Unidad frente al chantaje nacionalista

Las amenazas vertidas por el presidente de la Generalitat, Quim Torra, al Gobierno de Pedro Sánchez de retirarle el apoyo de los independentistas si no se convoca en un mes un referéndum de autodeterminación en Cataluña suponen, además de un auténtico dislate, un desafío que no se debe admitir por parte del conjunto de los partidos políticos españoles. Cierto es que Torra, que aprovechó la tribuna de un devaluado Parlament para lanzar su advertencia, no tiene ningún control sobre los parlamentarios soberanistas de Madrid y que sus palabras pueden considerarse como un auténtico brindis al sol. Tanto ERC como PDeCAT se apresuraron ayer a desvincularse del ultimátum de un Torra cada día más extraviado y extravagante. Pero sólo el hecho de que un presidente de una autonomía se permita amenazar al Gobierno de todos los españoles merece una respuesta general y unitaria. En estos momentos es cuando los partidos deben demostrar que tienen una visión de Estado que va más allá de sus legítimos intereses partidarios.

A Sánchez se le puede reprochar que está recogiendo una cosecha más que previsible. Como advertimos desde estas páginas cuando ganó la moción de censura al presidente Rajoy gracias a un variopinto conglomerado de partidos, el nacionalismo catalán tarde o temprano le iba a pedir ganancias por sus apoyos. Pero en política hay que saber gestionar cada tiempo y el presente poco tiene ya que ver con aquellos primeros días de junio. Al igual que en su día pedimos al PSOE que apoyase a Rajoy en su pulso con el nacionalismo, ahora es igualmente exigible a PP y Ciudadanos que negocien los Presupuestos Generales del Estado (PGE) para que el Ejecutivo pueda sacudirse con facilidad la amenaza del independentismo catalán. Nadie está pidiendo a la oposición constitucionalista que le dé un cheque en blanco a Sánchez, pero seguro que hay muchos puntos en los que son posibles los acuerdos. Sólo hace falta la abstención de PP y Cs para que el PSOE pueda sacar adelante los PGE, una actitud que sería fácilmente justificable ante un electorado, el del centroderecha español, muy concienciado en la lucha contra los objetivos del independentismo.

Pablo Casado y Albert Rivera tienen la oportunidad de lanzar un mensaje a Europa de que la sociedad española no está dispuesta a que un Gobierno caiga por la presión nacionalista. Ese error ya lo cometió Sánchez al buscar sus apoyos en la moción de censura. No se debería repetir.

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