Primeros problemas para Sánchez

No han pasado ni unas horas desde que el nuevo presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, prometiese su cargo ante el Rey y ya se están empezando a visualizar algunos de los problemas con los que tendrá que lidiar un Ejecutivo cuyos apoyos parlamentarios son débiles y poco de fiar. Por lo pronto, una de las primeras decisiones que ha tomado el recién formado Gobierno autonómico de Cataluña ha sido colgar una pancarta en el balcón del Palacio de la Generalitat en la que pide libertad para los "presos políticos y exiliados", en catalán e inglés, e ilustrada con un lazo amarillo. Evidentemente es sólo un gesto, pero deja ya muy claro que el entendimiento de Sánchez con los independentistas que gobiernan en Barcelona no va a ser un camino de rosas, por lo menos mientras sean Carles Puigdemont y Quim Torra los que manejen las instituciones catalanas, como parece que va a ocurrir en los próximos tiempos. Una cosa son las buenas intenciones y los discursos en el Congreso de los Diputados, sobre todo cuando se quiere echar a un adversario común, y otra muy diferente es llegar a acuerdos razonables y asumibles con los que no tienen otro objetivo que destruir el Estado, finiquitar la unidad de España y eliminar la soberanía nacional. Los próximos meses asistiremos, probablemente, a una nueva ofensiva del soberanismo catalán, envalentonado al ver desalojado del Gobierno a uno de sus principales enemigos políticos, Mariano Rajoy, así como esperanzado por las oportunidades que le brinda un Ejecutivo de una extrema fragilidad, cuyos apoyos son casi todos unánimes, al menos, en la consideración plurinacional de España.

Por otra parte, el PP, francamente dolido con lo ocurrido, ya ha empezado a plantearse la posibilidad de enmendar los Presupuestos Generales del Estado, los mismos que los populares confeccionaron y que Pedro Sánchez prometió mantener para conseguir el apoyo del PNV a su moción de censura. La idea es aprovechar el debate sobre los mismos en el Senado, donde el PP tiene la mayoría absoluta, para repartir por toda España los 500 millones en inversiones que iban destinados en exclusiva al País Vasco. De esta manera, el PP conseguiría, sin acabar con sus propios presupuestos, demostrar que todavía tiene poder e influencia, además de castigar a un PNV que lo traicionó en el último minuto.

Son sólo dos botones de muestra de lo difícil que lo va a tener un Gobierno con unos apoyos parlamentarios excesivamente débiles. Es evidente que, por el bien del país, Sánchez debe salir cuanto antes de esta situación, algo que, como ya hemos apuntado, pasa por la convocatoria de elecciones cuando la situación lo permita.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios