Sin acuerdo para los menores inmigrantes

La primera reunión en casi tres años del Gobierno con las comunidades autónomas para analizar el problema de la inmigración en España se saldó sin acuerdos claros. Sin más fondos, con la vaga promesa de fomentar la coordinación y, sobre todo, sin una puesta en común sobre el deseable reparto de los menores extranjeros no acompañados, la principal demanda de la delegación andaluza. Algunas autonomías rechazan un sistema de cupos para este tipo de acogidas. Se amparan en que los registros del Ministerio del Interior no cuadran con los que disponen las comunidades y que existe un grado de movilidad interterritorial que provoca, en algunos casos, que la presencia de un migrante se contabilice a la vez en dos o más autonomías. La solución por la que se ha optado es aplazar a septiembre la discusión para cotejar mejor los datos.

Aunque el Gobierno ha pedido prudencia para valorar la disponibilidad de las autonomías para aceptar un sistema de cuotas, es una mala noticia la que por omisión se ha transmitido al término de esta Conferencia Sectorial de Migraciones. Las reticencias de partida ya demuestran que existe un grado de insolidaridad ante los problemas que han de afrontar determinadas regiones por el simple hecho de encontrarse en las rutas del Mediterráneo que utilizan las pateras.

Con los números oficiales del año pasado, Andalucía acogió al 34,4% de todos los menores inmigrantes sin familia que alcanzaron la costa, un 59% más que en 2016. Y las estadísticas se quedan antiguas y el porcentaje respecto al año anterior aumentó más de un 59%. Pero estas cifras ya se han quedado cortas. En lo que va de 2018 las administraciones se han visto obligadas a tutelar a más de 8.000 menores, frente a los 6.400 de 2017. Y únicamente Cataluña y el País Vasco asumieron un cupo superior al 10%, mientras que en una decena de autonomías el porcentaje fue casi testimonial. Indicios de un comportamiento interno similar al que se aprecia en el seno de la propia Unión Europea. La inmigración no puede sustanciarse en un dilema geográfico. Si estás cerca del área de conflicto te corresponde responder de sus consecuencias. Más en un asunto tan delicado como el de estos menores solos, a los que además de acoger y formar es imperioso encontrarles también una salida laboral que ayude a completar su correcta integración cuando alcancen la mayoría de edad. La única fórmula para evitar en el futuro otros comportamientos más preocupantes. Y ese empeño no puede ser sólo responsabilidad de una autonomía.

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