El Sahara sigue siendo un problema

La reciente sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea validando el nuevo acuerdo pesquero entre la UE y el Reino de Marruecos, pero excluyendo del mismo a las aguas colindantes al Sahara Occidental, es un relativo y triste alivio para el sufrido sector pesquero español y andaluz. Al fin y al cabo, según los cálculos más fiables, el 90% de las capturas de la flota europea (compuesta en su gran mayoría por barcos de nuestro país) se hacen precisamente en la zona de nuestra antigua colonia, por lo que no son pocas las voces que advierten que si no se puede seguir faenando en estas aguas, el nuevo acuerdo, que entrará en vigor el próximo mes de julio, carecerá de relevancia económica. Eso sí, la sentencia del TJUE evita un conflicto diplomático entre la UE y Marruecos en unos momentos muy complicados para las dos partes.

La UE y sus instituciones no pueden reconocer como marroquí el territorio del Sahara Occidental ni sus aguas colindantes por el sencillo motivo de que para la Organización de Naciones Unidas no lo son. De actuar de forma distinta, la UE conculcaría el derecho a la autodeterminación reconocido por la propia ONU a nuestra antigua colonia. Esto nos recuerda que el viejo y enquistado problema del Sahara, lejos de ser una anécdota exótica, es un obstáculo claro para las actuales relaciones diplomáticas y económicas entre la UE (y especialmente España) y el reino alauí.

España descolonizó el Sahara rápido y mal en una coyuntura nacional e internacional sumamente complicada (agonía de Franco, hostigamiento terrorista del Polisario, riesgo de una guerra con Marruecos, presiones de EEUU…) y el resultado de aquellas urgencias son estos problemas de ahora. Por ello, aunque los principales agentes son el Reino de Marruecos y el Frente Polisario, España y la UE deben jugar un papel importante en la solución de un problema que parece no tener fin. En primer lugar, unos y otros deben llegar al convencimiento de que tienen que ceder en sus exigencias y de que el futuro del Sahara no pasará, probablemente, ni por ser una república independiente ni por ser un territorio convencional marroquí. Antes que nada es necesario que se realice de una vez por todas el referéndum de autodeterminación y que éste incluya la futura fórmula de integración del Sahara en Marruecos y del estatus de los saharauis. Por eso, es importante que el Reino de Marruecos siga avanzando en las tímidas reformas democráticas y modernizadoras para, entre otras cosas, hacerse más atractivo para los habitantes del antiguo territorio de la Saguia el Hamra y Río de Oro. También que éstos lleguen al convencimiento de lo inviable de una república independiente en esta parte del mundo. En cualquier caso, el respeto a las instituciones y cultura de los saharauis debe ser absoluto.

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