Andalucía, tierra de monzones
Dicen que todo ocurrió hace cien años. Fue algo inesperado porque, aunque aquella era una sociedad hiperinformada, no atendía a la información. Había demasiado ruido. Fue en los inicios de la Inteligencia Artificial, cuando todo era confusión. Sucedió en la década de los veinte, años fatales que contrastaron con los llamados felices del siglo anterior. Todo había comenzado con una sucesión de catástrofes: pandemias, desastres naturales, accidentes terroríficos, guerras en nuevas versiones, ascenso de ideologías extremas, deterioro de las instituciones democráticas y de las libertades. Un tiempo terrible.
Nueva Atlántida surgió a comienzos de 2026. Dicen las crónicas que ese territorio sumergido perteneció a la antigua Andalucía. Los yacimientos submarinos desvelan algunos datos geográficos sobre aquel lugar que había acogido desde hacía milenios a civilizaciones felices: Tartessos, fenicios, turdetanos, romanos, visigodos, andalusíes, cristianos… Fue allí donde creció una cultura afortunada que desapareció bajo las aguas.
En aquel fatídico 2026 la antigua Andalucía había comenzado con mal pie. Después de un trágico desastre ferroviario había quedado en un suspenso, casi incomunicada por tren. Apenas un par de semanas después sucedió el gran temporal que se extendió durante varios días. Algunos manuscritos recuerdan que hubo extraños presagios, pero hoy se interpretan esos datos como simples supersticiones o acaso licencias poéticas que aún sucedían en aquellos años oscuros e inciertos.
Fue entonces cuando un lugar que se había caracterizado por temporadas de sequía y altísimas temperaturas sucumbió bajo un océano caído del cielo. Lo llamaron el tiempo de los monzones. Aquel fenómeno de vientos tropicales cargados de lluvias no era natural en un lugar que, de pronto, parecía haber mutado su orientación geográfica en el planeta. Del suelo surgían fuentes y los campos quedaron anegados. Ya nunca se supo lo que quedó bajo las aguas. Todo fue mar. Y el mar recordó de pronto el nombre de todos sus ahogados, como según las crónicas dicen que escribió mucho años antes uno de los poetas que alguna vez habitó en aquella antigua Andalucía. Uno de esos extraños presagios escritos…
Era como si el reloj de la historia se hubiera vuelto del revés. Miles de años antes se había producido una inundación marina y luego surgieron unas marismas y más tarde se creó el lago Ligustino que poco a poco se había ido retirando. Durante algunos siglos aquella civilización fue feliz. Pero en ese 2026, y en sólo unos días, sucedieron eras geológicas. Se rebelaron ríos salvajes y el mar volvió a cubrir aquella antigua Andalucía.
Estuvo a punto de ocurrir algo parecido a lo que había fabulado otro escritor. Aquel trozo de tierra sumergido casi se desprende para adentrarse en el océano Atlántico como una balsa de piedra que probablemente se habría perdido en las profundidades. Saramago dicen que se llamaba aquel profeta metafórico. No sucedió, y aquel lugar simplemente se quedó allí, bajo el mar, esperando que lo redescubriéramos.
Por entonces habían empezado a suceder cosas aún más extrañas. De los árboles submarinos colgaban peces con sabor a naranjas. Ya no olía a azahares sino a algas. Los animales que sobrevivieron a las inundaciones criaron branquias y su carne sabía a roca. En las ciudades sumergidas no quedó rastro de campanarios y esbeltas veletas. Sólo la más famosa de ellas -que denominaban Giraldillo- apareció muchos años después en la antigua desembocadura de un río llamado Guadalquivir sobre el que parece que había girado el origen de todo.
Sin embargo, aún hoy, en esta Nueva Atlántida, los arqueólogos viven en una constante contradicción. De nada sirvieron las indagaciones en los cortijos submarinos y el rastro de los esqueletos de los animales. La población había desaparecido en una pleamar traicionera. Ni siquiera la Inteligencia Artificial fue capaz de reconstruir aquel mítico territorio llamado Andalucía. Sumergido para siempre bajo las aguas dulces de su leyenda.
También te puede interesar