Bernardo Romero Muñoz, erudito onubense
Gente de Aquí y Allá
Profesor de instituto, emprendedor en la hostelería e, incluso, articulista en prensa, Bernardo Romero ha hecho de todo en su vida
Hermenegildo Gómez González: Torreviro, el mar, la mar, solo la mar

Desde que le propuse a Bernardo escribir una semblanza sobre su persona para publicarla en la prensa y luego en un libro junto a otra gente interesante, sabía que me iba a divertir mucho escribiéndola, porque lo conozco desde hace mucho tiempo y sé de su sabiduría y de su erudición, pero también de su filosofía de vida, que lo hace una persona de mucha simpatía.
El otro día nos preparó a los miembros del club de “amigos del Mache” de Trigueros un exquisito plato de garbanzos con chocos y gurumelos y fue ahí cuando le propuse hacer este escrito, porque entre otras cosas, es un gran cocinero y tiene escritos varios libros sobre nuestra gastronomía.
Pero vayamos por partes. Él, igual que yo, fue desde pequeño al Colegio Francés, pero yo, al ser mayor, estaba en otro curso con su hermano Manolo, al que por cierto hacía mucho tiempo que no veía, porque vive en Cantabria, y el otro día nos vimos en Trigueros y la semana siguiente en Lepe, en una exposición de pinturas en la Galería John Holland. Ya se ha vuelto de nuevo para Santander, pero me alegré mucho de verlo.
Bernardo tiene una memoria prodigiosa y me recuerda todos los profesores y profesoras que tuvimos en nuestra Escuela Francesa. Por supuesto, Madame, la señorita Chari, la señorita Manolita, Encarna, doña Carmen Solís, la señorita Pili Gallango, las hermanas Medel, Matilde y Manolita, que ha fallecido hace solo unos días en Madrid, don José Jiménez, don Juan José Orta y tantos otros, hasta el “Beotegui”, que luego yo lo tuve también en el instituto y después en la Escuela de Ingeniería; sin olvidarse del primer cura, don Simón, de sotana y sombrero romano, a la antigua usanza, al que todos los niños le besábamos el anillo.
Más tarde Bernardo fue contratado por el Ayuntamiento de Punta Umbría como jefe del Gabinete de Prensa y de nuevo nos volvimos a encontrar. Así, durante una época, fuimos compañeros de trabajo y lo pasamos muy bien, pero no duró mucho porque era “culo de mal asiento” y, como tenía conocimientos suficientes y estudios y títulos, pudo elegir y se fue a dar clases de Historia del Arte, primero a un instituto de Lepe, y después en otros. Y así estuvo unos 30 años de su vida, siendo un profesor muy entretenido y ameno, según me cuentan algunos de los alumnos que ha tenido.
Antes de eso había estudiado en Sevilla. Bueno, eso de estudiar es un decir, su padre creía que estaba estudiando Ciencias Exactas, pero ni siquiera se había matriculado, así que se lo trajo para Huelva al enterarse y, como tenía “mano”, porque era funcionario del Instituto Nacional de Previsión, lo mando al Hospital Manuel Lois, más conocido como “el Agroman”, y allí lo tuvo al menos entretenido hasta que decidió con unos amigos montar bares en Punta Umbría. Uno de ellos, el más famoso y que yo frecuentaba, era el “Botavara”. De esa época trataba un libro que escribió llamado La vida fácil, con el que me divertí mucho, ya que iba de una panda de chavales haciendo travesuras por la Punta Umbría de aquella época y con nombres de gente que yo conocía perfectamente y que retrataba tal cual. Pero luego hablaremos de otros libros que escribió y que aún escribe.
Su padre, para mantener a su familia, además de ser funcionario, llevaba la contabilidad de muchas empresas de Huelva; y su madre, ama de casa, era familia de un torero muy famoso llamado Bernardo Muñoz, más conocido por “Carnicerito de Málaga”. Y nuestro amigo Bernardo algo heredó de él, no por el arte de torear, sino porque dicen que era el torero más simpático de la época.
Por fin echó algo de seriedad y ahora sí, se dedicó a estudiar y se licenció en Geografía e Historia, especializándose en Geografía Física. De ahí le vienen sus amplios conocimientos de climatología y por eso nos ilustra cada lunes en la prensa sobre las predicciones de cada semana. Y aunque no es por quitarle méritos, pero también se suele equivocar, igual que todos los meteorólogos.
También hizo y hace sus pinitos en la prensa y es muy bueno como diseñador. Recuerdo perfectamente sus artículos en muchos periódicos de papel, pero me gustaban especialmente los que escribía a diario en La Voz de Huelva. Fijaos si eran buenos y críticos, que hasta le salían “respondones” tanto a él como al director, que era otro compañero también del Colegio Francés, el periodista Antonio Navarro. En el diario El Mundo tenia una sección que se titulaba Onubenses en su mundo y me dedicó a mi en una ocasión un articulo que tituló Dibujar las huellas del paisaje.
Y de sus libros aún no he escrito nada y se me acaba el espacio, pero algo tengo que decir para completar esta breve semblanza de mi simpático y erudito onubense y amigo. La Cocina de Huelva, un libraco que hizo junto a otra gran erudita, Remedios Rey de las Peñas. Huelva en su salsa, Veintitantos onubenses inexistentes, Casquerías, Santos, asesino en serie y muchos más que no nombro para no cansar al lector, porque aún me queda contar que durante muchos años perteneció al comité organizador del Festival de Cine Iberoamericano, cuando el certamen era prestigioso. Es decir, que ha hecho de todo y todavía le queda mucho por hacer, porque aún es joven. Ánimo Bernardo, sigue así.
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