Otra vez la equidistancia nacionalista

En los últimos días hemos asistido al intento de boicot por parte de grupos violentos de actos electorales convocados por PP, Cs y Vox en Cataluña y, sobre todo, el País Vasco. Por lo observado, una facción radical del movimiento abertzale ha decidido que estas tres formaciones -a las que acusa de "fascistas" y "españolistas"- no pueden desarrollar con normalidad su actividad política en el territorio vasco, empleando una violencia callejera que recuerda a los peores tiempos de la kale borroka. De hecho, no es una casualidad que dichos camorristas callejeros sean los herederos directos de la izquierda independentista vasca, la que hasta hace sólo unos años apoyaba sin ningún tipo de recato a la organización terrorista ETA, la misma que dejó en España el triste saldo de más de 800 muertos y un reguero de heridos y destrucción. Derrotados por las fuerzas policiales y por una sociedad que perdió el miedo tras años de silencio, estos patriotas vascos quieren imponer de nuevo, aprovechando el ambiente de crispación política que se registra en todo el país, su ley del amedrentamiento a aquellas personas y partidos que no comparten sus ideas. Los acontecimientos de los últimos días son sumamente preocupantes, pues desvelan hasta qué punto hay colectivos en el País Vasco que quieren seguir con la política de extorsión y chantaje amparándose en una supuesta defensa de los derechos territoriales y sociales. Es por esto que los partidos democráticos vascos, independientemente de lo mucho que puedan disentir de las propuestas de los partidos agredidos, deberían mostrar un mayor rechazo a estas agresiones del que han exhibido hasta ahora. En especial, el siempre sinuoso PNV, que vuelve a actuar con su habitual equidistancia, con la que pretende equiparar a los que ejercen la violencia con los que la sufren.

Especialmente llamativo ha resultado el caso de candidato del PNV al Congreso de los Diputados Aitor Esteban, quien tras las agresiones sufridas por Vox y Cs, en vez de condenarlas tajantemente, declaró que la intención de ambos partidos era "buscar la foto". Una vez más, queda patente que el nacionalismo moderado está dispuesto a dar cobertura al radical siempre que sea necesario. Los partidos constitucionalistas deberían tomar nota de una vez por todas. En el País Vasco siempre son los mismos los verdugos y las víctimas.

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