
A su lado, asentía José Sandoval. El vecino, que lleva 45 años residiendo en la urbanización El Alcotán, criticaba la falta de una hoja de ruta clara. "Sinceramente, me parece una concentración pequeña para la cantidad de gente que ya está afectada. La clave está en que las personas que saben tengan voluntad real de actuar, sin jugar con intereses políticos. Es un asunto de hace muchísimos años y aquí no se gasta ni un euro. El Ayuntamiento debe recurrir a quien corresponda y ponerse de acuerdo, pero no dentro de un año, sino en tres días, porque mañana vuelve a llover. Esto no puede ser un partido de ping-pong institucional", reclamaba.
Desde la Asociación de Propietarios de Matalascañas, su secretario Elenio Piñero, alertaba de que el tiempo se ha agotado. "Lo que exigimos son obras de emergencia inmediatas". Explican que si se retrasan apenas unos días, el destrozo será mayor. "Necesitamos una solución definitiva para que propietarios, comerciantes y visitantes disfruten de la playa con seguridad". Sin embargo, Piñero denunciaba la falta de propuestas tangibles: "A día de hoy todavía no hay ninguna opción real sobre la mesa. Lo que está claro es que los vertidos de arena y los espigones han sido insuficientes. En edificios de El Alcotán o el Pueblo Andaluz se están poniendo sacos de tierra y rocas, pero estas medidas llegan tarde. El paseo estaba muy debilitado y el mar ha ido socavando la estructura, poniendo en riesgo incluso la depuradora", alertaba.
Esa falta de acción sobre el terreno el mismo día de la protesta fue uno de los puntos más criticados por Alberto Rivero, propietario de una vivienda en la urbanización Pueblo Andaluz. "Es indignante que, siendo domingo y a solo tres o cuatro días de un nuevo temporal, no veamos apenas máquinas trabajando en la playa. No se ha declarado la zona catastrófica y parece que están esperando a que las casas terminen de caerse". Rivero recordaba el origen técnico del problema, asegurando que el mar va ganando cada vez más terreno y las corrientes se llevan la arena al fondo. Además, dijo, "nos enfrentamos a un problema de salubridad: los colectores están rotos y el emisor principal de la depuradora lleva años así. Las piedras que han puesto para proteger las casas son un caramelito para el mar; no son nada", lamentaba.
Los empresarios lamentan pérdidas de hasta el 60% por el estado de la línea de playa
El sector empresarial también alzó la voz ante una crisis que ya se traduce en números rojos. Álvaro Alonso, propietario del restaurante Costa Luz y presidente de los propietarios de Caño Guerrero, revelaba el "drama económico" que están viviendo. "En Caño Guerrero ya no tenemos playa; la gente no baja a mediodía y eso ha provocado una caída de ventas de entre el 45% y el 60% en los restaurantes y chiringuitos de la zona. Los impuestos siguen siendo los mismos y son gordos por las terrazas. Al final se trata de sobrevivir".
Alonso quiso además romper con el discurso de que Matalascañas es un núcleo fantasma en invierno. "He oído decir que aquí no vive nadie fuera de temporada, y eso es mentira". Recuerda que durante todo el año "hay entre 7.000 y 8.000 personas que vivimos aquí; mis hijos van a un colegio que está lleno. Si mañana se rompe la infraestructura y nos quedamos sin agua o saneamiento, ¿qué vamos a hacer? No es solo el problema de quien viene de vacaciones un mes en verano, es el problema de quienes tenemos aquí nuestra vida".
Matalascañas se blindaba así este domingo para exigir una solución definitiva en la playa. Para los vecinos, la "salvación real" reside ahora en atajar "con paliativos" conteniendo los daños ante el inminente frente que entrará en unos días. Mientras tanto, continúa el aporte de arena a través de una draga que ya trabaja en la zona desde hace una semana con el fin de evitar que el próximo temporal borre definitivamente parte del mapa del término costero.
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